Tres fragmentos lógicos

Exquisitos fragmentos extraídos de un manual de Lógica cuyo autor principal es el filósofo argentino Francisco Romero:

“El hombre no es psíquicamente una máquina lógica; no lo es, de dos modos: primero, porque el pensar es en él una actividad particular al lado de las emocionales, volitivas y representativas, con las cuales de hecho se entrelaza; segundo, porque el pensar no obedece por sí a legalidad lógica, aunque sea capaz de abrirse a lo lógico”

Comentario: El hecho de que seamos seres pensantes, reflexivos, no debe permitirnos olvidar que esa reflexividad se encuentra sumergida y subsiste de manera intermitente en medio de toda la actividad irreflexiva de nuestra conciencia, de nuestra vitalidad. El pensamiento es un emergente de la conciencia individual que hace del individuo un ser intermitentemente reflexivo, aun cuando esta reflexividad sea nuestra característica más trascendente, la que más nos abre a la trascendencia e incluso, la que nos abre a la trascendencia de un modo consciente. Tanto como nuestra existencia pensante es un emergente de miles de millones de años de evolución irreflexiva, nuestra reflexión es un emergente de esa irreflexividad que nos constituye y seguirá constituyendo en tanto que somos ese charco que ha dejado la ola vital en la orilla de la existencia como su rastro más elevado. Pensamos, sí, pero nuestro pensamiento no es claridad pura ni tersa idoneidad del intelecto, sino que es un navegar de conceptos a través de una marejada pululada de algas emocionales, sensoriales, de dolor, de placer, de hambre, de sueño. Y no es que podamos navegar, pensar, sin ese ambiente de líquido metabolismo en que navegamos, porque eso no sería navegar, ni pensar. Por supuesto que no nos podemos ahogar por desidia en aquella irreflexividad creyendo que todo lo que reflexionamos se encuentra inevitablemente condenado a permanecer con la cabeza debajo del agua, contra los riñones y el hígado. Allá afuera hay una atmósfera sutil, una permanencia de estrellas y lo que parece ser el destino de nuestras reflexiones, es decir,…la realidad…,afuera y también aquí, porque aquello que inteligimos lo inteligimos también con alguna cristalinidad racional y esto es justamente la lógica…el ver con la automirada reflexiva lo más claramente posible. Apuntando con esta automirada hacia lo real de inmediato esbozamos y empezamos a encontrar la forma lógica, los principios lógicos, el orden…y este camino de lúcidos paralelismos, cubierto de balizas simbólicas, cálculos y atrevidos asomos fuera del agua aunque todavía con la cabeza empapada de irreflexividades, este camino heurístico, es el que nos otorga la respiración técnica, la respiración lingüística, la curva ascendente aunque sinuosa de nuestros progresos hacia la luz que atisbamos y que a veces llamamos verdad.

Cito: “El pensar según la lógica no es una espontaneidad, sino una disciplina, el reconocimiento y la obediencia respecto de un orden que trasciende el pensar mismo.”

Comentario: Razonar, es decir, pensar lógicamente, contiene la espontaneidad del pensamiento, pero no sin riendas, no como simple pensamiento que se dirige a sus objetos de manera fluida y desordenada, imaginativa, fantasiosa. Al razonar aquella espontaneidad del pensamiento se transforma en una fuerza formalizadora, ordenadora, una búsqueda organizada del orden. Las emociones deben ser encausadas hacia alguna clase de apaciguamiento, el estómago debe estar satisfecho, los párpados deben relampaguear y no gravitar pesados, ninguna picazón ni dolor fuerte de muelas debe obstaculizar el curso firme de los razonamientos. Razonar es pues, no solo encontrar los límites para poder medir, pesar, calcular, establecer, afirmar, comparar, sino establecerlos en uno mismo para que en medio de las turbulencias metabólicas exista un lugar mental tranquilo, reposado…el lugar de la meditación. Razonar implica disciplina mental y también, complementariamente, amor a esa disciplina, entendiendo que la autoridad que así nos rige es nuestra propia autoridad mental. ¿Cómo es que llegamos a comprender la importancia de esta disciplina, la disciplina lógica de la mente? Es que la realidad manifiesta forma, sea como sea, manifiesta orden, de una manera tan evidente que podemos decir que un primer axioma de cualquier ontología debería ser: HAY ORDEN. Claro que este orden no es absoluto ni directamente comprensible, sino confuso y siempre parcialmente oculto, mistérico. Si hemos de decir algo así como Dios…digamos misterio.

Cito: “También hay tensión, desajuste y esfuerzo entre cualquier clase de actividad psíquica y su expresión lingüística, aunque el acontecer psíquico fluya libremente, como una emoción a que buenamente nos abandonamos, o el pensar arbitrario y vago del ensueño o la divagación. De un lado está la realidad anímica funcionando (yo diría actuando) según sus peculiares direcciones y tendencias, en la inflexión personalísima que asume cada unidad humana; del otro, el lenguaje, depósito de siglos, creación de generaciones y multitudes, con sus palabras acuñadas de antemano y sus giros relativamente fijos, cauce que si ayuda a precisar y a tornar consistente la materia que en él derramamos es porque en parte le imprime su contorno y secretamente le infunde sentidos, intenciones.”

Comentario: Aquí se ha lanzado la para mi grata hipótesis de que el pensamiento no debe ser confundido con su expresión lingüística (su enunciación, si se quiere). En el acto lingüístico confluye el alma individual en su despliegue reflexivo con el alma de la comunidad en su despliegue interactivo-intersubjetivo. Podemos decir que confluyen porque el lenguaje sin la fuerza viva de los pensamientos que a través de él se plasman solo puede llegar a ser el cadáver del lenguaje, la cáscara muerta de uno signos que ya nada significan al no existir los intelectos para los cuales tienen significados, es decir, complejizan y aferran experiencias significándolos. Esa cofradía entre lenguaje y pensamiento exige al pensamiento la reelaboración metafórica continua del lenguaje que constituye su proceso de desenvolvimiento histórico, su metabolismo sígnico, su desplazamiento hacia nuevos horizontes de comprensión cuando de conocer se trata y en toda esa actividad importa el esfuerzo, la disciplina, pero también la espontaneidad que los atraviesa a ambos creativamente y late desde la oscuridad intracelular. Cada nuevo individuo entra en el circuito de lo pensado comunitariamente como una oportunidad más de repensarlo y proyectarlo y de no caer en el anquilosamiento meramente retentivo y conservador.

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