La memoria de los detalles

Los detalles del mundo se nos escapan no solo porque son detalles sino porque cualquier intento de asimilarlos resulta en desmedro de nuestra capacidad de retención de detalles, que debemos reservar para aquello detalles que puntual y practicamente importen pues de otro modo nuestra mente se transformaría en la horrible y marginal trastienda de un cambalache. A nadie le interesa recordar, dicho en general y considerando excepciones siempre posibles, el grado de superposición del puntero del mouse con el pezón de una mujer fotografiada en el acto de subirse a una silla de tres patas con toda su desnudez contorsionada, o el respingo que da un caballo cuando el sujeto maloliente que lo usa de animal de tiro le lanza un rebencazo en el lomo, o el ruido soez de una cucaracha que se metio en el azucarero y cuya actividad alimenticia resulta notoria a pesar de la distancia, y un etcétera infinito.

Y a nadie le interesa saber porque doy estos ejemplos y no otros, a menos que sus ambiciones psicoanaliticas me alcancen y me invadan a pesar de mi negativa a ser psicoanalizado. Ni deberia interesar mi negativa a ser psicoanalizado, que podria ser psicoanalizada.

 -No estoy loco, doctor.

 -Esa afirmación suya, mi amigo, es un claro síntoma de que esta loco.

 Detalles, detalles, detalles. La demencia es probablemente, en mucho de los casos, la caída de la mente en la obsesión de los detalles o en el detalle que obsede. El detalle impide a la mente fluir y es por eso que cuando alguien nos invita al detalle nos dice:

-Fíjate.

 La fijación y todas las fijaciones son el triunfo del detalle sobre el curso general de nuestras vidas. Incluso el detalle de nuestras vidas sobre el curso general de la vida contiene la posibilidad de esa fijación tan humana que es el deseo de vivir sin fin, el temor a ser arrancado de raíz del mundo por la propia vida que nos ha engendrado. Una mente cercana a la ancianidad o ya anciana deberia aprender rápidamente a desterrar todos los detalles porque al escasear el flujo de la sangre y del pensamiento, se estancan en los recovecos todos los rastros e indicios de lo vivido. Y eso es lo que efectivamente ocurre…el olvido.

El olvido es un mal deseable. Olvidar no lo universal, no lo que nos mueve y se mueve a través nuestro, sino toda esa costra de detalles inservibles que no nos dejan morir. El olvido es un agua refrescante y hasta, si se me permite, purificadora, para la mente atosigada por el detallismo de los dias, los años, las décadas. Sobre todo es útil el olvido cuando él nos alivia de la detallada imagen de un tormento que no quisiéramos vivir nunca más.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Enrique Francklin Echegoyen
    Nov 17, 2010 @ 00:48:30

    Sin duda que si fuera posible seleccionar lo que deberíamos olvidar sería beneficioso para el funcionamiento psìquico. Pero eso no es funcional o por lo menos aún no se ha descubierto. Además este tema que planteas escritor, navegar por los conceptos de memoria es muy difìcil de explicar, es casi imposible ensayar una definición sin incursionar y explorar el tema más o menos detalladamente . Y también poder definir de última que es un “detalle”,ya que la memoria es una funciòn integrada que depende cognitivamente de la concentración, percepciòn, inteligencia, lenguaje…y otros “detalles”.
    El olvido puede ser un agua refrescante, por momentos, pero seguramente retornarà el recuerdo y se cobrará la cuenta de la factura impaga del olvido.

    No siempre un Psicoanálisis resuelve los problemas.

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    • fernando-g
      Nov 17, 2010 @ 01:56:13

      El objetivo al filosofar, Enrique, no es incursionar allí donde un experto puede hacerlo mucho mejor sino tal vez sugerir lineas de investigacion. Pienso que cuando el filósofo intenta ir más allá de su veta especulativa termina dándose de bruces contra la realidad de que los especialistas en sus respectivos campos tienen mucho más que enseñarle de lo que pudiera aprender cualquiera de ellos del filósofo.

      El olvido momentáneo no es precisamente olvido…no puede decirse que se ha perdido la memoria momentáneamente a menos que estiremos tanto el concepto de memoria como el de olvido fuera de sus cauces…pero es lo que suele suceder con las palabras que usamos. Hay pues, si queremos expresarnos mejor, un falso olvido o pseudo-olvido…y un olvido que, ese si, es la perdida irreversible de la memoria, la disolución del recuerdo.

      Un abrazo, F

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  2. Enrique Francklin Echegoyen
    Nov 18, 2010 @ 00:57:59

    Yo creo Fernando que el filósofo al abrir caminos de investigación, más allá de darse de bruces con la realidad, quizás ve donde el especialista no puede ver, además tiene la libertad para aproximarse y estar atento a escuchar todas los voces, todas las perspectivas, todas las visiones, aunque nunca logre tener una visión totalizante y siempre se pueda conformar con lo parcial y fragmentario. Como aquel concepto de Spinoza, que desde el entendimiento y el conocimiento conquistar lo que llamó “ideas verdaderas”.

    El especialista está limitado, cercado por la teoría o teorías, y en un campo definido por coordenadas cientìficas y paradigmas, creo Fernando que para mi técnicos, especialistas sólo pueden “jugar” en su campo y con reglas que encadenan, quizás no puedan ver el bosque, y eso los limita.

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