El cerebro humano está colgado

El cerebro humano está colgado. Con esto quiero decir que no se encuentra inmerso sin más en el cuerpo que lo nutre y al cual se encuentra inervado sino que él tiene respecto del cuerpo la capacidad de desconectarse objetivándolo desde un afuera que lo soporta y hace posible su hazaña. El cerebro humano puede dirigir su actividad no solo en la dirección de modificar artificialmente al cuerpo que lo alberga sino también en la dirección de su mutilación o destrucción, provocando con esto último su propia autodestrucción. ¿Cómo lo logra? ¿Qué es ese afuera que lo soporta y del cual cuelga? En principio de lo que se trata es de la red de los cerebros en comunidad, ya sea local o global. Efectivamente, los cerebros humanos no tienen actividades aisladas respecto de una red de cerebros en la cual esa actividad es posible en la forma de una corriente simbólica que es interiorizada y exteriorizada continuamente por los cerebros a la interna de cada uno y entre ellos en la forma de un flujo oral-escritural-icónico-ideográfico-etc. La actividad cerebral humana presupone la necesidad del flujo simbólico, la compulsión a la comunicación intercerebral. Solo durante el estado del sueño el cerebro logra desconectarse parcialmente de la influencia que la red cerebral ejerce sobre él, y en ese estado aún ocurre, sin embargo, que no se aleja totalmente de ella. Esta red cerebral a la cual el cerebro humano continuamente está en menor o mayor medida conectado lo coloca en esa capacidad de distanciamiento respecto del cuerpo pues a diferencia de los demás órganos corporales no tiene una referencia absoluta al cuerpo sino relativa desde la red cerebral de la cual cuelga. El cerebro humano está colgado en una red cerebral que se autonomiza respecto de la masa orgánica de los cuerpos que sustentan los cerebros constituyentes de la misma. En la interacción intercerebral se crea una organicidad simbólica que se autonomiza de la base orgánica y autonomiza a cada cerebro respecto del cuerpo al cual está asociado. Esta organicidad simbólica, que podemos llamar espiritual-espectral, tiende, además, a crear soportes no biológicos para su expansión, desarrollo, crecimiento, potenciación, máquinas y aparatos de todo tipo que son proyecciones de sus flujos simbólicos y que en forma de máquinas informáticas logran convertirse en extensiones supercerebrales de memoria, percepción, imaginación, etc. A medida que pasa el tiempo la organicidad simbólica de la red cerebral se vuelve no solo global-planetaria sino que se hace más potente en su aspecto no-biológico tecno-simbólico, colocándose en una decisión con respecto a los cuerpos y a los ambientes orgánico-biológicos que los sustentan. La colgadura de la red de cerebros la aliena de su base biológica y ello genera la necesidad de una decisión ecológica respecto de la relación entre el poder del cerebro y el poder biológico. Esta decisión se aproxima o bien, ya está en proceso.

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