El virus de las ideas

Podemos pensar en las ideas, en las formaciones conceptuales en general, como virus que infectan la mente y se apropian de sus capacidades y virtudes estructurales para reproducirse y extenderse a más mentes, multiplicando generación tras generación su influencia sobre los individuos de carne y hueso y usándolos como vehículos de transmisión para alcanzar nuevas alturas de propagación. En efecto, las ideas se “propagan”…¿y de qué modo se propagan? Se propagan porque una vez que han infectado a un vehículo humano este vehículo de manera sonambúlica y sobre la base de su credulidad y asimilación conductual respecto de tal idea, la emite constantemente, la expresa, la comunica e incluso se esfuerza para que penetre en otras mentes humanas, de tal modo que el propagador de una idea es siempre un individuo más o menos fanatizado por ella y en ella, habitado por ella más o menos a satisfacción de su voluntad y de su determinación a perpetuarla y transmitirla. En última instancia un cerebro humano actúa ni más ni menos que como una esponja de absorción de ideas que luego por saturación y compulsión del habla vuelven a esparcirse a partir de él a otros cerebros, por un proceso de difusión contaminante cuya compulsión es tan notable como el continuo parloteo simbólico de mis manos mientras escribo este texto. Es decir, que incluso no deberíamos pensar en las ideas, las formaciones simbólicas, las construcciónes conceptuales, como simples virus, sino más bien como virus en estado de simbiosis con la estructura biológica de la masa cerebral individualizada pero multiplicadamente globalizada, de tal modo que  por medio de esta simbiosis los cerebros permanecen activos en la captación y difusión de las ideas y las ideas continuamente se propagan de unos cerebros a otros. De modo que finalmente todos los cerebros se encuentran sumergidos en el plasma abstracto del flujo ideativo, del flujo simbólico, conformando un caldo tecno-bio-simbólico cuyo destino parece ser aumentar cada vez más el caudal de ese flujo y el compromiso intencional y funcional de los nodos cerebrales. Esto me permite sugerir un estado mental futuro en el que finalmente la red cerebral se encuentre de tal modo hipnotizada por la labor de generación y propagación de ideas que finalmente le resulte de un tremendo alivio cualquier forma de desconexión elemental-emocional-regresiva. Tal vez en el futuro las vacaciones humanas consistan en alguna forma de desconexión simbólica intensa…el triunfo, quizás, de las virtudes de los psicotrópicos.

Un saludo, F

Grados de impotencia: la propiedad y la muerte

En principio al pensar en la impotencia consideramos la misma en su absolutez como negación de toda posibilidad. Pero una negación completa de toda posibilidad es una contradicción, ya que la posibilidad de esta misma negación quedaría autonegada. Por lo tanto una impotencia absoluta no es posible…es decir…de un modo irónico…es impotente. Por lo tanto solo pueden existir grados de impotencia y en determinados marcos de consideración de posibilidades.

Por supuesto que el anterior razonamiento podría verse en tela de juicio si lo que se considera es la potencia individual de vida…el potencial de existencia individual de un ser vivo…pues la muerte resulta inevitable y por lo tanto ella vendría a ser la reducción de la vida individual a la impotencia absoluta.

Bueno…si considerásemos que el potencial de vida es una constante y que la muerte lo cercena de manera abrupta y terminante entonces la muerte vendría a ser este absurdo. Pero si consideramos que el potencial de vida no es una constante sino una variable de valores decrecientes que pasa de la creatividad, de la plasticidad futurible del ser recién concebido a la degradación mecánica y olvidadiza del ser envejecido o la mutilación dolorosa del ser dañado por fuerzas exteriores, entonces la muerte no viene a ser tal absurdo sino la crisis final del desgaste de la potencia vital o un apagón inducido por el juego de potencias vitales y extravitales en que se enreda la limitada potencia de vida individual.

Sin embargo, el hecho de que la muerte no sea la negación de la potencia vital individual de manera absoluta por cuanto esta potencia lleva en si o sufre exteriormente las causas de esta negación con anterioridad a la ruptura de la muerte, ello no parece indicarnos que deje de existir una destinación del individuo a la reducción absoluta de su existencia a la impotencia de la inexistencia, incluso por la via de su degradación intrínseca, siendo la muerte un aporte de impotencia que cierra el círculo de esa absolutez. Es decir, que el individuo, puesto así en el universo, es solo una fugaz criatura fenoménica destinada a ser destruida por completo en el proceso mismo que lo engendra, sin escapatoria alguna. ¿Es este absurdo finalmente irrevocable por más que se sostenga nuestro primer razonamiento, el que nos indica que una impotencia absoluta es imposible?

Lo que nos puede evitar el caer en esta sórdida conclusión es repensar el concepto mismo de la potencia vital individual. Al pensar en ella y su destrucción la pensamos separadamente del resto del universo y no como una acumulación puntual de potencia cósmica. En efecto, si pensamos en el individuo como una mera centración y entrelazamiento puntual de energía e información cuyos bordes no son tan nítidos como nos suele parecer, al pensar en el individuo como una aglomeración fugaz de los flujos y reflujos de la energía viviente y la energía universal, entonces no es posible ver ya la muerte o la degradación más que como un pasaje de la energía de una estructura a otra, de una acumulación de potencia a otra.  Desde esta perspectiva toda potencia vital individual es una potencia prestada momentáneamente por el juego vital al individuo  y que no lo consolida sino que solo lo configura del mismo modo que la ola resulta configurada sobre la superficie del mar. No se trata sin embargo de afirmar que la individualidad es una ilusión como suelen afirmar ciertas filosofías, sino simplemente de negar que el individuo tenga propiedad en algún sentido sobre su existencia…el individuo no posee ni siquiera su vida y por lo tanto no puede ser desposeído de ella ni de ninguna ilusoria propiedad. Ello quiere decir que no hay ninguna reducción a la impotencia ni con la muerte, ni con el envejecimiento ni con la destrucción por parte de fuerzas exteriores, sino solo una devolución del préstamo energético configurador.

Así pues solo la idea de la participación sumergida de la individualidad en la totalidad nos permite superar el camino absurdo de las consideraciones nihilistas que anteponen la muerte a la vida, no suponiendo en ello la supresión de la invidualidad en la totalidad y negando de manera tajante la validez de la idea de propiedad. Esto último nos puede hacer sospechar que la idea de propiedad está directamente relacionada con el temor a la muerte y con la percepción de impotencia. Es decir, nos permite suponer que todo el sistema de vida humano basado en la propiedad es el sistema de la muerte, el miedo y la impotencia en tanto que a través de la propiedad el individuo procura constantemente y de manera absurda, trágica y hasta estúpida, retener su vida contra el deshacimiento inevitable. La avaricia de vida está atrás del régimen de propiedad en el sentido de que el individuo avaro de vida, que quiere llevar la vida al cántaro de sus propios límites y consumirla allí sin fin, construye esos mismos limites como si tejiera membranas de un solo sentido.

Por supuesto que el régimen de propiedad tendió desde sus orígenes a perpetuarse en la forma de una perpetuación de la propiedad por herencia ilimitada y eterna, es decir, se solventó a lo largo de los miles de años de su existencia como un esfuerzo suprageneracional de perpetuación del individuo en las generaciones futuras, perpetuación maligna que constituye finalmente un latrocinio de las viejas generaciones sobre las nuevas al retener aquellas mediante esta perpetuación riendas de destinación sobre los nuevos vivos.

Lo que nos queda por pensar aquí después de exhibir la directa relación entre la propiedad y su perpetuación mediante herencia ilimitada y la obsesión contra la muerte y la degradación de la vida individual, relación que ha quedado simbolizada en las monstruosas pirámides faraónicas egipcias, es que una superación del régimen de propiedad en la forma de la supresión de la perpetuación ilimitada de la misma como mínimo, es el camino para una conciencia humana abierta al universo y a si misma participativamente y alejada del miedo absurdo a la extinción individual y la percepción impotente de la existencia.

Saludos y esperando vuestros comentarios, Fernando Gutiérrez Almeira.

Los hechos éticos que ignora la ciencia

Aceptemos por un momento que solo nos podemos ocupar de hechos y solo de hechos y que por este motivo las valoraciones éticas son solo sombras conceptuales que no se corresponden con ningún dato de la realidad. Sin embargo, ¿qué es un hecho? Se puede decir que un hecho es un dato, una cierta información dada a nuestro intelecto o bien se puede decir que un hecho es una acción concreta, un acontecimiento. Adoptemos esta definición, más ajustada a la etimología que aquella, y digamos que un hecho es el producto de una acción, un resultado en el desenvolvimiento de una acción, un acontecimiento dentro del circuito de un acontecer.

¿Acaso necesitamos agregar algo más aquí, por ejemplo, que un acontecimiento solo es efectivamente un hecho si es que no depende de nuestra voluntad, si es un acontecimiento que se nos da exteriormente y no dependiendo de nuestra propia actividad? Esto último no es sostenible, porque implicaría afirmar que nosotros no somos productores de hechos, y eso sería como decir que la historia, la técnica, nuestras biografías, solo lo son en la medida en que somos objetos de la historia, de la técnica, de nuestra propia biografía, una afirmación a todas luces absurda, porque en cuanto a la historia de la humanidad, su desenvolvimiento técnico y la biografía de sus individuos, sobre todo de sus individuos destacados, los propios seres humanos deben ser considerados sujetos, productores, autores privilegiados.

De modo que no solo hay hechos que se nos presenten sin más, exteriormente, sino también hechos que nosotros mismos producimos y continuamos produciendo. Y cuando se dice que la ciencia, sobre todo la ciencia natural, se ocupa de hechos y solo de hechos en realidad lo que se dice es que se ocupa de los hechos que se nos imponen exteriormente, que se nos dan independientemente de nuestra voluntad, quedando de este modo reducida la conceptualización del concepto de hecho a hecho independiente de la voluntad, a hecho objetivo, a hecho respecto del cual somos meros receptores pasivos, meros recipientes…hechos para cuya captación supuestamente debemos colocarnos en plan de una pura objetividad, una pura receptividad EVITANDO TODA SUBJETIVIDAD.

La distorsión del concepto de hecho obedece pues al ideal de objetividad, de una manera poco clara pero que pretendo de alguna manera desenmascarar aquí. Por supuesto que tratándose de las ciencias naturales tal distorsión no obsta a la sistematicidad del pensamiento alli implicado, pero si comienza a obstar en cuanto se pasa de las ciencias naturales a las ciencias psicosociales, pues en cuanto esto ocurre la pretensión de objetividad se vuelve un rudo obstáculo innecesario y el concepto de hecho como acontecimiento impuesto, como determinacion recibida, impide comprender el papel de lo auténticamente subjetivo ya sea en lo comunitario, ya sea en el desenvolvimiento individual, ya sea en la historia, buscándose muchas veces causas rígidas subintelectuales para lo que al fin y al cabo es el desenvolvimiento de un ser pensante, de un sujeto autoconciente, ya sea a nivel histórico, a nivel comunitario o a nivel individual (¿no es esta actitud la que caracterizó al materialismo histórico o a Freud en la fundación del psicoanálisis?).

La espiritualidad es sacrificada a la objetividad, y el individuo, la comunidad, los pueblos, son vistos en primer lugar como objetos de determinaciones y solo en segundo lugar y con cierta pena por la pérdida de control y objetividad que esto implica, como agentes impredecibles, espontáneos, libres, creativos, de su propio desenvolvimiento, como determinantes y no solo como determinados. Pero si evitamos la reificación del sujeto entonces no solo debemos permitirnos hablar de acontecimientos que se nos dan sino de los acontecimientos que nosotros mismos producimos y fijémonos bien en esto: Lo que se nos presenta, los hechos que nos determinan exteriormente, solo se nos presentan en la interacción entre nuestras subjetividades y el Mundo, y en esta interacción nosotros somos autores de la modificación de ese Mundo por medio de la técnica, de la comunicación, del pensamiento, de modo que finalmente nuestro determinar al Mundo media en sus determinaciones, de modo que no se nos presenta como un pura actividad nunca sino como un objeto que reacciona ante nuestro proceder…el Mundo no solo nos cambia sino que nosotros cambiamos al mundo que nos cambia, y en este retroactividad entre nosotros y el Mundo no hay ya un mero Mundo ante el cual somos una pura receptividad, sino que lo que hay es un M/mundo, un mundo según nosotros, en juego con nosotros y con el que nosotros jugamos.

No hay puros acontecimientos determinándonos sin que nosotros nos autodeterminemos en ellos ni el hacer humano puede considerarse separadamente de lo que nos hace humanos.

Al rebasar el ideal de objetividad podemos entender que los hechos que nos atañen incluyen y se encuentran impregnados por nuestra actividad y esta actividad no solo es técnica o comunicacional sino también, y por sobre toda las cosas…ética, es decir, una actividad en la que no hay meros individuos existentes por separado sino la interacción de personas que deben encontrar JUNTAS un mundo, otro mundo más en la continuidad de los mundos con que jugamos en el M/mundo, evitando la arbitrariedad técnica, la arbitrariedad comunicacional, la arbitrariedad de lo humano con lo humano, girando en torno al gran acontecimiento: NUESTRA CONVIVENCIA. ¿Acaso esto no es fundamentar la ética en los hechos…incluyendo lo hecho y lo deshecho?

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