La mutilación educativa uruguaya

Escena de la película “The Wall” de Alan Parker

“Tomar al niño, inmovilizarlo en el banco de la escuela, comprimiendo sus bríos ejecutivos para encauzarlo por entero hacia la escuálida especulación mental, abstracta, que, si puede llegar a comprender más o menos penosamente, no le interesa, es contrahacerlo, y, por lo mismo, desadaptarlo, suprimiéndole o rebajándole su modalidad orgánica más fructuosa: la productividad. Este tratamiento, que excluye la acción, al polarizar toda la mentalidad dentro del campo subjetivo, durante el período escolar, constituye una verdadera mutilación de la individualidad, de graves consecuencias sociales, por cuanto, si al ejercitar el niño simultáneamente las facultades se equilibra y amplia, al ejercitar sólo algunas, se unilateraliza, y queda así restringido su campo de actividad.Si acaso el egresado, por la costumbre, no se hubiese despreocupado enteramente de todo ejercicio integral, dicho desperfecto queda irremediado en nuestro ambiente, donde no hay culturas productoras que puedan reintegrarlo y reformarlo con eficacia.” José Pedro Figari, filósofo, pintor y educador uruguayo, “Educación y Arte”

Resumen: A fin de mutilar educativamente el futuro de una persona con el objetivo de circunscribir su voluntad y su imaginación a la realidad establecida se han esgrimido desde tiempos lejanos ciertas estrategias que continuamente renacen y son reaplicadas. En este texto pretendo mencionar algunas de dichas estrategias a fin de prevenir a la conciencia contra ellas, ejemplificándolas para el caso uruguayo.

Palabras claves: educación, mutilación, persona, minusvaloración, inmovilización, utilización, uniformización.

1-Minusvaloración

La minusvaloración consiste en colocar al educando bajo la égida de un juicio general acerca de su persona que le haga percibirse como incapaz o inepto en algún sentido de tal modo que por esta incapacidad o ineptitud que se le señala tienda a menospreciarse y colocar su aprecio, admiración, etc., en el educador, que de este modo puede autoatribuirse las virtudes cuya ausencia denuncia en el educando. Esto genera una situación de dependencia provocada que da dominio al educador y hace obediente al educando. Un ejemplo clásico de minusvaloración es el que se practica en el cristianismo al llamar a todos los adeptos por iguales pecadores, pecadores innatos. Cuando el adepto se asume como pecador, como portador de esta afección que lo hace réprobo ante sus propios ojos, fácilmente el pastor eclesial puede inculcarle su mandato y enseñanza, siendo libre incluso de castigarlo por culpas que el mismo educando admite sin problemas. El filósofo Federico Nietzsche lo explica así en su obra “El Anticristo”: “Desde el punto de vista psicológico, en toda sociedad u organización sacerdotal los pecados se hacen indispensables: son los verdaderos manipuladores del poder: el sacerdote vive de los pecados,tiene necesidad de que haya pecadores… Principio supremo: “Dios perdona a los que hacen penitencia”; en otros términos: Dios perdona a quien se somete al sacerdote”.

En un formato más actual la minusvaloración puede tomar la atractiva forma del asistencialismo que consiste en tomar al educando como víctima de su circunstancia llevándolo a pensar en si mismo como tal y a percibir la necesidad de ser educado como una ayuda, como una muleta para su personalidad carente. Por supuesto, el asistencialismo se limita en su práctica a quienes efectivamente son carentes desde el punto de vista económico y social, embretando a quienes sufren esta situación socialmente creada en la incomprensión de la misma, que ha sido creada y mantenida por los poderes fácticos que los asisten y menosprecian, y asimismo en una espera del otro-asistente que les quita la posibilidad de autogenerar una respuesta frente a la carencia que se les inflige por una sociedad alejada de la equidad. En Uruguay existe la tendencia hoy día a convertir todo el aparato educativo público primario y secundario en un gran centro de rehabilitación de carentes, concentrándose la educación de los sectores pudientes en escuelas y liceos privados. Respecto al asistencialismo dice Paulo Freire en su ensayo “La educación como práctica de la libertad”: “El gran peligro del asistencialismo está en la violencia del antidiálogo, que impone al hombre mutismo y pasividad, no le ofrece condiciones especiales para el desarrollo o la “apertura” de su conciencia que, en las democracias auténticas, ha de ser cada vez más crítica.”. Y luego: “Lo que importa, realmente, es ayudar al hombre a recuperarse. También a los pueblos. Hacerlos agentes de su propia recuperación. Es, repitamos, ponerlos en una posición conscientemente crítica frente a sus problemas. El asistencialismo, al contrario, es una forma de acción que roba al hombre condiciones para el logro de una de las necesidades fundamentales de su alma —la responsabilidad.”

2-Inmovilización

La inmovilización consiste en colocar al educando en una postura lo más pasiva posible dentro del proceso educativo, de tal modo que su acción de aprendizaje se limite a lo que se le exige, a lo que se le manda, a lo que se le impone. Educar mediante sobrecarga de reglas y rituales es parte de la estrategia de inmovilización, pero también está incluida en esta estrategia la tendencia a controlar el cuerpo del educando dentro de un espacio restringido, cerrado, y aún dentro de ese espacio cerrado colocándolo en una posición lo más estable e inerme posible. Así ha sucedido casi desde siempre en la educación pública uruguaya, que consiste básicamente en mantener en un estado de quietud y atención pasiva durante horas a los niños y jóvenes en sus asientos, limitados en su actividad al uso del lápiz y el cuaderno, y esto durante los doce años del ciclo primario-secundario de enseñanza. Es cierto que existen también tendencias residuales, casi subversivas, a relajar en control, permitir la movilidad corporal, estimular diversidad de actividades, pero esto no hace mella en la tendencia central hacia la inmovilización mutiladora de la voluntad. Merced a esta inercia provocada la sociedad logra individuos pasivos, mental y corporalmente tímidos, con predisposición a la obediencia y el acatamiento de normas y autoridades. Lo que se pierde, por supuesto, es la audacia, la iniciativa, la creatividad, el coraje, la capacidad para gobernar los propios movimientos mentales y corporales y producir a partir de las propias fuerzas. Cito aquí al respecto al filósofo uruguayo Pedro Figari en su obra “Educación y Arte” (Biblioteca Artigas, Montevideo, 1965): “Es cierto que en las escuelas, liceos y universidades se enseña matemáticas, física, química, mineralogía, botánica y otras ciencias naturales, pero no es menos cierto que se enseñan estas ramas con un propósito de diletantismo más bien, para llenar una curiosidad especulativa, que, si forma un barniz cultural, no prepara una cultura efectiva como lo sería un enseñamiento práctico, integral”. Y luego: “Todas las escuelas deben aplicarse a fomentar la producción en la forma más efectiva posible, de modo que acostumbre al alumno a trabajar pensando y a pensar trabajando.”

3-Utilización

La utilización consiste en limitar la educación a la transmisión de conocimientos y pautas conductuales que son considerados útiles, en el más amplio sentido del término, por la sociedad existente. Y no solo eso sino también menospreciar o incluso despreciar cualquier intento del educando por lidiar críticamente con la materia educativa que se pretende que ingiera o por escapar tangencialmente de ella hacia nuevos aprendizajes no considerados útiles pero que si le sean atractivos y favorables a su crecimiento personal. Por medio de la estrategia de utilización mental, corporal y emocional el educando se convierte en materia prima del educador, que en este caso suele estar imbricado en un gran aparataje de programas destinados a disciplinar e informar, del cual él es un agente transmisor. En un marco religioso la censura de lo que se considera inútil o incluso nocivo se realiza mediante el procedimiento regular de la prohibición, mientras que en un marco técnico actual la mutilación utilitaria pasa por un embretamiento programático de la mente y el cuerpo del educando que obtura su capacidad para ver alternativas educativas, o para generarlas él mismo mediante su propio emprendimiento. Fácilmente puede notarse que la educación pública uruguaya está guiada por un fuerte marco de utilización del educando en el sentido científico-técnico aún cuando sobrevive salida de viejas aspiraciones humanistas la tendencia a aportar cultura general a través de la educación cívica, filosófica, artística, etc. Hoy día se remarca cada vez más la aspiración institucional a utilizar, a convertir al educando en herramienta social, contra cualquier aspiración a su desarrollo autónomo e integral. Y si se introducen aún propuestas relacionadas con el arte, la filosofía, etc., se lo hace accesoriamente y con tal limitación que puede pensarse, por supuesto, en su inutilidad. Paulo Freire en su obra “Pedagogía del oprimido” se expresa en torno a esta cuestión del modo siguiente: “En vez de comunicarse, el educador hace comunicados y depósitos que los educandos, meras incidencias, reciben pacientemente, memorizan y repiten. Tal es la concepción “bancaria” de la educación, en que el único margen de acción que se ofrece a los educandos es el de recibir los depósitos, guardarlos y archivarlos. Margen que sólo les permite ser coleccionistas o fichadores de cosas que archivan. En el fondo, los grandes archivados en esta práctica equivocada de la educación (en la mejor de las hipótesis) son los propios hombres. Archivados ya que, al margen de la búsqueda, al margen de la praxis, los hombres no pueden ser. Educadores y educandos se archivan en la medida en que, en esta visión distorsionada de la educación, no existe creatividad alguna, no existe transformación, ni saber. Sólo existe saber en la invención, en la reinvención, en la búsqueda inquieta, impaciente, permanente que los hombres realizan en el mundo, con el mundo y con los otros.”

4-Uniformización

La uniformización consiste en aplanar la conducta del educando para llevarla a un esquema fijo de reacción frente al educador, compartido con el resto de los educandos. Ella existe no solo a nivel de la vestimenta como lo indica el uso de uniformes lo más monótonos posibles sino que ocurre también a nivel de las costumbres mentales y sobre todo a nivel emocional, donde se tiende a aplacar cualquier expresión del educando que salga de un canon de intensidad y ubicación prefigurado y que por lo general está dentro de los márgenes de la calma y el silencio. Ciertamente el silencio, la calma, la monotonía emocional, son herramientas para la concentración mental, pero la concentración no es el único estado en el que se aprende y hay muchos aprendizajes que se logran más bien a través del juego, de la movilización emocional, del involucramiento afectivo, sobre todo el aprendizaje mismo del manejo emocional y afectivo autónomo. La uniformización que finalmente desmotiva por las carencias emocionales que provoca y que contribuyen a la falta de involucramiento personal en el aprendizaje, sirve a la búsqueda de un ambiente educativo dócil y receptivo, que permita la transmisión del conocimiento útil bajo condiciones disciplinarias estables. Lo contradictorio de su aplicación es justamente que la desmotivación que general da lugar, si la autoridad no es lo suficientemente represora y castigadora, a una pérdida general de la docilidad que se pretende. Esa uniformización existe en la educación pública uruguaya aún cuando no se usen uniformes, y como se ha disminuido grandemente la autoridad del docente en virtud del pseudoprincipio de una necesidad abstracta de motivación personal, la consecuencia es que se pretende docilidad y no se la obtiene a no ser a través de la desescolarización realizada mediante desatención y deserción, obteniéndose en los niveles secundarios altos una minoría de alumnos dóciles que han logrado pasar por el filtro de la deserción y desorientación general. Ivan Ilich en su obra “La sociedad desescolarizada” llega a afirmar que esta es la finaldad instrínseca de toda educación estatal al estilo de la educación pública uruguaya: “La escuela obligatoria, la escolaridad prolongada, la carrera en busca de títulos, todo ello no es más que un falso progreso que consiste en producir alumnos dóciles, listos para consumir los programas preparados por las autoridades y para obedecer a las instituciones. En su lugar habría que fomentar los intercambios entre iguales y una verdadera educación que preparara para la vida en la vida y que diera el gusto de inventar y experimentar.”

CONCLUSIÓN:

Teniendo en cuenta que las pautas de minusvaloración, inmovilización, utilización y uniformización existen todas en alguna medida en la educación pública uruguaya podemos comprender fácilmente que se trata de una institución que mutila educativamente y sistemáticamente a los jóvenes uruguayos que no pueden pagarse una educación privada de mejor calidad (lo cual no asegura evitar tal problemática), generación tras generación.

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