Diálogo imaginario sobre el automovimiento cósmico

Questor: Explícate Fernando, porque la verdad es que no entiendo mucho de lo que dices, acerca de todo ese arduo tema del sujeto, el objeto y demás condimentos.

Fernando: ¿Por dónde quieres que empiece?

Q: Define al sujeto, ese podría ser un buen comienzo.

F: Bueno, yo diría que un sujeto es un agente y que un agente es algo que puede actuar y actúa efectivamente. Pero esto exige una primera aclaración y es que el acto, la acción concreta, antecede al sujeto y el sujeto solo existe mediante el acto. A ver si me explico…

Q: Eso…a ver si te explicas.

F:Lo que quiero decir es lo siguiente…Supongamos que el sujeto es solo la pura posibilidad de actuar y que puede existir aún cuando no actúe efectivamente. Entonces…¿Cómo se inicia su acción? Está claro que para que inicie su acción tiene que existir un acto, una efectuación, una concreción de la acción que la inicie, determinándolo a actuar. Esto no implica que ese acto precedente determine por completo la acción del sujeto de ahí en más sino solo que debe existir alguna mínima determinación que haga que esa posibilidad de actuar se efectivice (que haga nacer al sujeto). Con lo cual estoy diciendo que si no hay acción concreta entonces tampoco hay posibilidad de acción ni agente. Es más, estoy diciendo que solo la continuidad de la acción concreta hace posible la continuidad de la posibilidad de la acción y que el sujeto existe solo en tanto existe acción concreta, en la acción concreta y no mas allá o fuera de ella.

Q:Pero lo que tu dices contradice la intuición elemental de que si no hay posibilidad de acción entonces la acción no acontece, es decir, que la posibilidad de actuar precede a la acción y no al revés.

F: No, no estoy contradiciendo esa intuición sino que solo la estoy complementando apropiadamente, porque el que sea cierto que si no hay posibilidad de acción tampoco hay acción concreta no quita la afirmación dual de que si no hay acción concreta no hay posibilidad de acción. La acción concreta precede al poder actuar y el poder actuar precede a la acción concreta, y esta mutua precedencia en realidad ya no convendría llamarla precedencia sino automovimiento del sujeto, es decir, la recurrencia temporal diacrónica, la dinámica dialéctica, el devenir de la potencia puesta por el acto y el acto puesto por la potencia.

Q: Suena interesante, pero quiero que me expliques porque insistes tanto en hablar de acción concreta y no simplemente de acción. Además me gustaría que trasladaras esa definición tuya de sujeto al plano universal. ¿Te atreves?

F: Bueno…En primer lugar te diré que distingo la acción de la acción concreta porque lo que entiendo por acción es justamente esa recurrencia diacrónica de la potencia deviniendo en el acto y el acto deviniendo en potencia, de los acontecimientos en posibilidades y de las posibilidades en acontecimientos. A la acción concreta la constituyen los acontecimientos mientras que a la acción posible la constituyen las posibilidades. En segundo lugar, hay que señalar, en cuanto al universo, que él no se encuentra limitado en su automovimiento, que su devenir no es un devenir parcial y que por lo tanto es un agente sin principio ni fin, pues si tuviera principio o si tuviera fin, entonces existirían actos fuera de él que lo concretarían o lo deshacerían. El automovimiento cósmico es el eterno devenir, espaciotemporalmente ilimitado, de la potencia cósmica, la temporalidad, en la concreción del presente cósmico y de este múltiple acontecimiento concreto de su presencia en la propia temporalidad. El universo deviene de sí mismo…es el Automovimiento.

Q: Después de esta explicación resulta que volví a quedar medio confuso acerca de tu definición de sujeto, ¿podrias relanzarla de nuevo bajo estas consideraciones?

F:Si, claro…podría y efectivamente comienzo a hacerlo. En realidad todo ente es un poder actuar y una acción concreta diacrónicamente recurrentes, pues lo que entiendo por ente es un proceso, un desarrollo de posibilidades en acciones concretas y una continuidad de acciones concretas que generan esas mismas posibilidades. De modo que un sujeto es simplemente un ente entendido desde el punto de vista de su subjetividad, de su actividad, de su ser agente. Todo ente puede ser considerado un sujeto y con ello lo que recalcamos es su posibilidad de acción respecto de su existir concreto…con lo cual estoy diciendo que la subjetividad de un ente es su poder actuar, su ser indeterminado. Esto no quiere decir que sujeto y subjetividad sean aquí lo mismo, sino que al decir sujeto recalcamos el poder actuar, la subjetividad del ente, su ser agente.

Q: ¿Y porque no dices simplemente ente y te ahorras la palabra sujeto?

F: Es que no está tan mal considerar a los entes desde cierto punto de vista para luego considerarlos desde otro punto de vista, y esto sobre todo porque nos permite entender mejor el relacionamiento de los entes, su mutua exterioridad.

Q: Epa…¿Que es eso de la exterioridad?

F:Bueno…alguna vez he dicho que la interioridad de un ente es su ser indeterminado, con lo cual ahora estaría diciendo que interioridad y subjetividad son lo mismo. Sin embargo,anteriormente yo distinguía entre interioridad y subjetividad en el sentido de que la interioridad vendría a ser subjetiva solo si es intencional, es decir, solo si es interioridad conciente. Pero como he adoptado la idea de que la subjetividad estriba simplemente en la cualidad de agente del ente, he concluido por entender que interioridad y subjetividad son sinónimos. Y con respecto a la exterioridad de un ente, que vendria a ser su objetividad, por lo tanto, entiendo por tal su cualidad de ser determinado, concreto, dado, paciente de determinaciones exteriores a sus posibilidades propias, determinaciones que han de provenir de otros entes que son para este ente causantes, determinantes. En fin, la interioridad o subjetividad es el ser en sí del ente y la exterioridad u objetividad es el ser en relación.

Q: Y ya que hablas de objetividad…

F: Si, bien…la objetividad de un ente es su ser determinado y el considerar a un ente como objeto implica el que lo consideremos desde el punto de vista de su ser en relación…de su ser determinado por otros. Pero de nuevo, debo recalcar que hablar de objetos o de sujetos es simplemente hablar de entes, solo que la denominación de objeto resalta su pasividad, es decir, su ser determinado por otros entes, mientras que la denominación sujeto recalca su actividad, es decir, su ser determinante para otros entes. Ahora bien, así como he dicho que el sujeto existe no solo como posibilidad de acción sino como ser concreto, dado, y que no puede existir de otro modo, asi también puedo decir que el objeto no solo existe como ser dado, concreto, pasivo y determinado, sino también como posibilidad de acción, como indeterminada posibilidad de actuar. ¿Porqué es necesario aclarar esto? Porque al hablar de sujetos o de objetos tendemos a considerar al ente en cuanto sujeto como una pura subjetividad, como una pura posibilidad de acción, y del mismo modo, tendemos a considerar al objeto como una pura objetividad, como una pura receptividad de la acción, cuando en realidad lo único que estamos haciendo es resaltar la objetividad o la subjetividad del ente, considerarlo como agente o considerarlo como paciente según la perspectiva que adoptamos sobre el mismo. Además, cuando un sujeto-ente actúa el objeto-ente que recibe la acción reacciona, es decir, no puede no ser agente en el mismo acto en que es paciente, de modo que tampoco el sujeto puede dejar de ser paciente en el mismo acto en que es agente o lo consideramos como agente. No hay un puro sujeto ni un puro objeto en acción alguna, ni una pura actividad o pura pasividad…Si supusiéramos un mundo de puros objetos solo podríamos entender la acción como pura reacción de unos objetos sobre otros y si supusiéramos un mundo de puros sujetos no podriamos suponer jamás que ellos reaccionaran entre si, que pudieran interactuar, y esto es lo que entendió perfectamente Leibnitz al establecer su teoria monadológica.

Q: Hasta aquí todo parece bastante claro, al menos para ti mismo, que pareces muy seguro de lo que dices. Pero hallo cierta inconsistencia en que digas que solo en tanto objeto el ente entra en relación pero no lo hace en tanto sujeto.

F: Si, se diría que es un punto débil de mis dichos. Por eso debo aclarar bien la cuestión. En primer lugar cuando digo ser en relación o utilizo aquí de alguna manera el concepto de relación me refiero al relacionamiento ontológico y entiendo que la única forma de relacionamiento ontológico es la de causación o determinación de un ente por otro. Ahora bien: la relación causal entre dos entes no es bidireccional, no es una relacion simétrica sino asimétrica, motivo por el cual concebimos claramente el tiempo como asimétrico o al menos así deberíamos concebirlo. Esto quiere decir que el ser determinado y el ser determinante no son equivalentes, de modo que cuando digo simplemente ser en relación como en este modo de expresarme no se revela esa asimetría resulta que parece que me refiriera al ser determinante tambien como ser en relación. Lo adecuado, pienso yo, es dejar de una vez por todas de lado este término, “ser-en-relación” que solo ha sido hasta ahora para mi origen de confusión y amenaza de contradicción.

Q: Sin embargo, entiendo que cada vez que te quieres referir a lo que un ente es en si, su ser-en-sí, te vez obligado a usar ese termino, “ser-en-relación”.

F: Pues no me cabe duda de que ambos términos son una manera confusa de aludir a la subjetividad (el ser-en-si) y a la objetividad (el ser-en-relación) del ente. La confusión que genera el término ser- en-relación pasa por la lata concepción que tenemos de la idea de relación, que exige inmediatamente la aclaración de que nos estamos refiriendo específicamente a relaciones ontológicas, es decir, a relaciones causales, y tambien al hecho de que ignora la asimetría de estas relaciones ontológicas. La confusión provocada por el termino ser-en-sí pasa por el hecho de que con ello parece que se aludiera a alguna clase de esencia, a alguna clase de fundamento del ente, lo cual es ajeno a mi intento de entender a los entes como procesos.

Q: ¿Estás diciendo que pretendes olvidar y dejar en desuso esos términos para mayor claridad de tus ideas?

F: Si, aunque debo aclarar que han sido para mi categorías explicativas muy utiles hasta aquí, pero uno no debe atarse mentalmente a sus categorías sino que debe utilizarlas hasta donde ellas le permitan concebir adecuadamente la realidad.

Q: Bien, cambiemos el énfasis en nuestra conversación. Has dicho que cuando el sujeto actua sobre el objeto, cuando lo determina, al ser determinado el objeto reacciona a su vez actuando sobre el sujeto. ¿Esto no implica en realidad esa simetría que aparentemente has negado en la actividad de los entes? Por otra parte…¿puedes aclarar un poco más que es eso de la reactividad y la reacción?

F: Aquí penetramos en una cuestión bastante difícil de dilucidar y que en realidad solo ante tu pregunta me veo obligado a dilucidar. Asi que…lo intentaré. El ente en tanto objeto es mero recipiente de la actividad del sujeto y su reactividad en ese sentido no es más que su ser determinado, que se manifiesta en su acción como las determinaciones que adquiere la misma a partir de ese acto. Me explico…no hay propiamente una reactividad distinta de una actividad, como si actividad y reactividad fueran dos formas de existencia concebibles separadamente. Lo que hay es un aspecto indeterminado de la actividad y al insistir en este aspecto consideramos al ente como determinante, como sujeto y un aspecto determinado de la actividad, y al insistir en este aspecto consideramos al ente como determinado en su actividad, como reactivo. De otro modo…no deberíamos decir meramente que el objeto reacciona sino tambien que el ente en tanto sujeto manifiesta su aspecto objetivo como actividad reactiva, como actividad objetivada por otros entes. Dicho mas intuitivamente, la reactividad de un ente es el ser determinado de un ente en tanto que impregna su acción.

Q: Voy a hacer de cuenta que entendi algo de lo que dijistes, o al menos a quedarme con esa ultima frase tuya que me pareció bastante clarificadora frente al resto de tus afirmaciones, que en este caso resultaron bastante abstrusas.

F: Por el momento no tengo muchas maneras de clarificar el asunto, incluso te pediria que me dieras tiempo para ello.

Q:Esta bien, esta bien, ya te dije que voy a hacer de cuenta que…

F: Si, que entendistes.

Q: Ahora quisiera señalar una cuestión que al reconsiderar tus dichos me ha surgido…Tu has dicho que tanto los entes particulares como el Universo son automovimientos. Pero entonces no veo la utilidad del término. También has dicho que el ente se desenvuelve diacrónicamente por la dialéctica entre acto y potencia, pero esta claro que el universo no puede ser determinado porque no existe nada fuera de él, por definición, de modo que…¿No te parece que extiendes inadecuadamente una concepcion tuya que solo se aplica a entes particulares mas alla de lo que es coherente?

F: Bueno, para entender esto es necesario que convengas conmigo que un ente-proceso es una totalidad compleja de subentes-subprocesos. Si realizamos esta consideración resulta que la dualidad interioridad-exterioridad resulta sutilizada conceptualmente. Porque lo que yo voy a afirmar ahora es que el ente-total es exterior respecto de sus particularidades, es decir, respecto de los subprocesos que lo conforman, y por lo tanto, que su interioridad se limita a ser una interioridad-total y no una interioridad en sus partes o particularizada o particularizable. Si tomas una manzana y la separas en partes jamás encontraras su interior sino solo la exterioridad de la manzana respecto de sus partes, pues la manzana no esta en ninguna de sus partes, y la exterioridad de sus partes entre si. ¿Dónde está la manzana? La manzana esta en su ser determinada por esas partes y por aquello de lo que forma parte pero tambien en si misma, indeterminadamente, como totalidad indivisa, que no puede hallarse en ninguna parte, que no puede ser localizada. Localizar es situar en relación a la parte o al todo del que el ente forma parte, de modo que exige el ser determinado, mientras que el ser indeterminado, la interioridad-total, permanece sin lugar.

Q:Antes de que sigas…¿Estas diciendo que interioridad y totalidad son sinónimos?

F: Puede ser, si… estoy diciendo que la interioridad de un ente es su totalidad en la medida en que todo ente es exterior a sus subprocesos…o bien, que solo considerando al ente como totalidad estamos realmente considerando su interioridad no reducible ni a las determinaciones entre sus partes ni a las determinaciones que la particularizan desde aquello de lo que forma parte. Hay dos niveles de exterioridad…la exterioridad del ente respecto de sus subprocesos y la exterioridad del ente respecto de los procesos para los cuales es un subproceso. La presencia del ente no puede hallarse ni en sus partes ni en aquello de lo que forma parte sino solo en el ente mismo, en su mismidad total. Ademas, esto quiere decir que el espacio tiempo es escalar, ontológica y no solo gnoseológicamente escalar.

Q:¿Qué quieres decir?

F: Me refiero al hecho de que no solo no hay simultaneidad entre el ente y otros entes con los cuales integra una totalidad, especialmente si esta totalidad es el propio universo, sino que tampoco hay simultaneidad entre el ente y sus partes, de modo que la temporalidad del ente mismo no es reducible ni a la temporalidad de la totalidad universal en una presencia universal ni es reducible a la temporalidad de las presencias particulares de sus entes. Esto se condice con la idea de que directamente no hay simultaneidad sino solo en la perpectiva total de un único ente considerado como lo sugiere la teoría de la relatividad especial. La espaciotemporalidad, pues, no solo es escalar sino incluso granular, infinitamente granular….yo diria escalar-granular, definitivamente no lineal.

Q: Ahá… esto te ayuda de alguna manera a justificar el hecho de considerar al Universo del mismo modo que a los entes particulares…

F: Así es. Contrariamente a lo que alguna vez afirmé, hay una relación de causación entre la totalidad universal y la infinitud de los entes particulares donde la totalidad del universo, su potencia infinita, su subjetividad cósmica, es causa para todos los entes, sin que esto implique que el universo como totalidad este presente en ninguna de sus partes…el todo universal no está en ninguna parte, no hay una presencia universal manifiesta…el universo-total permanece siempre oculto. La temporalidad total del universo no se manifiesta a ningun ente particular sino que solo se manifiesta en ellos como potencia productora…el universo no es simultáneo con ninguno de sus eventos. A su vez los entes particulares constituyen la infinitud de actos de los que parte continuamente la infinita posibilidad de acción del sujeto cósmico, de modo que la totalidad- interioridad cósmica pone la infinitud de los entes particulares, aunque no por completo, porque ellos tambien son determinados por sus propias particularidades y no solo eso, sino que permanecen parcialmente indeterminados siempre, con su propia totalidad- interioridad indivisa, y esta infinitud de los entes pone a su vez, en la diacronía de lo total-cósmico, la potencia infinitamente creadora del universo. Es por esto que llamo al universo Automovimiento, el automovimiento total, respecto del cual todo es particularidad, o bien, cuya totalidad es la suprema particularización. Los entes, en cambio solo pueden ser parcialmente automovimientos, pues no solo existen diacrónicamente respecto de sus propias particularidades sino sincrónicamente respecto de aquello entes con los que conforman totalidades.

Q: Interesante, interesante…pero ahora quisiera enfocar mi interrogatorio hacia otra parte. Dijistes que anteriormente distinguias entre subjetividad e interioridad…¿Podrías explicarte al respecto?

F: Si, claro. Anteriormente entendía el concepto de subjetividad limitado al de interioridad de un ente conciente, y por lo tanto, entendia la subjetividad como una interioridad intencional. Una vez que he puesto como sinónimos interioridad y subjetividad, aquella distinción se traslada a este término y puedo decir que existe subjetividad no intencional en los entes no concientes y subjetividad intencional en los entes concientes.

Q: ¿Puedes sostener esta distinción a partir de los conceptos que has manejado?

F: Con dificultad, y no creo que deba pedir disculpas a este respecto pues los discursos que se han manejado hasta ahora acerca de la conciencia difícilmente han mostrado a la conciencia más que como una novedad absoluta con respecto a lo que no es conciente o, de modo por completo opuesto, tratando de reducirla a lo no conciente. Puedo decir, arriesgadamente, que un ente conciente es un ser que subjetiva su reactividad, entendiendo por subjetivacion una apropiación de la propias reacciones por medio de una apertura subjetiva a través de la receptividad. A ver si me explico…una piedra, que no percibe, recibe, capta, actividad exterior y reacciona frente a ella, pero entre la acción externa y la reacción no hay mediación alguna excepto la mera espontaneidad en que se da esta reacción…un protozoario, en cambio, procesa su recepción orgánicamente, en la relación entre sus partes, entre sus subprocesos, y en este percibir que no es un simple captar, su reacción no es ya mera espontaneidad reactiva sino ademas un producto de las subdeterminaciones intrínsecas de la totalidad del protozoario…en esto consiste la intencionalidad y no mera espontaneidad de sus reacciones, en que ellas no contienen ya solo determinaciones del ente como partes de un todo sino tambien las subdeterminaciones del ente por sus procesos constituyentes.

Q: Todo como para ser pensado más de una vez, por lo visto….Además, estas sugiriendo que una piedra tal vez tenga alguna intencionalidad, algun modo de procesar constitutivamente la actividad que capta…

F: Mira…no quiero meterme en líos innecesarios, pero yo diría en principio que si no hay percepción, cuando menos, entonces no hay intencionalidad, no hay conciencia.

Un argumento ético contra la pena de muerte

Cuando hablamos de la pena de muerte hablamos no ya del simple quitar la vida arbitrariamente, como acto de libertad irrestricta, caótica, ejercido contra la libertad y la vida de otra persona, sino que hablamos de un acto amparado en la legislación, en el derecho instituido. Es desde este punto de vista y no del punto de vista genérico del quitar o no la vida que se debe discutir la pena de muerte. Y lo que surje es lo siguiente: Que se quita la vida a partir de alguna valoración, que esa valoración corresponde a una jerarquia de valores, que esa jerarquia de valores objetivada en la norma legitimadora de la pena de muerte implica la valoración de la vida por debajo de algún otro valor en favor del cual se ejecuta al condenado. ¿Cuál puede ser este valor superior jerarquicamente al valor de la vida personal? El único valor que puede esgrimirse aquí es el de la libertad pues cualquier otro valor debe considerarse inferior desde el punto de vista que no hay persona sin vida y libertad personal. Pero en el acto de quitar la vida forzosamente a una persona también se ataca la libertad personal, al menos en lo que a esa persona respecta, de una manera definitiva, inmodificable. Por lo tanto, no puede deberse la condena a muerte a la valoración de la vida o de la libertad de las personas, a la valoración de las personas mismas, sino a alguna valoración vil que jerarquiza otras instancias por encima de lo personal…asi por ejemplo la seguridad de la comunidad o el respeto por la divinidad o por la propiedad privada o…E incluso si el ejecutado es un asesino o un liberticida…¿no sería esto la ley del Talión disfrazada de racionalidad?.

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