En defensa de la interioridad

No hay que confundir el realismo en general con su versión exteriorista, que reduce la realidad a realidad exterior y supone al pensamiento como un simple referidor, es decir, como unidireccionalmente determinado por su referencia a esa realidad exterior, exteriorismo que en su versión afirmativa es un objetivismo practicamente ingenuo y en su version pesimista constituye el fenomenalismo, es decir, la creencia en que la referencia esta viciada por el propio referidor en el referente y en la captación experiencial del objeto. El fenomenalismo suaviza con un escepticismo de lo más agradable su amor por el objeto puro, del mismo modo que Kant hablaba de manera bastante astuta de fenómenos encubridores de cosas en sí. Cualquiera de estas formas de realismo están sujetas al ideal de objetividad que ha dominado la ciencia largamente en tanto y en cuanto se ha ocupado con mayor éxito de los entes no humanos o ha tratado con los organismos vivos a través de reduccionismos de todo tipo, abusando de analogías mecánicas, químicas, cibernéticas y no simplemente usándolas a los efectos de obtener esquemas explicativos simplificadores y brevemente útiles. El exteriorismo constituye un grave retroceso epistemológico, aún cuando encubra con la supuesta complejidad de la distinción entre el ente y su aparición fenoménica en la conciencia la ingenuidad con que esquematiza el conocimiento humano, ingenuidad que se refleja en la ausencia redundante de un cuestionamiento serio acerca de la relación cognoscitiva, es decir, de la relación entre el sujeto cognoscente y el objeto de conocimiento, entre otras cosas no atisbando a reconocer el hecho de que no conocemos en las palabras o a través de las palabras, ni en percepciones discretas y separables, sino de manera orgánica y complexiva respecto de lo extramental, con movimientos no solo extrospectivos sino tambien introspectivos del intelecto y con el plus de complejidad que otorga a nuestra conciencia el hecho de ser una autoconciencia, es decir, una conciencia simbólica.

Identidad y diferencia

Lo mismo y lo otro, la identidad y la diferencia se encuentran en la base no solo de nuestra comprensión de lo otro que no somos sino también en la base de nuestra autocomprensión, y si bien nos fijamos, incluso esta distinción entre lo real que situamos allí y lo que somos esta impregnada de esa dualidad entre lo mismo y lo otro, dualidad que solo podemos superar entendiendo cabalmente que la realidad no es solamente otra ante nosotros, una extrañeza, sino que la realidad es también esto que somos. La realidad es lo mismo y lo otro, nosotros mismos y lo que nos es extraño y adviene a nosotros. Pero en este entender cabalmente la unidad de lo que somos con lo que no somos, la unidad de lo mismo real con lo otro real que hace que toda acción sea interacción, se encuentra precisamente no solo la inseparabilidad entre el concepto de ser-en-sí, lo mismo, con el concepto de ser-en-relación, lo otro, sino también la conexión entre esta inseparabilidad y la real inseparabilidad con la que debemos concebir lo mismo y lo otro en lo real, el ser en si y el ser en relación no ya en cuanto conceptos sino en cuanto realidades que suponemos.

No hay una identidad pura indiferenciada que se de cómo fundamento de las relaciones ontológicas pues ello significaría no ya lo paradojal sino lo contradictorio de una realidad que se relaciona sin entrar en relación, como ese Dios inmutable que tantos han supuesto y cuya acción no lo modifica…con lo cual no se ve por donde se trata de acción, pues actuar implica una modificación no solo del paciente sino del agente, en la interacción que esa acción implica, al menos en cuanto que el agente se presenta ante el paciente y el paciente ante el agente mediante su reacción.

En un universo interactivo, individual, no hay lugar para fundamentos inmóviles, para condiciones incondicionadas. Con respecto a la paradoja de un ser en sí, de una mismidad, que no es sin otredad, sin ser en relación, este carácter paradojal no lo debemos confundir con un carácter contradictorio que haría nula la expresión, sino que lo debemos reconocer como la dinamica dialéctica entre lo mismo y lo otro, dinámica que implica el devenir retroactivo y continuo de lo mismo mediado por lo otro y de lo otro mediado por lo mismo. No es cierto que fijamos rústicamente e ignoramos la agitación del mundo cuando conceptualizamos pues todos nuestros conceptos se encuentran dinamizados de manera perpetua por el desplazamiendo analógico entre lo que nos permiten identificar a través de las diferentes experiencias que aprehendemos en ellos y lo que nos permiten diferenciar a través de lo por medio de ellos identificamos. La afirmación se explaya sobre una posible negación y la negación sobre una concreta afirmación, y esto es lo que intuimos como la dualidad constante de nuestra mente, dualidad que expresa la dualidad de lo real que constatamos como la dinámica entre lo indeterminado y lo determinado del ente.

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