El cuerpo como pertenencia desechable

Hay una conciencia humana así como hay una conciencia viviente de la cual aquella es una manifestación particular. Las raices pretéritas y profundas de la conciencia humana las podemos hallar en el trasfondo de lo vivo pero…¿Emerge la conciencia humana de esas raíces por encima de lo que la anticipa o solo es una mancha más en la piel del gran tigre? Entiendo que la conciencia humana está destinada de otra manera que el resto de las formas vivientes a causa del repliegue reflexivo, esto es, a causa del repliegue de conciencia que constituye la capacidad de pensar. Lo que destina y caracteriza a la conciencia humana es la reflexión sobre sí misma, es el reflejarse teniendo de este modo conciencia de sí misma. Es decir, todo lo que antecede a lo humano en materia vital es conciencia simplemente abierta al dato de lo real mas la conciencia humana es, emergentemente, autoconciencia, conciencia que se capta a sí misma en el dato de lo real.

Al captarse a sí misma la conciencia humana se hace para si objeto y puesto que la manera en que el ser humano objetiva lo real es mediante manipulación el objeto que la conciencia humana es para si es la multitud de los cuerpos humanos en la que se destaca el cuerpo individual en el que la reflexión se da desprendiéndose de la generalidad de la especie. Hay cuerpos y una conciencia de esos cuerpos pero tan pronto los cuerpos son objetivados en la reflexión al reflexionar unos sobre otros se individualizan y se destacan para si con una conciencia individualizada. Así la autoconciencia es primeramente la conciencia de un cuerpo que es para si en lo individual, destacándose en la multitud de los cuerpos que son objetivados por la especie al reflexionar y por lo tanto una conciencia que se individualiza objetivándose en cuerpos que se dan por separado recortándose sobre la totalidad de lo real y la multitud en juego de todos los cuerpos. Hay dos ingredientes necesarios para que esto sea así: que los sentidos recorran los cuerpos y que los cuerpos poco a poco, por el recorrido de los sentidos se diferencien unos de otros y se den como objetos separados e independientes. Es pues necesario que las unidades vivientes de la humanidad interactúen reflexivamente otorgándose los cuerpos hasta que cada individuo es para si un cuerpo que a si mismo se otorga y que todos los demás cuerpos dejan afuera. Ser un cuerpo es, en principio, tener un cuerpo que ha sido concedido en la convivencia de los cuerpos a una conciencia que se da individualizada en ese cuerpo.

Pero el cuerpo es objeto de esa conciencia individualizada y en el acto de objetivarse como ese cuerpo que es para si la conciencia no se reconoce de inmediato por cuanto ella sujeta ese objeto, es el sujeto de la acción que objetiva y recorre ese cuerpo que es por esa manipulación suyo…y no el mero objeto que se le aparece como perteneciéndole. De modo que la autoconciencia, al individualizarse, se desdobla en un cuerpo-pertenencia y en un sujeto que lo posee…la mente, el alma. La pauta primera del ser individual reflexivo, la persona, es la pauta de su desdoblamiento en mente y cuerpo, siendo el cuerpo para la mente en principio algo ajeno que se le da como una pertenencia. El cuerpo no se hace posible como territorio de una conciencia individual más que por la enajenación de la conciencia a partir de sí misma…la enajenación que pone al cuerpo como una tenencia más allá de lo que la conciencia es en si…la mente. Descubrirse autoconciente es insistir luego en el cuerpo que se tiene como esa posesión que esta allí y que aún no se puede admitir como lo mismo que la piensa…es estar ante si mismo como una mente frente a un objeto-cuerpo que ha sido puesto al reflexionar fuera de la mente aun cuando mente y cuerpo son solo las dos fases del sujeto-objeto autoobjetivante que es la autoconciencia.

Mientras los cuerpos van destacándose de la masa corporal que pone en juego la reflexión social y la relación con la madre…y este cuerpo en especial se vuelca sobre esta mente para ser su cuerpo y dar a esta mente un territorio en el cual se independiza y escapa al tejido de los cuerpos entrelazado por el juego de las manipulaciones…se ejercita también el manipulador humano con el mundo a través de la deriva de las técnicas. Mas estos dos desarrollos no pueden permanecer paralelos y la territorialidad del cuerpo en el que la autoconciencia se enajena para ser mente de ese cuerpo en cuanto pertenencia se fusiona con el desarrollo técnico para engendrar la técnica sobre el cuerpo que remarca la tenencia del cuerpo en un tratamiento técnico del mismo. Y así los aros, los collares, la pintura corporal, van remarcando y señalando el territorio corporal y la mente individual profundiza en sus límites corpóreos exigiéndose por la profusión de esos juegos técnicos de territorialización del cuerpo, un estar ante si misma que la máscara finalmente viene a remarcar por contrapartida. La mente se retira entonces a la intimidad detrás del cuerpo tratado y representado técnicamente para la fiesta artística de los cuerpos en la danza y en la gesticulación que alza la máscara sobre el rito. El individuo no hace por este camino más que profundizar la enajenación con la que vive su desdoblamiento en mente-cuerpo pues al interiorizarse como mente detrás de una representación lo único que resta en la comunión de las mentes es la comunión de los cuerpos representantes de esa comunión. Es entonces cuando el individuo ya está listo para sentir la soledad y la deriva que lo aleja dentro de los límites de un cuerpo del juego de las representaciones sociales hacia un territorio situado detrás del mismo territorio que le pone límites: la mente se oculta detrás del cuerpo enmascarado que vive aún en el juego de los cuerpos, experimenta lo incomunicado como algo distinto y separable de lo que comunica y se representa en comunidad.

Pero es, sobre todo, la pérdida de los cuerpos lo que remarca la final necesidad de vivirse a si mismo detrás de las máscaras y de los cuerpos como mentes que ajenas a esas pérdidas y a la pérdida posible de este cuerpo en el confín temporal de la muerte pueden aún vivir de algún modo más allá de las máscaras, los cuerpos y las pérdidas de los cuerpos y así tenemos la realidad desdoblada en dos entidades que entifican distintamente a la mente-cuerpo…el mundo de lo espiritual y sobrenatural y la naturaleza que vomita y devora continuamente los cuerpos en sus ciclos sin fin de creación y destrucción. La enajenación viene a ser por este camino una salvación de la mente-alma que al perder el cuerpo aún no habrá de perderse a si misma y así la ritualización de la pérdida de los cuerpos vendrá pronto a resaltarlo cargándose con la simbología de lo espiritual que se aleja, separa y enajena esperanzadamente de lo mortal-corpóreo. El mundo de los muertos se solapa al mundo de los vivos y la incomunicación de los sueños viene a dar el golpe de gracia a toda deseo de retomar lo meramente natural y corruptible por la ilusión de hallarse comunicado por su intermedio con ese mundo en el que aún viven las almas que han perdido sus cuerpos.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. ricardo
    Dic 02, 2015 @ 15:20:34

    Es notable la conspicua idea ke transmiten algunas películas, tal vez por herencia calvinista : los cuerpos son envases desechables, dónde puede insertarse una mente, una conciencia.

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