La silla delante de mí

1)No nos ocupamos nunca meramente de la realidad extramental sino de la realidad y esto incluso porque al decir extra estamos poniendo en relación lo mental con aquello que atinamos a considerar extraído o extraíble en relación a lo mental. La dificultad en el conocimiento de lo extramental consiste pues en este carácter de realidad que supone una extracción y no simplemente una retracción sobre la propia realidad mental. Sin embargo tampoco la realidad mental es de una evidencia ajena a lo extramental pues lo mental supone, según nuestra capacidad para negar y negarnos, lo no mental, lo extramental. De modo que para fundar nuestro conocimiento de lo extramental debemos incluir lo mental y para fundar nuestro conocimiento de lo mental no debemos excluir lo extramental. E incluso el método apropiado debe hacer acopio de este doble juego, como bien lo indica la mentalidad científica al suponer que la mera teoría introspectiva no se vale por si misma ni la mera observación experimental sin presupuestos teóricos. Esto mismo es lo que le decía hace ya un tiempo Einstein a Heisenberg. Y si nuestro conocimiento de lo extramental no es infalible, por la correlación de lo extramental con lo mental no podemos afirmar tampoco que el conocimiento de lo mental es infalible. El unico infalible será por siempre el Papa. Pero no nos equivoquemos renegando por esto del conocimiento pues el conocimiento es precisamente este estar a medio camino de la realidad y desde la realidad y no el estar en ella de un modo absoluto como si no solo fuéramos reales sino la realidad misma poniéndose a si misma sin movimiento ni esfuerzo. Y puesto que nuestro conocimiento del mundo es pensante, teórico, conceptual, de un modo primario aunque no exclusivo (hay que evitar los exclusivismos, o como decía Vaz Ferreira, la falsa oposición)…puesto que somos seres conceptuales, digo, vano es decir que los conceptos nos contaminan, como si estuviéramos alimentándonos con nuestros desechos (perdón por la metáfora pero viene al caso). Ademas, esta vanidad es tambien vanidad espiritual y no solo vacuidad de la pretensión, pues el descontaminarnos, quizás apelando a alguna vaciedad conceptual intuitiva y mística para alcanzar alguna clase de pureza es un imposible y como tal imposible algo parecido a tratar de rascarse los huesos sin arrancarse la carne y todavía creyendo que la carne es un obstáculo que nos impide la visión y manipulación de nuestros huesos.

2) El que la realidad funcione o no ya es un intento de interpretación de la realidad. Pero esto no quiere significar que debemos dejar de utilizar este concepto, el concepto de función, para entender la realidad, sino simplemente recordar que desde el comienzo hemos avanzado metafóricamente, tambien al decir “realidad” y que esto, sin embargo, no obsta a la legitimidad del avanzar. Lo que podemos discutir de las categorías, conceptos siempre de pretensión universal, no es su subjetividad, lo cual es innegable, sino su grado de objetividad, esto es de aplicabilidad y adecuación a lo que en ellas pretendemos aprehender como lo real, o bien, su grado de verdad. Decir que son falsas a rajatabla o verdaderas a rajatabla es ir de la sistematicidad abierta al sistema y por lo tanto, como decía Vaz Ferreira, ser esclavo mental a voluntad. No necesitamos suelo sólido sino que seguimos creyendo que lo necesitamos porque venimos de una larga tradición de raigambre religiosa en la que los suelos sólidos eran imprescindibles, moralmente imprescindibles y la no posesión de solidez, sustancialidad, fundamento hacía del filósofo un paria de la filosofía, como a tantos escépticos que se negaron una y otra vez a buscar unos fundamentos. La búsqueda del conocimiento no es la búsqueda de los fundamentos del conocimiento y si alguna fe le debemos a nuestra actividad cognoscente ella solo necesita de una simple premisa: SOMOS REALES.

3)Fijémonos bien en esto: No solo damos cuenta de ser filtros que filtran su propio conocimiento cuando suponemos que la conceptualización se encuentra inserta en lo que conceptualizamos sino que damos cuenta también de ello al considerar que la estructura irreflexiva de nuestras percepciones tambien esta inserta en lo que percibimos. Y al dar cuenta de lo uno y de lo otro no tiene ningún sentido proponerse luego un conocimiento donde el filtro se ausente y se logre una transparencia absoluta, pues esto es una pretensión de imposible pureza descarnada y un intento de definir el conocimiento precisamente como lo que no es, porque todo objeto de conocimiento presupone un sujeto cognoscente. De modo que los empiristas a rajatabla no solo deberían retirar los conceptos, sino que deberían retirar los ojos, los oídos, todos sus órganos , su cuerpo, y deberían retirarse ellos mismos para tener lo que quieren. Claro que al obtener lo que quieren no estaran allí para disfrutarlo ni será algo obtenido, ni será lo que quieren.

4) La silla delante de mí , en tanto silla, no solo implica el ser vista sino todo un complejo de experiencias que constituyen una unidad conceptual, un potencial mnémico y su ejercicio pensante en cada nueva experiencia a la que es aplicable, de modo que el simplemente verla puede desmentirse con cualquier otra experiencia ajena a la experiencia acumulada y complejizada mnemónicamente en el concepto de “silla delante de mí”

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