El interior de una caja como metáfora del vacío

El interior de una caja…¿no es la caja en parte? Extraña situación conceptual es esta que se nos plantea pues esta claro que si no hubiera alli un interior hueco…que no simplemente un interior, entonces la caja no sería caja. Pero entonces sí…el interior de la caja es parte de la caja y la caja no es en absoluto una caja sin su interior hueco. Esto se relaciona con la doctrina del filósofo Lao Tsé, que afirmaba que sin el vacío lo lleno, llamémoslo materia o como sea, es inconsistente, pues sin el vacío no habria posibilidad de actuar, es decir, de llenar. Así por ejemplo…una casa es más una casa por su interior vacio, su vaciedad, su interior hueco, que por sus paredes, techo o piso, y una boca es mas boca por su vaciedad que por las paredes orgánicas que la constituyen. De modo que sin vaciedad no hay actividad, no hay plenitud, no hay lo lleno. Toda presencia exige, y esto de acuerdo con Lao Tsé, una ausencia, así como toda ausencia deviene presencia. De modo que pensar en una caja es pensar en el vacío y de veras que es una cuestión valiosa…que profundiza la idea de interioridad y totalidad hasta un nuevo nivel…pues cuando pensamos en una totalidad pensamos en una “llenitud” en algo que se da pleno o al menos quisiéramos que se diera plenamente, pero lo cierto es que la totalidad del ente no es solo lo que se nos presenta de el sino también lo que se nos ausenta, lo que el ente ahueca, la vaciedad que posibilita su totalidad, o la posibilidad vacía de su estar ante nosotros. Cuando tratamos de percibir la caja en su totalidad adviene una certeza: no podemos percibir la caja en su totalidad de ningún modo porque su interior vacío es imperceptible, es solo la posibilidad vacía de una percepción, por ejemplo, la de un regalo de cumpleaños. ¿Que es el vacío? Una pregunta que me vivo haciendo. Pensar es, tal vez, pensar el vacío.

Vivisección

Analizar procurando captar la totalidad en sus partes resulta no solo en la destrucción de la totalidad analizada sino en el desespero de solo tener aparentes partes de una totalidad que ha quedado destruida y por lo tanto, ni siquiera partes. Asi procura el cruel ensañándose con su víctima retenerla para si por completo en un acto de dominación absoluta y es por ello que la tortura y la mutilación son actos muchas veces más crueles que el de quitar la vida, porque en estos actos se conserva viva a la víctima para ensañarse analíticamente con trozos de ella, con trozos de lo que aún aparece como la totalidad de la víctima, su psicosoma.

Una de las caídas irremediables de los anatomistas y fisiólogos ha sido siempre esta: la de la vivisección, la de la experimentación con el ser vivo para obtener en ello conocimiento.¿Conocimiento? Si…es inevitable la crueldad como forma de avanzar en el conocimiento y lo único que podemos hacer es suavizar, normar y minimizar esa crueldad…esperando siempre poder sustituir los procedimientos que despedazan y destruyen lo conocido…. No digamos, para justificar la analítica fáctica del frío intelecto que procura el dato, que esta destrucción no es crueldad por el hecho de que el conocimiento es necesidad humana…¿Quien dice que conocer es una necesidad? ¿Quien dice siquiera que vivir es una necesidad? Todo esto, toda la existencia incluso, tiene demasiado de gratuidad y de juego como para que hablar de la blancura seria e inocente del hacedor de conocimiento no sea más que un pésimo chiste.

La reificación del sujeto

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Aristóteles, al considerar la no predicación ni predicabilidad del singular apuntaba felizmente a la no reificación del sujeto, del ente individual, pero al introducir la idea de sustancia en relación al sujeto y distinguir entre sustancia individual y sustancia genérica o segunda cayó definitivamente en su reificación, reificación en la que hizo caer por su magistralidad a casi toda la filosofía occidental por mucho tiempo. ¿Porqué no pudo evitar Aristóteles esta reificación del sujeto, de lo subjetivo? Porque fue víctima de la gramaticalización de su ontología, de la ontologización de la estructura verbal S es P, donde lo que se da por sujeto gramatical en realidad es un objeto gramatical, un objeto que recibe predicado, es decir, que recibe determinaciones. Cuando decimos algo asi como “Pedro corre” el sujeto pedro de esta estructura es al menos la sombra de un auténtico agente, pero cuando decimos “Pedro es corredor” hemos caido en la reificación, en la objetivación de Pedro, que ya no es para nuestro inmediato entendimiento un sujeto, un agente, sino solo el receptor de una determinación, de un predicado, un receptor pasivo, un objeto.

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El desconocimiento del cero por parte de los griegos quizás este psicológicamente relacionado con la reificación del sujeto, la sustancialización del sujeto, el esencialismo, que puede notarse en la ontología aristotélica. Pues el cero viene a indicar de cierta manera la ausencia, y puesto que la cualidad de agente implica el ser indeterminado y determinante del ente, aquella ausencia se conecta psicológicamente con esta indeterminación como ausencia de determinación o determinación ausente. Sin embargo, no hay que despreciar la introducción que realiza Aristóteles del concepto de materia como pura posibilidad indeterminada, materia cuya presencia conllevaba precisamente para el la impensabilidad de lo singular en cuanto singular. Digamos que lo que hizo de la ontología de Aristóteles un elemento de algun modo retrógrado no fue ella misma sino la lectura teológica que se hizo de ella. Si…la religiosidad cristiana y su degradación de las posibilidades de lo concreto y singular a favor de lo espiritual-abstracto y universal intervino fuertemente en la interpretación desfavorable del pensamiento de Aristóteles.

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Una objeción contra todo lo que podamos reprochar a la reificación, a la sustancialización del sujeto…Cuando decimos “Pedro es corredor” en lugar de “Pedro corre” decimos mucho más que “Pedro está corriendo” pues lo que decimos es que “Pedro puede correr” aún cuando no corra…de donde el verbo “ser” no solo es innovador, sino que abre al pensamiento hacia una concepción más acabada de lo subjetivo como POTENCIA. De este modo, lo que por un lado resultó en detrimento del pensamiento por el otro resultó una gran aurora. No hay mal que por bien no venga. Tal vez se podria haber evitado todo el entredicho pues…¿acaso “ser” no es un verbo?

La X de Kant

“Quisiera saberse cómo está fabricada la “cosa en sí”; pero da la casualidad de que no hay ninguna cosa en sí. Y aun suponiendo que hubiera un “en sí”, un incondicionado, éste no podría nunca ser conocido. Algo absoluto no puede ser conocido: de lo contrario, no sería absoluto. Conocer es siempre “poner algo bajo cierta condición”; tal conocedor quisiera que aquello que quiere conocer no se relacionase con él ni con nadie, en lo cual, primeramente, se da una contradicción, como es la de querer conocer y, al mismo tiempo, no querer entrar en relación con la cosa conocida (¿cómo seria posible, en este caso, el conocimiento?), y, en segundo lugar, la de que algo con quien nadie está en relación no existe, y, por lo tanto, tampoco puede ser conocido. Conocer quiere decir “ponerse en relación con algo”, sentirse condicionado por algo y, al mismo tiempo, condicionar este algo por parte del que conoce; por consiguiente, es, según los casos, una fijación, una designación, una conciencia de condiciones (no un discernimiento de seres, de cosas, de “cosas en sí”).”

Nietzsche

Supongamos aquello que no conocemos, la X de lo desconocido. ¿Acaso por esta X no lo conocemos ya, no lo aprehendemos ya de alguna manera?. Pero si lo aprehendemos en esa X entonces no nos resulta desconocido, no resulta ajeno a nuestro conocer. Esto quiere decir que en el mismo acto de nombrar lo desconocido, lo que nos permanece oculto, estamos contradiciéndonos, pues lo damos por conocido al nombrarlo. ¿Diremos tal vez que lo desconocido es imposible? Si, si por desconocido entendemos lo puramente desconocido, lo que existe excluido del campo de nuestro conocimiento. Lo adecuado es decir que no hay nada por completo desconocido sino que todo se nos da con un parcial conocimiento y un parcial desconocimiento. No hay pues tal X de lo desconocido más que en una mente aperplejada por una contradicción de la que no quiere escapar. Dado un existente, de él tenemos algún conocimiento y algún desconocimiento, siempre, y el conocer es el avance del conocimiento sobre el desconocimiento y quizás con ello el avance de la conciencia de nuestro desconocimiento. La “cosa en sí” de Kant es esa X absurda e imposible de lo puramente desconocido con cuyo trato el sistema de Kant no solo hace agua sino que se hunde en el sin sentido.

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