El proceso asíntotico de la verdad

“Así, pues, el entendimiento finito no puede entender con exactitud la verdad de las cosas mediante la semejanza. La verdad no está sujeta a más o menos, consistiendo en algo indivisible, a lo que no puede medir con exactitud ninguna cosa que no sea ella misma lo verdadero; como tampoco el círculo, cuyo ser consiste en algo indivisible, puede medirle el no-círculo. Así, pues, el entendimiento, que no es la verdad, no comprende la verdad con exactitud, sin que tampoco pueda comprenderla, aunque se dirija hacia la verdad mediante un esfuerzo progresivo infinito; al igual que ocurre con el polígono con respecto al círculo, que sería tanto más similar al círculo cuanto que, siendo inscrito, tuviera un mayor número de ángulos, aunque, sin embargo, nunca sería igual, aun cuando los ángulos se multiplicaran hasta el infinito, a no ser que se resuelva en una identidad con el círculo. Es evidente, pues, que nosotros no sabemos acerca de lo verdadero, sino que lo que exactamente es en cuanto tal, es algo incomprensible y que se relaciona con la verdad como necesidad absoluta, y con nuestro entendimiento como posibilidad ”

Nicolas de Cusa

Si entendemos la verdad como un valor que atribuimos a nuestras afirmaciones y negaciones y no como una entidad o una cualidad de los entes…si no sustantivamos la verdad sino que la conservamos en su caracter de valoración, de cualificación de nuestros juicios…si consideramos la verdad como el grado en que nuestros discursos captan lo real, entonces, puesto que somos finitos y la realidad es infinita tal vez no en extensión pero si infinita en intensión, cualitativamente infinita, entonces la realidad solo nos es accesible de un modo finito y la verdad que alcanzamos es siempre una parcial y amplificable verdad. El conocimiento es finito pero la aventura del conocer es infinita.

La unica diferencia que puedo señalar con respecto a la manera en que Nicolas de Cusa entendía la verdad ya está planteada…él entendía la verdad como un máximo DADO, como una realidad, como un ente allí afuera, como la VERDAD. Digamos que él no solo afirmaba que la verdad es asintótica sino que la asíntota efectivamente se encuentra desplegada aun si el acercamiento no se ha producido. Pero la asíntota del conocer, el poder conocer, solo puede plantearse mediante lo conocido. El simil matemático se agota aquí y la verdad de la que habla Nicolás de Cusa muestra su vacuidad…si el camino estuviera planteado ya, caminar no seria avanzar sino solo cumplir con un destino y ¿que sentido tendria el valorar veritativamente?. Nosotros somos la realidad alcanzándose, y el sentido estriba en la autognosis mientras sucede.

Ajedrecística del conocimiento

Dirección e indirección constituyen una dualidad y no es conveniente frente a una dualidad conceptual mantener estáticos sus componentes sino poner en juego su dinámica.

Al decir que una acción es directa suponemos tal vez que es inmediata, sin mediación alguna entre el agente y el paciente de dicha acción y con ello también suponemos que es una acción unidireccional, sin reacción, pues si suponemos esta reacción y por lo tanto una interacción entonces la acción en su inmediatez no es otra cosa más que una mediación entre el agente que actúa y el paciente que reacciona y se encuentra ella misma mediada por esa otra acción que trastoca al paciente en agente y al agente en paciente. Y efectivamente toda acción implica una reacción y por lo tanto no es posible un agente puro frente a un puro paciente de tal modo que exista entre ellos y por ellos una acción simplemente directa y unidireccional.

En realidad, la acción es interacción, es decir, mediación entre entes, que según sea la dirección en que consideremos esa interacción seran concebibles como pacientes o como agentes…en todo caso lo que existe es un juego de fuerzas, de potencias, una ajedrecística tensa y continua de la existencia.

Y en medio de esa ajedrecística no solo el cognoscente se encuentra ante lo conocido sino que lo conocido se encuentra ante el cognoscente y tan pronto entendemos al objeto pasivo frente al objeto inmediatamente cabe entender con ello al sujeto pasivo frente al objeto…un sujeto activo y un sujeto pasivo…las dos facetas del sujeto cognoscente, un objeto activo y un objeto pasivo, las dos facetas del objeto conocido…y en esta interacción el cognoscente no es tal sin la mediación del objeto conocido que como tal lo presenta al actuar y reaccionar respecto de él, y el objeto conocido,por su parte, no es tal sin la mediación del sujeto que como tal lo presenta actuando y reaccionando recíprocamente sobre él. E incluso en esta interacción la acción de uno sobre el otro nunca es directa sino que se encuentra siempre mediada por la reacción de uno sobre el otro. Un conocimiento directo, en el sentido de no mediado, es pues, un contrasentido, porque el conocimiento es en si mismo una mediación y se encuentra mediado tanto por la inmediatez del sujeto como por la del objeto.

Pero tal vez lo que queremos decir es que un conocimiento directo es uno no mediado por la intervención de otro sujeto o de otro objeto que no sean el cognoscente y el conocido en este acto de conocer. Sin embargo, lo que se da en este acto no es ni el sujeto cognoscente ni el objeto conocido en si mismos sino en relación de modo que este acto mismo ya constituye una mediación ente el sujeto y el objeto, que no pueden ser reducidos a su ser dado en este acto de conocer, de tal modo que el sujeto no capta al objeto sino solo a una de sus determinadas concreciones y el objeto no es captado por el objeto sino solo en una de sus determinadas concreciones. No hay captación más que incompleta y fugaz en el acto de conocer, en medio de la infinitud de lo no captado, algo así como el tanteo del bastón en la oscuridad o lo captado al relumbrar de un fósforo.

El sujeto mismo es mediación para este acto de conocer por cuanto lo conoce recordándolo, es decir, poniéndolo ante si como no siendo ya lo que el sujeto es, y el objeto mismo también es mediacion aquí pues lo que ahora es ha entrado en juego con lo que ha sido conocido en su interacción con el sujeto. Lo desconocido y el desconocimiento, la indirección continua del objeto con respecto al sujeto y del sujeto con respecto al objeto, no son soslayables en ese ir directamente al objeto o ese ir directamente al sujeto. Ambos devienen, ambos fugan mutuamente de su estar ante el otro…no hay fijación y tampoco es deseable que la halla, pues la fijación es la muerte, incluyendo la muerte de la aventura del conocimiento.

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