Coraje

Si el universo fuera diseñado su creador no pudo pensarlo amorosamente ni apuntar a la consolación de sus seres y si el universo no es una creación sino solo un flujo y reflujo desalmado de fuerzas…tampoco se puede esperar de ello consolación o refugio alguno. De modo que aquellos que esperan encontrar en medio de las incertidumbres alguna seguridad en la que detenerse suavemente a descansar se engañan y engañan a otros cuando proclaman semejantes bahías de dulzura. Hasta el agua más mansa contiene salvajes destrucciones microscópicas, hasta en el cielo más calmo florece el fuego feroz de las respiraciones y las persecusiones. Por lo tanto cuando se busca el sentido de la existencia se debe abandonar la posición lánguida del durmiente o del adormilado, se debe abandonar la pose del idólatra o del soñador pues a través de tales cristales solo se puede caer en una visión equívoca de la realidad que tarde o temprano conducirá al pesimismo y la frustración, que muy pronto desembocará en la fulguración evidente de la tragedia diaria de la existencia. El sentido del universo no puede ser un sentido consolador, un sentido acariciante y refrescante. Lo que esta realidad que nos envuelve y empuja parece exigirnos es, por el contrario, la aceptación de la tragedia y como máxima y perenne virtud la garra del coraje. Efectivamente, no se trata de buscar el solaz y la felicidad, sino de abrirse paso en la existencia abriendo paso a la existencia misma con un inclaudicable coraje, aceptando todo lo venidero sin importar cuan absurdo parezca. El coraje debe ser la insignia de los que aman realmente la existencia, amándola no solo en sus favores sino también en sus fracasos y desgarramientos. El coraje conlleva también esa clase de entrega que se espera de los amantes, pero aumentada por la intensidad trágica del que ama sin esperar el premio de la satisfacción o el consuelo. Amar la existencia aceptando el trago amargo de la muerte, amar la existencia aceptando el sacrificio y conformándose a los pequeños placeres fugaces que nunca plenifican, y amarla aunque de toda obra no haya casi recompensa y al final solo venga la marejada de la disolución y el olvido. Tan llenos de proyectos estamos a veces que perdemos de vista el centro sobre el cual el coraje tiende su fortaleza: la llama del movimiento aquí y ahora, forjando más fuego y más movimiento, generando la existencia al tiempo que la consume.

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Ana
    Feb 10, 2012 @ 10:28:33

    Hola Fernando, me he propuesto leer tus articulos. Me gustan tus comentarios en la red, un abrazo. Ana

    Responder

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