El devorador

Si un trozo de carne viviente es expuesta al curso sin alma de las fuerzas que lo rebasan entonces esas fuerzas sin alma son inevitablemente crueles. La crueldad no es un accidente de la vida, es lo que la corroe de manera continua, lo que se alimenta en sus placeres y dolores. Las sonrisas exponen lo que las amenaza, esa mueca donde la carne viviente retrocede y los huesos se vislumbran hasta que finalmente impudorosos tocan la negrura de la tierra. Todo cuerpo vivo está expuesto continuamente a la mordedura corrosiva, al apaleo infinito de las horas persecutoras de su degradación y descomposición. El amor incluso es una pauta de extracción de fuerza del cuerpo vivo en favor de la continuidad de la producción de más cuerpos vivos sacrificables en las aras de una productividad que ciega sigue engendrando cruelmente y devorando cruelmente aquello mismo que escupe al mundo. ¿Cómo evitar el desgarramiento, cómo evitar la garra que arranca trozo a trozo toda ensoñación de futuro o promesa? Cuando los cuerpos tirados sobre las sábanas ya no pueden levantarse el devorador comienza a rasgar lentamente con sus éscaras la piel inmovilizada, y luego poco a poco penetra y lleva a la necrosis cada vez más capas de tejido vivo hasta que finalmente queda abierta la puerta del dolor y la aniquilación. Eso quiere decir que no podemos tendernos y descansar, que continuamente tenemos que volver a levantarnos, que continuamente hay látigos golpeándonos el lomo adolorido, empezando por el látigo del hambre y el látigo de la sed. Somos esclavos de un amo cruel que no nos revela su propósito, un mundo demoníaco cuya aparente e indescifrable voluntad parece ser vomitar infinitamente nuevos seres para ensañarse en ellos de todas las maneras posibles mientras los tienta con una satisfacción y una felicidad que jamás alcanzarán. Estamos, pues, encenagados en una oscuridad que se relame mientras saborea diariamente la infinidad de los cadáveres de sus propios hijos.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Carlos Motta
    Oct 17, 2013 @ 02:43:32

    Muy notable poesía filosófica de la necrosis y la devoración de la naturaleza apropiada de lo humano, irracional y infinitamente insatisfecha, pues no conoce la satisfacción. Muy pesimista y muy oscura al mejor estilo de Charles Baudeleire, pues bien es cierta en efecto.

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