Evidencia contundente del horror

Hay evidencia contundente de que el desarrollo tecnológico actual de la humanidad permitiría a todos los individuos sin excepción vivir con alegría y salud largos años placenteros…Hay evidencia contundente de que los seres humanos podrían tender una gran mesa de la cual nadie se levantaría sin tomar su parte satisfecho. Pero en lugar de ello la humanidad sigue viviendo sumergida en el conflicto, en la laceración mutua, y siguen amontonándose los cadáveres del odio y los espectros del hambre. ¿Cómo es posible? ¿Es pura irracionalidad? No. Hay evidencia contundente de que la situación tal y como se encuentra planteada, este horror diario en el que la humanidad vive sumergida, está elaboradamente planificada a partir del conocimiento científico y tecnológico. Es decir que el horror humano actual es producto de la elaboración intelectual y no solo de la irracionalidad de las pasiones o el deseo. Es el cálculo del interés lo que domina la realidad humana hoy día, un cálculo despiadado y minucioso que solo deja afuera de sus balances todo lo que no ofrece la adecuada relación costo-beneficio. No se trata de un cálculo realmente económico pues tal cálculo economizaría en efecto la riqueza del planeta, el sufrimiento y el esfuerzo. Se trata más bien de un cálculo voraz y egocéntrico que no obsta al despilfarro y la destrucción, un cálculo destinado a satisfacer el ego caníbal de minorías humanas que no hallan conformidad y no aceptan la decepción. ¿Hacia donde lleva este cálculo? No lleva como se pudiera pensar hacia una meta prevista o un resultado obtenible: alcanza con ver como todos los valores son sustituidos rápidamente por el valor cada vez más autorreferencial y vacío del dinero para darse cuenta de que el resultado solo puede ser una consumación vacía, un agotamiento, un relajamiento de la ambición a causa de la destrucción causada a su alrededor. Este proceso de depredación ego-centrado solo puede tener su fin en el agotamiento de lo que depreda. Por lo tanto solo hay una salida por la vía de su continuidad: la agonía planetaria de la humanidad. Es de esperar sin embargo que las fuerzas eróticas y afectivas destinadas a contrarrestar este abuso afloren cada vez con más fuerza a medida que se acentúe la asfixia vital producida sobre la realidad humana.

Anuncios

La importancia de la represión


La represión instaurada por el puritanismo cristiano en la esfera de la conciencia occidental es una represión inversa. Lo que procura el esfuerzo represor es encadenar la vitalidad sexual a la mínima expresión reproductiva y suprimir la sensualidad junto con ello. También procura censurar toda satisfacción sensorial como una desviación del espíritu fuera de la esfera de la eternidad teniendo ello como consecuencia durante mucho tiempo la denegación sistemática de todo intento de investigar la naturaleza, y de todo intento de desenclaustrar el pensamiento de su encierro monástico en la esfera teológica, y así también un generalizado sentimiento de culpabilidad frente al placer, incluso el placer más escueto. El resultado psicológico de ello fue genéricamente el retorcimiento perverso del deseo sexual y de la sensualidad en general, que eran fácilmente invadidos por aquellos impulsos que el puritanismo cristiano no combatía en igual medida o directamente no combatía: los impulsos de destrucción o autodestrucción. Como síntoma de ello afloraron las hogueras humanas, la imaginación cruelmente exacerbada de los torturadores inquisitoriales y toda una serie de tormentos utilizados como castigos sobre los criminales pero también expandidos sobre el resto de los pueblos del planeta sobre los que cayó la caterva maloliente y hambrienta de sangre humana de los colonizadores como caía el filo de la guillotina decapitadora y “humanitaria”.

Las consecuencias psicológicas del puritanismo cristiano fueron mucho más lejos de lo que parece hasta el punto que podemos considerar que solo con las revueltas juveniles del siglo XX proclamando la libertad sexual el influjo represivo instaurado durante siglos sobre la vitalidad occidental pudo ser efectivamente cuestionado. Fue mucho más ágil el pensamiento en liberarse de las cadenas ideológicas de la creencia cristiana a través de propuestas materialistas, vitalistas, ateas, etc., que la emotividad humana en escapar al yugo de la represión inversa. Pero no ha sido suficiente la proclamación de la sensualidad y el gozo sexual como oportunos y saludables porque el puritanismo cristiano no solo sumió en la oscuridad durante siglos los placeres eróticos y sensuales, el gozo del cuerpo, sino que al mismo tiempo liberó ingentes impulsos de destrucción y autodestrucción convirtiendo a la civilización occidental en una verdadera máquina de aterrorizar, descuartizar, torturar, exterminar, etc., con mucho más insistencia y salvajismo del que pudiera ser capaz cualquier otra civilización. Es decir, que aún resta por tomar conciencia de que no solo hay que proclamar el derecho del cuerpo a gozar sino que hay que proclamar aún con más fuerza que debe instaurarse en el mundo occidental una nueva represión, una represión que realice exactamente la labor contraria de la que la represión inversa cristiana realizó en detrimento de la vida humana: una represión afirmativa de la vida y negadora de los impulsos de autodestrucción y destrucción.

Erróneamente hoy se combate la disciplina y la autoridad como agentes represivos y se tiene a la represión como un mal, simplemente porque no se ha considerado que aquella represión de la que hemos renegado es una represión malsana, una represión nacida de una visión negativa de la existencia, del nihilismo vital. La represión es necesaria, y puede hacer mejor la vida, en cuanto represión de la crueldad, de la violencia, etc. Una represión tal, a la que podríamos llamar represión afirmativa, persigue el daño entre los seres humanos y contribuye a la liberación de los afectos, la ternura, el gozo sexual sin culpa y sin cadenas, la sensualidad, etc. Bajo la bandera de la represión afirmativa necesariamente tienen que suprimirse los ejércitos, es necesario perseguir el militarismo, debe formarse al policía en el aprecio de la vida humana, deben sustituirse las cárceles por centros de rehabilitación, debe educarse sobre todo emocional, afectiva y estéticamente, enseñando la importancia del abrazo, el beso y la caricia mucho antes de enseñar la importancia de la literatura, las matemáticas, etc. Tal represión debe amonestar severamente en los educandos de todas las instituciones escolares el abuso verbal o la violencia física y debe perseguir duramente a los padres que violentan a sus hijos obligándolos a tareas comunitarias y reeducándolos en escuelas para padres. Y así sucesivamente, con la seguridad de que por esta vía es que se puede construir la convivencia pacífica y gozosa entre las personas.

A %d blogueros les gusta esto: