La obsesión del consumo

El hambre, la sed, el deseo sexual, la aspiración al lujo, al placer, al ocio, por su recurrencia interminable dentro de la vida de cada individuo, en cada escenario social, a través de las generaciones, siendo un basamento móvil de la vida orgánica del ser humano, funcionan como obsesiones incurables, como persistentes anzuelos de la voluntad, como vicios impuestos por la propia estructura biológica fundante. Y la autoconciencia, experimentando estos impulsos no refrenables sin tensión creciente, sin disciplina amarga y poco atractiva, sin sentir profundamente que se pierde tiempo y se malgasta vida al no responder lo más ciegamente posible a ellos, sufre y se repite entre satisfacerse en ellos o en refrenarlos momentáneamente. Pero toda resistencia es inútil, la estructura del deseo esclaviza en mayor o menor medida a la autoconciencia que a duras penas quisiera rebelarse con gestos de inacción o desprendimiento o supresión simbólica de la garra deseante. Así se desmoronaron y siguen desmoronándose los edificios morales, las trampas de la disciplina, las cárceles de la frugalidad; y la tecnología, la ciencia, el rendimiento general de la economía, se arrodillan ante el ídolo de la necesidad biológica, le llenan la boca y todo termina entonces en CONSUMO, el consumo al que se acude con la voracidad desatada de un rendimiento corporal que se incentiva a través del aparataje mediático y la caricia servicial de miríadas de organizaciones y aparatos destinados a complacer, acariciar, ofrecer, excitar, cargar y descargar. Las sutilezas intelectuales de la autoconciencia se ahogan en un buen vino y un plato delicioso con su consecuente postre, en orgasmos más o menos pornográficos, en imágenes del deseo y deseo de imágenes. Por supuesto las viejas religiones de la abstinencia renegaron sin fin y aún lo hacen de manera turbia contra la esclavitud del deseo, de la materia consumible y consumante, pero ello no obstó a que finalmente llegásemos a este reino de la tripa llena y los genitales colocados. Pero la autoconciencia si bien no quisiera volver al látigo de la renuncia, de la castidad, del ayuno y las rodillas adoloridas de tanto hincarse, tampoco encuentra tranquilidad en la obsesión del CONSUMO para el cual finalmente el sistema de todas las relaciones humanas globales se ha desnudado en la forma de un lujurioso festín ardiendo sobre la negrura del petróleo y que podemos llamar capitalismo pero también orgía energética. De modo que tal vez no regresen los millones a adorar viejos paisajes de flagelo y pecado el día que los lagares del petróleo se agoten y deba volverse a probar la austeridad y la postergación. Tal vez se encuentre un camino medio entre la renuncia y la orgía, entre la disciplina y la ebriedad, un camino medio que evite tanto la locura moral como la locura del consumo, y que por lo tanto evite los fratricidios organizados en cuerpos privados de amor a la vida e impulsados a la destrucción y la autodestrucción, pero también los fratricidios caníbales que esqueletizan cuerpos para que el café y el azúcar no falten en mesas lejanas rodeadas de vientres indolentes.

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7 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. fernando-g
    Mar 30, 2012 @ 02:12:42

    Aclaración: La orgía energética, también conocida como capitalismo, nació en realidad con la cosecha del carbón, el antecedente del petróleo que posibilitó la máquina de vapor y el descubrimiento, al mismo tiempo, del inevitable principio de la degradación de la fiesta (segundo principio de la termodinámica). Los primeros grandes cosechadores de carbón fueron los ingleses.

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  2. fernando-g
    Mar 30, 2012 @ 02:17:33

    Segunda aclaración: Hay un canibalismo directo y un canibalismo indirecto. Se puede comer directamente la carne del prójimo o se le puede quitar el alimento para el propio consumo voraz de tal modo que el engorde propio es inversamente proporcional a la inanición ajena. Mi texto se refiere basicamente al canibalismo indirecto que hoy día se practica en gran escala.

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  3. fernando-g
    Mar 30, 2012 @ 02:19:46

    Las religiones de la abstinencia son la mejor receta contra el crecimiento económico basado en el consumo, pero también son una receta para suprimir el crecimiento de la humanidad.

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  4. HILDA KENNEDY
    Mar 31, 2012 @ 21:31:05

    “un camino medio que evite tanto la locura moral como la locura del consumo”

    Se r humano no es tarea fácil. Si fuéramos así de controlados, esto no sería la tirerra, sería el cielo,, muy aburrido con todas las contradicciones resueltas, ( no me acuerdo que autor dijo eso de las contradicciones), pero por lo menos un poquito más de solidaridad y un poquito menos de egoísmo no vendrían mal, y un poquito de sexo con ética tampoco.

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  5. HILDA KENNEDY
    Mar 31, 2012 @ 21:32:10

    Ahora me acordé: alejo Carpentier, en el libro “El reino de este mundo”

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  6. HILDA KENNEDY
    Mar 31, 2012 @ 21:36:58

    Hay un tema que me gustaría que nos dieras tu parecer. Cuando decimos que amamos a alguien lo amamos de veras? Y qué es amar? Por qué si hoy decimos te amo, mañana es un monstruo porque estaba disfrutando con otra? Ya no lo queremos, nos defraudó? Pero si lo queríamos hasta ayer por qué no lo queremos hoy si lo vemos feliz con otra? Si lo amamos acaso no lo queremos ver feliz? Por qué entonces nos enojamos y lo odiamos? Acaso sólo amamos a alguien en la medida que “ese alguien llene alguna necesidad profunda que tenermos” y cuando deja de hacerlo ya no nos sirve? Entonces que es el amor? Existe?

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  7. fernando-g
    Mar 31, 2012 @ 22:36:27

    Muy, muy difícil la cuestión del amor, Hilda. Lo que yo he dicho alguna vez es que hay que insistir en el amor de carne y hueso contra la insistencia peligrosa en el amor ideal, abstracto, puro.

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