El compás de la eternidad

Este es un comentario a “Psicología: Esencia y Realidad del alma” de Maximilian Beck…

Dice Beck:

“Si posee algún sentido el pensar la esencia “mundo”, es decir la forma unitario-suprema de todos los contenidos particulares de mundo, aquella que no es la suma de las cosas particulares del mundo, sino que es tan distinta de ellas como lo es la esencia del triángulo de los tres ángulos y lados que lo constituyen-si posee sentido, decimos, pensar esta esencia elemental “mundo” como ser viviente (siendo tambien el espacio y el tiempo solo momentos particulares de él, al lado y junto a los demás), solo en este caso tendrá, incluso, gran sentido postular un “anillo del eterno retorno”

Comentario:

Aquí el concepto de forma se aproxima al de estructura o es equivalente a él pues de una estructura estamos de acuerdo en decir que se caracteriza por su unidad, unidad estructural que consiste en la codeterminación continua de todos sus acontecimientos, codeterminación que hace de la estructura un acontecimiento individual, un individuo. Si pensamos la forma dispersa, disgregada, nos alejamos del concepto de estructura, pero aquí se habla de forma unitaria, de forma individual, de individuo, de estructura. De modo que el universo, la totalidad de lo existente, es pensada como estructura de todas las estructuras, como estructura suprema, o dicho con menos ampulosidad, como estructura respecto de la cual toda estructura se encuentra comprendida, contenida en ella…como particularidad. El universo puede considerarse pues un individuo y con esto queda postulada su continuidad procesual eterna, su organicidad completa. Esta es la hipótesis mas simple posible y nada en nuestra experiencia indica que se trata de una hipótesis errónea. El universo individual y orgánico…un gran animal cósmico. Pero la individualidad del universo, puesta como orgánica, es tambien su multiplicidad infinita, a menos que consideremos su simplicidad como una simplicidad dada como una pura identidad indiferenciada, como mera totalidad, y ello significa no considerarlo ya como estructura sino solo como átomo parmenídeo respecto del cual toda diferenciación, toda contingencia no seria constitutiva sino solo ilusoria o accidental…tal es la tesis en la que insistia Bruno para distinguir a Dios de su manifestación cósmica. Pero tan pronto consideramos al universo como una totalidad orgánica afirmamos con ello que su totalidad no es independiente de las particularidades infinitas en que se diferencia, sino que es una totalidad constituida por ellas y a las cuales constituye…no es una totalidad presente a sus partes sino presente en sus partes, a traves de sus partes, que la presentifican, que la median…y a su vez no es una multiplicidad presente a si como tal multiplicidad sino solo mediante la totalidad que la posibilita. El universo es una totalidad potencial de presencias infinitas y la presencia múltiple de esa potencia total, total no en el sentido de todopoderosa pues no lo es si ha de ser continuamente mediada por las finitudes que la diferencian. Aquí surge la experiencia del vacío como experiencia de esa totalidad…una totalidad que es solo continua como continua diferenciación y presentificacion de su vaciedad posibílistica, de su poder ser indeterminado, y en ese vacío que se da a la multiplicidad de los acontecimientos se experimenta a su vez no la presencia de lo múltiple a lo múltiple sino su mediación ausente siempre. La totalidad es una totalidad ausente y no presente…lo presente es la infinitud presencial de lo múltiple, que se presenta ante la ausencia y desde la ausencia. El triángulo no esta presente en sus ángulos y lados sino que es la ausencia que aquellos lados y ángulos presentifican de manera múltiple, el triángulo es la totalidad ausente de sus partes, no esta en ninguna parte, en ningún ángulo, en ningún lado. El triángulo implica un devenir de un lado a otro y de un ángulo a otro, una mediación por medio de sus ausencias de las presencias múltiples de sus lados y ángulos. Ello a menos que escalemos hacia una totalidad donde el triángulo se reduce a parte, a particularidad…pero esto no es posible suponerlo con respecto a la suprema totalidad del universo.

Con respecto al concepto de esencia, al que recurre Beck, el es innecesario si entendemos que la totalidad no se sostiene a si misma y a sus particularidades sino que es sostenida por sus particularidades y su cualidad de potencial con respecto a las presentificaciones que la confirman no es tal sino justamente por estas presentificaciones que continuamente la reactualizan como tal potencial. De modo que no hay esencia, no hay orden figurativo sino solo la continuidad de las configuraciones que constituyen y son constituidas en la estructura. Tal vez hemos entendido a Beck, tal vez lo hemos comentado de manera productiva, pero…¿Por qué esto supone el eterno retorno de la “vida”, de la organicidad universal? “…no es absurdo,o sea, lógicamente contradictorio en si, aunque si atrevido, decir lo siguiente:

“Constituyendo la esencia de cada individualidad el ser universalmente relacionado y distinguido de una manera en absoluto inequívoca, respecto al mundo ¿Qué ocurriría si “este mismo mundo” con su espacio homogéneo y su tiempo único y homogéneo no fuera sino una de las infinitas repeticiones reales de la esencia “mundo”, en cuanto ser viviente?”

Comentario:

Vemos en este fragmento la necesidad de Beck de distinguir la esencia mundo del mundo tal como es dado…la totalidad del mundo como potencial de la totalidad del mundo como presentificación múltiple. Pero no hay tal totalidad presente, presente a si misma como múltiple, porque lo múltiple se ausenta en la totalidad que lo posibilita, cada presente individual es un presente íntimamente indeterminado y exteriormente incognoscible…esto es justamente lo que destaca confusamente Beck al señalar el carater inequívoco de la existencia individual, el carácter por lo tanto único e irrepetible de lo que se presenta en la eternidad desde el trasfondo vacío de lo posible y hacia la ausencia, hundiéndose en ese vacío. La dificultad de Beck consiste en la manera precaria en que sostiene la unicidad, simplemente sosteniéndola, postulándola, pero no llegando a comprender que si ella existe, existe como lo indeterminado que no puede ser retenido por lo dado, que no puede ser constituido sino que continuamente constituye. En realidad no es tanto el carácter inequívoco como el error de la mirada externa sobre la intimidad de lo individual, el error que puede captar lo concreto pero no el derrame infinito de las posibilidades que lo hacen y deshacen de manera continua. No hay tal espacio-temporalidad homogénea y es por ello que una ciclicidad del tiempo, una ciclicidad de la totalidad potencial, una ciclicidad, por lo tanto, del vacío y sus concreciones, no implica una ciclicidad homogénea de lo múltiple, de lo dado, de lo engendrado y atravesado por el devenir de ese totalidad. Digamos que la totalidad es cíclica pero solo cíclicamente fantasmática sin arrastrar en su ciclicidad la concretez que la presentifica al desplegarse. Esto no quiere decir que hemos recuperado aquí la idea de esencia de otra manera pues no hay retorno si no hay ciclos y no hay ciclos si no hay concreción, de modo que es la unicidad de cada presente, de cada individuo lo que hace posible el retorno. A ello es a lo que precisamente apunta Beck…

“¿Es pura casualidad el que Nietzsche conectara con la intuición ¡Siempre de nuevo! de la vida individual la idea del “anillo nupcial de los anillos, el anillo del retorno.”

Comentario:

La “vida” del universo solo puede salvarse en nuestra concepción de ella de la mecánica y muerta repetición si a la ciclicidad del retorno se le adhiere como a un cuerpo vivo la novedad, la irrepetibilidad de sus concreciones y por lo tanto la novedad de todo ente, de todo evento, de todo individuo, novedad en el todo y respecto al todo que emana de su infinita potencia, novedad que se hunde en ella para hacerla otra vez, y otra vez, y otra vez, no concreta en un esqueleto de determinaciones alguna vez fijas en una universalidad abstracta (en una esencia) sino puesta como margen hacia un plus, un plus de “vida”. Beck se acerca a la interdependencia entre la potencia del universo, su carácter de totalidad vacua y su concrescencia, su presentificación desbordante de novedad múltiple e infinitamente diferenciada…

“…¿tiene acaso sentido pensar la existencia objetiva del espacio vacío y el tiempo vacío sin un “mundo” coexistente? Quiero decir, ¿pensar un espacio y un tiempo que no pertenecieran a un determinado mundo que los llene? ¿Pensamos acaso el concepto “mundo” como lo real material que llena el espacio vacío y el tiempo vacío, haciendo abstracción del espacio y el tiempo? ¿No pensamos, más bien, el espacio vacío y el tiempo vacío como coordinados de modo esencial y determinado a las cosas reales del mundo que los llenan, por decirlo así, como el receptáculo necesario, como el medio necesario de éstas?”

No, no podemos pensar las presencias que se multiplican, que florecen, que efervecen en la eternidad de todos los ahoras, no podemos suponer la infinita riqueza y novedad continua del universo sino es emanando del vacío espacio temporal, o de la vaciedad misma que describimos en espacio o describimos en tiempo, pero que es una y la misma vaciedad bajo ambos aspectos, vaciedad de lo total que no se completa nunca en una presencia sino que se mantiene ausente en toda presencia como su indeterminación. Pero el vacío no es ámbito, no es ocasión fija para los acontecimientos sino que es la fuente de la que brotan los acontecimientos, la unidad ausente de lo que se presenta, la individualidad que es atravesada por y que atraviesa los aconteceres, que los pone en relación y que es puesta por esta relación en cuanto espacio, y que los desliga hacia su unicidad en cuanto tiempo, tiempo que es justamente como unicidad y novedad de los aconteceres, como devenir que los reunifica continuamente. Y el vacío tampoco es un ser dado sino justamente la ausencia en que se da toda concreción y por la cual es posible toda concreción…¿Cómo habría de acontecer la novedad sino estuviera ausente para ello? ¿Cómo habría de dejar paso lo dado a lo novedoso si no estuviera incompleto, si no estuviera rezagado respecto de la ausencia que nunca llena. Lo concreto no llena el vacío y es por esto que hablamos de vacío…¿cómo hablar de vacío si se diera una plena concreción de lo posible? La ausencia juega eternamente con la presencia a un juego de encuentros y desencuentros que nunca termina, que retorna por ello al encuentro y al desencuentro y hace y deshace en ello la eternidad.

Sigue Beck:

“Mas, no hay realidad sino en cuanto concreción, en cuanto compenetración recíproca de las esencias, en cuanto materialización. También espacio y tiempo poseen, por lo tanto, existencia real solo en cuanto “existen al mismo tiempo” con todas las demás determinaciones que experimentan la realización”

Comentario:

Aquí ha visto el filósofo la unidad dialéctica de lo concreto, de lo dado, y de lo no dado, del vacío, de lo posible. Asi como lo dado, lo concreto, en su multiplicidad de infinitas presencias solo se presenta mediado por la ausencia en que se diferencia, por la vaciedad de la que emana y en la que se vuelca, asi también este vaciedad solo lo es como posibilidad de concreción, como posibilidad de lo dado…no hay ausencia sino en cuanto presencia ausente, y no hay presencia sino como un ir al encuentro de lo ausente. Toda presencia presenta indeterminadas posibilidades de nuevos encuentros y no es meramente un resultado, toda posibilidad es la ausencia de un darse, de un presentarse.

Una bella intuición de Beck:

” Quien no se cierra al ritmo de todo ser y todo acontecer terrenales, quien es apto para percibir en los fenómenos astronómicos e históricos la “música del mundo”, una “música” que se edifica sobre “tiempos” cada vez más pequeños, temas y compases, hasta descender al detalle de lo cotidiano y de la calle, de la vida orgánica y de la ley física, llegando a las partículas en apariencia más casuales y perdidas, quien divisa el ritmo incluso en el destino de las culturas y de los hombres individuales, aquel para quien lo grandioso y liberador de tal imagen del mundo no supone nada contra su posibilidad y su verdad (pues no confunde la aridez utilitarista, estrechez y limitación con la razón), ese dirá que los puntos de arranque efectivos son más que suficientes para no tomar por una poesía subjetiva el balbuceo de Nietzsche sobre el anillo del retorno, sino por un conocimiento rico en presentimientos.”

Comentario:

Si, el concepto de ritmo, la categoria “ritmo” exige un amplio desarrollo y comprensión. A distintas escalas el universo es rítmico, desde el micro al macro ritmo, y esta ritmicidad es lo que parece sostener la permanencia en medio de la fugacidad, esta ritmicidad parece ser lo identitario a través de la marea de las infinitas diferenciaciones…ritmo es retorno, retorno aquí y allá y en todas partes pero sin volver atrás…ritmo viviente, es decir, ritmicidad y no ciclo que cierra un círculo sino que atravesada por otras ritmicidades desemboca un poco mas allá, espiralizada. Un subritmo en relacion a un ritmo genera una totalidad espiral y esto es pues, el universo, una espiral infinita, un retorno que nunca es, de escala en escala, un retorno a lo idéntico desde su infinita diferenciación…cada espontaneidad abre el círculo de lo idéntico y lo lanza a la espiralidad, cada intento de ir atrás es un ir más allá siempre. Otra vez equivale aquí a nuevamente. Al intuir esta integralidad entre lo micro real y lo macro real, integralidad por la cual la ciclicidad de lo mínimo vivifica la ciclicidad de lo máximo, también podemos intuir el ciclo eterno, el ciclo cósmico, y al final de cada contracción del vacio silencioso y disipado el vuelo del Ave Fénix. La critica necesaria al tiempo lineal y muerto del cristianismo la hace Beck, ahorrándome el esfuerzo:

“Qué Dios fuera aquel que, tras de toda la eternidad descendiera de repente una única vez para crear el mundo, y que prestara a ese instante de la existencia del universo en la infinitud de toda eternidad aquella significación que el pensamiento europeo le atribuye. Y ¡qué mundo contingente, risiblemente tonto sería este! Sólo un craso placer activista para el que el carpe diem es la confesión de fe puede ser sordo- partiendo de la perspectiva de rana que hincha el momento actual hasta absolutizarlo- para EL COMPÁS DE LA ETERNIDAD.”

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