Un faro en la niebla

El ser humano ha sido catalogado por los pensadores como ser pensante…pero luego…luego se estableció que la reflexión es un acto esporádico raramente emergente de una mente firmemente anclada en la irreflexividad. Hasta el surgimiento del ser humano la evolución de la vida aconteció sin la participación de esos actos reflexivos esporádicos y el resultado más notable ha sido precisamente el ser humano…es decir, somos seres capaces de reflexionar que emergen de una noche irreflexiva que ha durado miles de millones de años.

 

Pero…¿es nuestra capacidad de reflexión una luz en el camino de la vida? Para algunos pensadores no ha sido así y no les ha faltado un gran indicio para negar en ella capacidad de ahuyentar las sombras. Efectivamente, parece que cuanto más reflexionamos más nos corrompemos y corrompemos todo a nuestro alrededor…asaltando las bases biológicas de nuestra existencia y arrasando la tierra y los mares que nos sostienen. Y parece, entonces, que deberiamos suspender la reflexión, retroceder a la noche natural…pero eso ya es imposible: el camino científico-tecnológico-filosófico es patentemente irreversible hoy. Si en efecto la reflexión nos lleva, a través de un falso progreso, hacia el derrumbe de las bases vitales y planetarias de nuestra existencia, entonces solo deberíamos esperar un catastrófico final.

 

En esto los científicos y técnicos no parecen ayudar. Más bien se los nota totalmente comprometidos con el quehacer que nos hunde, diseñando tal vez alivios y mejoras pero al mismo tiempo armas, venenos e ingentes efectos secundarios como lo son la acumulación de residuos plásticos, radiactivos, químicos, etc, la alteración climática, la degradación industrial de la alimentación humana, una saturada convivencia con máquinas que tiende a descomponer los lazos directamente personales en lazos condicionados a la interfaz y el control, y así sucesivamente. Y por supuesto que nada podemos esperar de la objetividad que persiguen cuando se trata de alentar la convivencia pacífica y afectiva pues es tan objetivo el diseño de un medicamento como el de un tóxico para el exterminio de seres humanos.

 

Tampoco podemos esperar mucho de los gobernantes o de toda la clase política en general en relación a despejar el futuro de aquellas sombras que lo asaltan. Gobernantes y políticos en general aparecen notoriamente abocados a promover en lo básico las actuales condiciones de existencia, tendiendo todos casi al unísono a sostener que la mayor explotación de los recursos naturales para una mayor producción y mejor consumo es la via inevitable hacia la mejor vida. Lamentablemente a esta altura de la historia sabemos cabalmente que los recursos de los que disponemos no son ilimitados y aún si son abundantes abusar de esa abundancia es solo una manera solapada de despilfarrar de manera totalmente estúpida esos recursos en favor de un consumo que se parece mucho más a una voracidad compulsiva que a una sana consumación de la satisfacción personal y eso debido en parte, sin duda, a una igualmente compulsiva manipulación propagandística del deseo. 

 

No hallando ni en los científicos, ni en los tecnólogos, ni en los políticos una contundente determinación que nos conduzca hacia un futuro mejor aún nos resta por saber si la filosofía tiene aquí algo que decir. Pues bien: lo primero que deberíamos decir es que estas palabras tienen la índole de lo filosófico…Y la tienen porque a través de ellas hemos reflexionado sobre la reflexión…es decir, hemos puesto la reflexión en su naturaleza más intima, la de ser una automirada que trata de captarse y así captar mejor lo que la rodea. La filosofía nos da esa oportunidad que no nos pueden dar los científicos abocados a sus objetos o los  tecnólogos abocados a sus aparatos o los políticos abocados a sus planes de acción siempre relativamente cortoplacistas en relación al destino humano. La filosofía nos da la oportunidad de reflexionar sobre lo que somos y lo que pretendemos ser, y a partir de allí nos da la oportunidad de establecer si como seres humanos, como humanidad, estamos recorriendo un camino prometedor o un callejón sin salida. Y es aquí que podemos pensar que la reflexión aún cuando en principio nos desvíe y corrompa, nos aleje de nuestras bases biológicas y nos ponga al borde de muchos precipicios, también es capaz de llevarnos a la autocontemplación y ponernos de nuevo en mejor camino. Eso es lo mejor que tiene para ofrecer hoy la filosofia: la capacidad de autocontemplarnos.

 

¿Qué podemos notar al observarnos hoy? Podemos notar que estamos llenos del deseo de gozar de las delicias que el ingenio prometeico desencadenado ha puesto a nuestro alcance y al mismo tiempo podemos notar la indiferencia con que paisajes, vidas humanas y no humanas, etc. van siendo devoradas por ese deseo. Podemos notar que la vida a la que podemos aspirar hoy es mucho más sofisticada y cómoda que hace apenas unos siglos, pero también que esa vida es aún solo una promesa rota en tanto seguimos erosionando y sacrificando las fuentes naturales, humanas, vitales, emocionales, afectivas, convivenciales de nuestra existencia. Y entonces, al reflexionar filosóficamente, podemos dar cuenta de la necesidad  de un gran giro en nuestra vidas, en el modo en que nos tratamos y tratamos a nuestro planeta. La filosofía hoy tiene que centrarse en despertar la necesidad de que acontezca ese gran giro de la conciencia, intentando ser un faro en la niebla.

 

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