La alienación corporativa

La economía mundial ya no radica de manera clara o fundamental en las naciones, en el desenvolvimiento de los pueblos sino que se encuentra cada vez más en las férreas garras de las corporaciones trasnacionales y los organismos financieros. Y las corporaciones trasnacionales y organismos financieros, a su vez, no están ya de manera clara o fundamental en manos de los accionistas sino que cada vez más son timoneadas por un gerenciamiento cuya única meta es la maximización de los beneficios y la aplicación de cualquier herramienta disponible para lograrlo. Se puede decir que los flujos de riqueza mundial cada vez más son monopolizados por máquinas administrativas que ya no dependen en su desenvolvimiento de intenciones personales o confluencias cooperativas de intenciones personales sino que como tales máquinas actúan en el planeta de manera cuasi automática en pos de su crecimiento, expansión, éxito económico permanente. Para ello tanto los organismos financieros como entidades corporativas en general se encuentran dotadas de un marco jurídico por medio del cual son capaces de evadir continuamente los contralores públicos e incluso las soberanías de los pueblos. Por sus características representan, en su conjunto, un estado de alienación notable de la acción económica respecto de los agentes humanos concretos que en lugar de servirse de ella para fines humanos son esclavizados por la máquina alienada de las relaciones económicas corporativizadas y trasnacionalizadas.

Para aumentar la paradoja de una cada vez más eficiente, y al mismo tiempo esclavizadora del tiempo humano, economía corporativa, sucede que las corporaciones han terminado ligándose por la interrelación de sus actividades en una trama de intereses corporativos que cubre todo el planeta. Esta trama corporativa es mucho más poderosa que lo que podría ser cada corporación por separado y tiende a constituirse en un polo monopólico de control mundial de la economía. Y puesto que las corporaciones alcanzan a los medios de comunicación, los medios de transporte, las fuentes de energía, las fuentes alimentarias, etc. puede decirse que a través de ellas se ha creado en el planeta una casta de ejecutores corporativos de la economía mundial que tienen la capacidad de regular no solo lo que ocurre con la economía planetaria sino de convertir esto en un factor de control político de la realidad global mediante el control de la información pública y el dominio de la información privilegiada, teniendo a su servicio a buena parte de la comunidad científica a través del incentivo del lucro y la financiación de las investigaciones. Lo único que hace imposible que esta casta corporativa logre un efectivo y eficiente control totalitario de la vida humana a través de su poder corporativo mancomunado es la vigencia simbólica de los poderes públicos que si bien pueden ser corrompidos por la plutocracia de las corporaciones y las finanzas no pueden ser sustituidos por ella frente a la opinión de los pueblos pues este descarado golpe de estado contra las soberanía vendría a liberar de la ilusión a las personas que hoy no dan cuenta de manera directa del juego de trastienda al que son sometidos sus gobernantes por los intereses corporativos.

No solo las corporaciones constituyen un flujo alienado de la economía que invierte contra los propios seres humanos el esfuerzo económico convirtiéndolo en una continua recreación de la esclavitud asalariada, el manejo despiadado de los recursos, la explotacíón de la miseria y de la muerte, sino que además las corporaciones, interligadas en torno al manejo mundial de la información son capaces de mantener al grueso de la masa mundial en un estado de letárgico desconocimiento de la profunda violencia y degradación en que se funda el actual sistema de vida del cual las corporaciones y los poderes financieros son los principales agentes de concreción. Los gobiernos, pese a que mantienen una relativa soberanía en relación a los poderes corporativos-financieros no logran obstaculizar facilmente este manejo informativo que tiene su principal eclosión en la propaganda a traves de los medios masivos que incitan de manera continua a la autosatisfacción indiferente de la propia conciencia y el propio cuerpo en un estado de relajada indiferencia con respecto a las consecuencias y los agravios implicados hacia la vida humana y la vida en general. Y si los gobiernos intentan reconstituir el flujo de la información fuera del campo dominante del interés corporativo tienen que hacerlo a costa de un gran esfuerzo cultural , pues no es suficiente con proponer alternativas.

¿De qué manera los pueblos pueden sostener su soberanía frente al influjo de los poderes económicos trasnacionales? Si consideramos que estos poderes han infiltrado el flujo informativo y han creado una cultura mediática poderosamente telecomunicacional que inside en cada hogar del planeta capaz de integrarse al nucleo consumista de la economía, el primer paso que cualquier pueblo debe dar para rescatar su capacidad de autogeneración de destino es recobrarse culturalmente, apelar a sus raices históricas, reconstituirse como identidad nacional y procurar que se genere en su seno un fuerte marco de reflexión filosófico-política que sirva como vector de resistencia frente a la manipulación de la inteligencia y la imaginación. Esto puede tener como consecuencia negativa el surgimiento de nocivos nacionalismos o rebrotes de religiosidad que terminen por retrogradar a otras formas de dominación la situación mental en lugar de llevarla hacia adelante. Siempre existen peligros cuando se apunta a alguna clase de liberación. Lo mejor es pensar en la necesidad de un creciente nacionalismo de todos los pueblos que no vaya de ningun modo separado respecto de un creciente deseo de integración en bloques de influencia y de un internacionalismo que abogue por la formación de un ambito legal internacional con el suficiente peso precisamente para poner coto al descontrolado poder de las corporaciones internacionales.

Los viejos pensadores anarquistas sugirieron en el pasado que el mejor camino para llegar a una libre y pacifica convivencia humana era el camino del internacionalismo y la federación de todos los pueblos en una legalidad válida para todos que consagrase su autodeterminación. Esto sigue siendo verdad hoy, y lo es aún más si pensamos que la única manera que existe de contrarrestar poderes alienados que contradicen las esperanzas humanas de bienestar, pacificación y dignidad y actúan sin tregua ni mayor motivo que el lucro sin fin, la única manera, digo, de contrarrestar estos poderes descontrolados y monopólicos, es la del imperio global de la ley, algo que yo llamaría la República Universal.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. fernando-g
    Ago 17, 2012 @ 05:11:56

    Podría decirse que al hablar de República Universal estoy hablando de una utopía con la condición de que la misma pareciera poco o nada factible. Pero tal régimen político es incipiente, es decir, ya tiene esbozos de su existencia ACTUALMENTE, pues año tras año confluyen representantes de todas las naciones en distintos foros para, al menos, tratar de tomar decisiones mancomunadas. Que estas decisiones no se concreten en beneficio de la paz mundial no es producto de la inexistencia de tales foros internacionales pues organizaciones como la ONU han producido y tienden a producir resultados concretos en el orden mundial. Lo que ocurre, según se puede notar, es que los paises más ricos, donde se concentra el poder corporativo, tienen como representantes a élites que ignoran las más profundas intenciones de sus propios pueblos. ¿Quién podrá decir, sin cinismo, que efectivamente el pueblo norteamericano ha querido la guerra tantas veces y de tan crueles maneras contra pueblos de los que no ha recibido amenaza auténtica, como el pueblo vietnamita? Más razonable es pensar que los poderes corporativos han logrado asentarse fuertemente en el manejo titiritesco de los poderes soberanos de la nación norteamericana.

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