Ocurrencias filosóficas para entretenimiento general

1) ¿Existe un método fácil para hacer perdurar una farsa democrática? Bueno, el método existe y se está practicando hoy día en muchas partes y me atreveré a decir con brevedad en que consiste. Todo empieza por considerar las dos dimensiones de una elección cualquiera. Para no complicar la disquisición me limitaré a suponer un ejemplo. Supongamos, pues, que un elector tiene ante si la posibilidad de elegir entre cuatro opciones en una ocasión y entre diez opciones en una segunda ocasión. El elector verá confirmado en ambos casos su capacidad de elegir, su libertad de elección, pero de manera notoriamente distinta. Podrá entender facilmente que es, al menos cuantitativamente, más libre si tiene diez opciones en lugar de cuatro. Es decir, la libertad de elección no se limita a la simple capacidad de elegir sin más sino que tiene una dimensión cuantitativa, un marco cuantitativo de elecciones que puede ser numerable como en este caso o no numerable como la elección de un punto de llegada para una flecha en un blanco. Pero está claro también que hace más libre a un individuo que elije en un marco de cuatro opciones en lugar de otro de diez si esas cuatro opciones son cualitativamente más diferenciadas y transformadoras que esas otras diez opciones que bien pudieran ser solo versiones apenas diferenciadas de lo mismo. Es decir que la libertad de elección tiene tanto una dimensión cuantitativa como una dimensión cualitativa que hay que considerar a la hora de determinar que tan libre es el individuo a la hora de elegir. Y una vez hecha esta consideración es fácil ver como condenar al individuo a una farsa democrática mientras se le sigue permitiendo que elija interminablemente. Para empeza hay que limitar sus opciones a solo dos posibilidades, es decir, a un marco electivo bi-partidista o en el formato derecha-izquierda, blanco-negro, etc. Eso querrá decir que la libertad de elección se verá reducida a un mínimo desde el punto de vista cuantitativo. Claro que esto no es suficiente porque estas dos opciones pueden encontrarse lo suficientemente diferenciadas como para que la elección sea de gran calidad. Por lo tanto hay que hacer que esas dos opciones se lleguen a parecer tanto que sean al fin y al cabo solo dos versiones de lo mismo, de la misma política, de las mismas intenciones, de los mismos propósitos. Asi, finalmente, el elector elige, siempre elige, pero siendo incapaz de determinar el marco de su elección, se manipula este marco a su minimo cuantitativo y cualitativo de tal modo que su elección llegue a ser solo una farsa.

2)Siempre me interesó el concepto de movimiento relativo en relación al movimiento absoluto. Y siempre pensé, a pesar de toda la insistencia SUPUESTAMENTE pro-einsteniana en la relatividad del movimiento que al fin y al cabo el movimiento se produce allí donde se despliega la energía y por lo tanto no puede ser nunca enteramente relativo sino que tiene que tener también, energéticamente, una localización absoluta. Una manera sencilla de entender lo que estoy diciendo es reducir la relatividad completa del movimiento a un contraejemplo que la ridiculice, SIN QUE ESTO IMPLIQUE DE NINGUN MODO IR CONTRA LA TEORIA EINSTEINIANA, QUE PRECISAMENTE NO AFIRMA UNA RELATIVIDAD COMPLETA DEL MOVIMIENTO. Sea, por ejemplo, una mosca rondando alrededor mio con insistencia de velorio (dicen que las moscas de velorio son insistentes) y yo sentado muy tranquilo en esta silla mientras escribo este texto. Ahora, como supongo que el movimiento de la mosca es solo relativo al sistema de referencia que elija pondré el origen del sistema en el centro geométrico de la mosca. En ese caso la mosca no se estará trasladando alrededor del origen del sistema pues no se estará trasladando respecto de si misma, a lo más estará rotando alrededor de ese origen, mientras que yo, evidentemente, estaré trasladandome alrededor de ese origen del mismo modo en que se traslada la mosca en el sistema de referencia cuyo origen esta en mi centro geométrico. Por lo tanto, con el sistema de referencia ubicado en la mosca…ESTOY VOLANDO.

3) Hay una constante preocupación de los filósofos en tranquilizar al público acerca de la muerte, de la extinción de la existencia individual. Recordemos al menos en relacion a ello a Feuerbach y Epicuro. Pero yo veo en esto un pequeño equívoco que no entiendo como no ha llegado a ser evidente. Porque la mayor preocupación que habría  de tener un individuo en relación a la muerte no es el morir mismo, que lo aleja de todo sufrimiento, necesidad, dolor o carencia, es decir, que se parece tanto a la felicidad, sino el proceso para llegar a morir, la agonía. En efecto: no le tememos tanto a la muerte como a la agonía y es la agonía y no la muerte misma lo único que realmente nos podemos imaginar con temor. Lo que debería preocupar al filósofo y al no filósofo en primer lugar no debería ser entonces la muerte, sino el como enfrentar y aliviar la agonía.

4) El utilitarismo al estilo Stuart Mill esconde una pequeña paradoja que me gustaria mencionar. Ciertamente podemos decir que útil es todo aquello que finalmente nos permite alcanzar alguna clase de gratificación personal, es decir, algo que, usando el termino de manera laxa, nos brinde placer. La paradoja consiste en que el placer mismo, la gratificación de una persona o de toda una comunidad, no es algo que permita a posteriori otras gratificaciones y placeres sino que por el contrario representa siempre un gasto, un lujo y hasta un despilfarro que exige nuevos esfuerzos útiles que no serán en si mismos gratificantes ni placenteros a no ser en escasas ocasiones. Es decir, la paradoja de lo útil consiste en que está al servicio de lo inútil.

5) Hace solo unos pocos dias pude ver a gente en la pobreza sobre un carro en la ruta tirado por dos caballos flacos a los que latigueaban sin conmiseración mientras dos perros sedientos y desesperados perseguian el carro quien sabe desde hacia cuanto tiempo. Entonces pensé: ¿puede haber mayor impiedad hacia los animales que ésta que consiste en no solamente ignorar su sufrimiento sino en provocarlo larga y concienzudamente? Fue el momento apropiado para darme cuenta de que la bajeza humana no tiene clase social alguna sino que se encuentra democráticamente repartida.

6) Hay un serio problema en proponer con sencillez irreflexiva la justicia social. El problema pasa desapercibido en general y constantemente porque consiste en la asunción espontánea y acrítica de una situación de hecho milenaria. ¿En qué consiste esa situación? Muy simple: hay dos formas claras de inequidad que puede llegar a ser grave y dolorosa entre los padres y los hijos. La primera forma de inequidad entre padres e hijos es la económica favorable a los hijos: los padres sustentan a los hijos con su esfuerzos y sus gastos mientras que los hijos, económicamente hablando, en nada les retribuyen, con lo cual, economicamente hablando también, los padres pueden llegar a verse como naturales y espontáneos esclavos de los hijos (y no estoy bromeando con el concepto de esclavitud, les advierto). La segunda forma de inequidad es la política: los padres toman todas las decisiones en torno a la función económica y de allí en adelante toman decisiones que no solo atañen a sus propias vidas sino también a la vida privada y hasta íntima de sus hijos, lo cual configura una dictadura en sentido político que solo los padres mismos por propia elección pueden moderar. Se me dirá aqui que esto no tiene nada que ver con la inequidad social pero…¿no será este estado de cosas entre padres e hijos lo que debería cambiar en primer lugar para llegar a una sociedad realmente equitativa, justa? También se me puede decir que la injusticia económica favorece a los hijos y la política a los padres y que por el equilibrio entre ambas injusticias se llega a una especie de justicia, pero, ¿no será esto una manera de aumentar la ceguera?

7) Todos creemos en principio que alcanza con tener los ojos abiertos para poder ver pero esa es una creencia que rapidamente se disipa porque muchas veces los ojos están abiertos pero la conciencia no necesariamente está atenta a lo que los ojos captan y el acto de ver, claramente, no se limita a la captación orgánica de luz y su tamización nerviosa sino que implica también un esfuerzo atencional de la conciencia hacia lo que se capta. Y no solo ello sino que aún cuando existiera el esfuerzo de la conciencia en atender y los ojos estuvieran abiertos aún faltaría que el sujeto que pretende ver reconozca algo semejante a lo que recuerda pues ver sin recordar es ver sin re-conocer y por lo tanto tampoco es un pleno ver. De modo que hay, al menos, tres niveles de visión. Y esto es un buen comienzo para entender porque se puede decir también que hay varios niveles de conciencia.

8) Los conceptos son siempre herramientas que emplea nuestra inteligencia y no la realidad misma que aprehendemos por medio de ellos. Para entender esto remitámonos al concepto de manzana. La manzana es el fruto del manzano y si la queremos ver en su integridad la veremos pendiendo de las ramas de dicho árbol. Una vez que la manzana se desprendió de sus ramas podemos decir que es manzana por muchos motivos pero no por su situación espacial, lo cual no parece de ningún modo más que una cirscuntancia exterior que no hace a su ser manzana. Sin embargo si pelamos la manzana tenemos un gran problema conceptual subsiguiente que ninguna actitud irreflexiva permitiría notar y el problema es que no es tan fácil ya decir que una manzana sin cáscara es precisamente una manzana, pues parece esencial al fruto del manzano el que tenga su cáscara. En efecto, ¿con que base nos atreveríamos a decir que la cáscara no es esencial a la manzana, no es constitutiva inherente de su ser? El hecho de que la conforme superficialmente de modo espacial no quiere decir que no la conforme unitariamente desde que surge hasta que desaparece si es que no intervenimos artificialmente pelándola. Y aún más: cometemos el equívoco de seguir llamando cáscara a los restos de la cáscara de la manzana sin comprender que una cáscara es justamente algo que envuelve, que recubre, mientras que los restos de la cáscara no lo hacen. De modo que bien podemos decir, si precisamos el asunto, que una manzana sin cáscara ya no es precisamente una manzana y que los restos de su cáscara ya no son cáscara.

9) Pude ver que sobre la base de la concepción actual del tiempo que tiene un cientificista acrítico o una persona común y corriente de nuestra época es muy fácil demostrar que nada existe y por ello me permito hacer la demostración aquí para concluir con esta serie de ocurrencias filosóficas para el entretenimiento general. Digamos, pues, que todo lo que supuestamente existe lo hace en tiempo pasado, en tiempo presente o en tiempo futuro. Pero de lo que supuestamente existe en el pasado se entiende que ya no actúa, ni tiene efectividad alguna en nuestra experiencia y en definitiva como no hay manera de experimentar algo pasado sino solo recuerdos y huellas presentes de lo pasado es esto lo que efectivamente existe y no lo pasado mismo. Por lo tanto, nada de lo pasado existe. Y con mucha más razón podemos decir que lo futuro no existe porque de ello no solo no tenemos experiencia efectiva sino que ni siquiera tenemos recuerdos o huellas presentes que nos den idea de su existencia. Por lo tanto, con más razón aún, lo futuro no existe. Aun podrá decirse sin embargo, que lo presente existe, pero diré en cambio…¿qué tanto existe, durante cuánto tiempo? Porque el hecho es que el presente no dura sino que solo es un instante que separa la inexistencia pasada de la inexistencia futura y puesto que no tiene duración, puesto que carece de extensión temporal…su duración es cero…bien puede decirse que el presente es la inexistencia que separa la inexistencia pasada de la inexistencia futura y que NADA EXISTE.

La latencia invisible

 

En lo relativo a la posibilidad de un evento se dispone filosóficamente desde hace mucho tiempo de dos términos valiosos: necesidad y contingencia. Contingente es aquel evento que puede suceder pero también puede que no suceda, mientras que necesario es aquel evento que sucede o llegará a suceder inevitablemente con total independencia respecto de lo que lo antecede o de las anticipaciones que se tengan del mismo.

Así, por ejemplo, la muerte de cada individuo vivo es un evento necesario mientras que su nacimiento es contingente, es decir, no es necesario que lleguemos a la existencia concreta, sino que bien podria no haber sucedido, mientras que es necesario que algún dia finalmente lleguemos a desaparecer del ahora. Esto significa que nacimiento y muerte no son simétricos ni intercambiables pese a que se suele entender que la muerte es una especie de retorno a la condición previa al nacimiento. No es así. Antes de nacer somos posibles futuros (sin existencia concreta) mientras que después de la muerte nuestra existencia concreta, si es que aconteció, finalmente yace agotada, consumada, y con ello ya no somos posibles futuros. No es posible volver a vivir jamás pues la contingencia se agota sin repetición.

Entre lo necesario, como la muerte o el limite lumínico de velocidad, y lo contingente, nuestras existencias concretas, parece abrirse un abismo, un acantilado. Mientras que lo necesario aparece solidamente concatenado en un prisma de necesidades que constituyen el orden universal las contingencias aparecen, por su parte, deshilachadas e inconexas en un mar de incertidumbre que solo la firmeza de lo necesario parece situar en un ambito de comprensibilidad y previsión más o menos estable. Esta miseria de lo contingente, que es al fin y al cabo la miseria de la vida individual, apabulló a los filósofos siempre y es por ello que pensadores como Leibnitz o Einstein pretendieron encontrar en el orden universal la subsunción total de toda contingencia con lo cual no habría ya posibles actuantes sino solo descartados o subjetivos, mientras que nuestras vidas no serían ya, por este expediente, más que ilusoriamente contingentes y cósmicamente necesarias en el telar absoluto de una necesidad completa. Así también, nuestra inteligencia podría aspirar a una comprensión total del devenir con la precisión reaseguradora de la matemática y la muerte no estaría del otro lado de la vida.

Pero entre lo contingente y lo necesario voy a suponer, y no debo estar muy lejos de la realidad, muchos grados de latencia, es decir, de acercamiento a lo necesario en muchos eventos sin que la necesidad sea completa, de alejamiento de la contingencia pura. Es más…diré que no hay necesidad absoluta ni contingencia absoluta sino solo distintos grados de latencia en los eventos. ¿Cómo dar a comprender esto? Bueno…la muerte misma del individuo no es absolutamente necesaria por cuanto la muerte solo sucede en cuanto este ha nacido y eso quiere decir que la relativa necesidad de la muerte esta atada a la contingencia del nacimiento. Con respecto al nacimiento a su vez podemos distinguir una latencia mayor del mismo cuando el deseo y el amor de pareja se presentan y una latencia menor cuando se alejan así como se vuelve más latente la muerte cuando estamos al borde de la calle para cruzarla que cuando estamos en la tranquilidad de nuestra cama. Los eventos ocurren cuando la latencia estalla en concrescencia, cuando un potencial eventual se descarga, son síntesis más o menos explosivas de interacciones que se acumulan espaciotemporalmente y quizás, muchas veces necesitan de un detonador para estallar. El nacimiento de una planta a partir de una semilla se hace más latente cuando la semilla cae en la tierra y aún más cuando esta se humedece pero el acontecimiento no se produce hasta que esta latencia alcanza un umbral crítico en el cual finalmente lo latente se concreta.

Estamos acostumbrados a pensar nuestro entorno en términos de lo que concretamente experimentamos pero si lo pensamos bien no solo estamos rodeados de eventos concretos sino de la latencia de muchos eventos posibles para los cuales nuestra atención debe guardar una reserva de expectativa y sospecha. En realidad no nos movemos por el M/mundo solo interactuando con lo que percibimos sino también con todos los potenciales eventuales cuya descarga se puede producir en cualquier momento de nuestra trayectoria. No recorremos un camino firme sino un sinuoso camino en el que se destaca lo visible concreto y se perfila lo invisible latente.

Dejad a los niños en libertad

Partiendo de una postura laica podemos decir que el principal objetivo de cualquier estado es el de conservar y propulsar la libertad de conciencia de los ciudadanos impidiendo que cualquier clase de adoctrinamiento sea realizado usando el aparato estatal. Al mismo tiempo este principio de laicidad lleva al resultado paradójico pero no contradictorio de que el aparato estatal no puede ser utilizado para coaccionar al ciudadano en el sentido de una imposición del laicismo como doctrina, de modo que el estado tampoco puede perseguir a las instituciones privadas, sobre todo las religiosas, con el pretexto de la libertad de conciencia.
Lamentablemente el principio laico ha sido desarrollado hasta este punto y no más no considerando con seriedad suficiente el problema educativo. En efecto, un estado laico no debe perseguir los adoctrinamientos particulares que se den bajo su soberanía ni puede él mismo adoctrinar a los ciudadanos, pero el mero establecimiento de estas dos condiciones no es suficiente para dar una garantía universal respecto a la libertad de conciencia del ciudadano.
El ciudadano no llega a ser ciudadano por el mero hecho de alcanzar la mayoridad biológica sino que el ciudadano lo es de manera efectiva en cuanto puede responsabilizarse frente a sí mismo y la comunidad y solo puede hacerlo con la mayor libertad de conciencia si durante el arduo esfuerzo educativo previo tampoco se lo adoctrina. La minoridad debe ser protegida, por lo tanto, del adoctrinamiento, aún más que la persona que ya posee carta de ciudadanía, pues el adoctrinamiento prematuro no solo obstruye la libertad de conciencia sino que impide una ciudadanía auténtica, una ciudadanía capaz de defender responsablemente su propia libertad de conciencia. El principio de laicidad debe extenderse, entonces, hasta abarcar la convicción de que no solo el estado no debe adoctrinar al ciudadano sino que también debe impedir e incluso perseguir todo intento de adoctrinar a los niños, limitando su educación a la adquisición de conocimientos que como los científicos, deportivos, artísticos y filosóficos, le permitan desarrollar libremente su propia concepción política  y religiosa de la coexistencia humana sin ser forzado por ninguna vía en particular. Ello quiere decir que EL ESTADO LAICO NO DEBE PERMITIR QUE LOS NIÑOS SEAN ADOCTRINADOS POR NINGÚN INTERÉS PARTICULAR, POR NINGUNA FAMILIA, POR NINGÚN GRUPO RELIGIOSO, y que debe combatir cualquier intento de que esto se haga incluso tomando bajo su plena tutela la educación de los niños que sean agraviados en su conciencia por esta desgraciada costumbre de someterlos a los prejuicios de sus padres o a la voluntad de personas que siendo mayores pueden ejercer sobre ellos, de este modo, un abuso irreparable. Es necesario proteger a los niños del deseo descontrolado de las viejas generaciones por perpetuarse en ellos utilizándolos como materia maleable de sus ambiciones y sus ilusiones. Lamentablemente esta vil costumbre de inculcar en los niños todos los errores y estupideces que a su vez se han recibido de la generación anterior como una carga no ha sido vista hasta ahora como uno de los grandes perjuicios que puede sufrir la libertad de conciencia y no se la ha combatido como es debido.

En Uruguay, en particular, y sin descartar el mismo resultado respecto de otros adoctrinamientos presentes en el país, deseo fervientemente que toda educación cristiana que hoy se ejerce sobre la minoridad de manera descontrolada sea prohibida, quitándole a la institución católica, sobre todo, este poder desmedido de educar  a los futuros ciudadanos uruguayos. No es cierto de ningún modo que los padres tengan el derecho de elegir para sus hijos la educación que se les antoje: esto es nada más que arbitrariedad y abuso de la conciencia infantil.

La más evidente de todas las verdades

Descartes buscaba una primera verdad que no fuera suceptible de duda. Hoy dudamos de su “Pienso, luego existo” pues hay en él mucho prejuicio aferrado. Preocupado por el fracaso de tan inspirado profeta de la razón yo quiero proponer la siguiente proposición como verdad evidentísima que será el comienzo de una completa axiomatización de la realidad en nuestras manos (si no es demasiada ambición la mía): ALGO ACTÚA. Esta afirmación tiene sobre la cartesiana dos ventajas : en primer lugar el término ALGO no enuncia un sujeto determinado sino uno indeterminado…incluso ni siquiera enuncia un sujeto en sentido ontológico…solo un sujeto en cuanto a la estructura gramatical, pudiendo ser este sujeto un objeto en sentido ontológico. Y en segundo lugar el término ACTÚA corresponde al más indeterminado y general de todos los verbos posibles pues mientras que todo verbo enuncia acciones el verbo actuar enuncia la ACCIÓN misma sin determinación agregada alguna. Así pues, ALGO ACTÚA es la más indeterminada y general afirmación que pueda realizarse acerca de la realidad e incluso puede decirse que la realidad es justamente la totalidad de lo que actúa, es decir, que la realidad queda definida por esta proposición evidentísima. Pero además esta proposición no es susceptible de ulterior análisis pues si solo se enunciara el ALGO éste algo al menos ES y por lo tanto ACTÚA, mientras que si solo se enunciara ACTÚA está claro que concomitantemente se estaría enunciando un sujeto de esa acción, sea cual sea dicho sujeto, un ALGO. Y para coronar la contundencia en su evidencia esta afirmación, que ALGO ACTÚA, no puede ser negada pues el mero intento de su negación, el mero esbozo de su posible negación YA ES UNA ACCIÓN y permite concluir justamente lo que pretendería negarse: que ALGO ACTÚA. Y aún si se pretendiera que siendo una afirmación sumamente general y evidentísima podría sin embargo existir alguna afirmación aún más general y evidente se puede contestar que esto es imposible pues está claro que no hay más indeterminado verbo que ACTUAR ni más indeterminado sujeto que ALGO, y con ello resultan ser los más generales, siendo además de tan alta evidencia que ya es ALGO este texto en que presento este axioma ontológico y ya es ACCIÓN su misma presentación.

¿Acaso podría estar equivocado? Bueno…espero argumentos.

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