La libertad y el Estado

La libertad es una cualidad de la existencia, una cualidad por lo tanto entitativa, constitutiva del ente, sin la cual la existencia no es posible. Por supuesto que la libertad en los seres no conscientes debiera llamarse meramente espontaneidad de la acción pero me quiero permitir el lujo de referirme a la espontaneidad de la acción tanto en seres conscientes como no conscientes simplemente como libertad. Que esta espontaneidad existe es un hecho que hoy la ciencia no niega más que con grave dificultad pues el determinismo hace mucho que ha venido siendo criticado desde la propia ciencia por autores de la envergadura de Prigogine y Bertalanffy.

Recordando que la objetividad y la subjetividad son solo aspectos de la acción que asi consideramos cualificada como libre o espontánea, podemos decir, en consecuencia que la libertad es tanto subjetiva como objetiva, es tanto propia del sujeto en la acción como del objeto en la acción y que ni el sujeto se encuentra totalmente determinado en sus acciones ni el objeto totalmente determinado en sus reacciones. Cuando se pretende distinguir, como lo hacia Hegel, entre una libertad subjetiva y una libertad objetiva lo unico que se puede pretender posteriormente con ello es subsumir la libertad del sujeto en el objeto o la libertad del objeto en el sujeto. Quienes creen que solo es libre el sujeto de la acción idealizan de este modo el objeto como un simple ser determinado en la acción y también al sujeto, que de este modo es declarado omnipotente ante el objeto. De esta subjetividad arbitraria renegaba Hegel apelando a su objetivación en el Estado, Estado por el cual es dada la libertad objetiva…la libertad consistente en subsumirse en el como el Objeto por el cual queda totalmente determinada la acción subjetiva…la libertad consistente en fundir la voluntad propia con la voluntad del Estado,que hace libre a los sujetos estatizados mediante su participación. Hegel rechazaba, coherentemente con ello, la idea de un contrato entre voluntades individuales como punto de partida de la existencia del estado. Si asi fuera, pensaba Hegel, el estado no sería más que un reflejo de la arbitrariedad de la voluntad individual, de la libertad subjetiva que solo puede conducir a una disgregación de la existencia en una exterioridad sin propósito en lugar de al orden y objetivación de la Idea que es el estado hegeliano, estado cuyas raíces no se hunden entonces en la reflexión individual sino en el derecho natural, la tradición, la autoridad, al gusto de su coetáneo, Herder. Hegel era un pensador autoritario y no le cabía más que rechazar la doctrina liberal propulsada por pensadores como Rousseau o Voltaire. Y en realidad esa libertad objetiva de la que habla no es más que un fiel reflejo de la libertad de la que hablaba Lutero: una libertad nacida de la renuncia a la propia existencia concreta e individual, es decir, a la libertad auténtica, aquella que corresponde a esa existencia concreta e individual. La libertad objetiva de la que habla Hegel es la libertad del que renuncia a la existencia…no ya la libertad del que muere para alcanzar la gloria de Dios, sino la libertad del que se desprende de la existencia a favor del estado, libertad que podrá ser alcanzada, sobre todo, según sugerencia de Hegel, en el sacrificio del guerrero.

La libertad, al contrario de lo pensado por Hegel, no puede ser más que libertad individual, libertad del ente en la acción, libertad en concreto. Es en el individuo donde la libertad es tanto objetiva como subjetiva, es tanto espontaneidad en la acción como en la reacción. El estado, por su parte, es solo el reflejo simbólico de la meditación humana acerca de la libertad individual, meditación que conduce al establecimiento de leyes, instituciones y autoridades a los efectos de incoordinar aquellas libertades individuales en el seno de la convivencia comunitaria. No se trata ciertamente de un contrato ejercido por sujetos puramente libres ante el objeto de su convivencia como si esta convivencia no fuera determinante en sus vidas pero no se trata tampoco de un emergente puro de los lazos de comunidad, una solidificación de la tradición, de la cultura. El estado es producto del juego de lo individual con lo comunitario, el forcejeo de la voluntad comunitaria de convivencia con la voluntad individual de expansión y concreción de las propias posibilidades, forcejeo en el que en ciertas instancias aparecen como contradictorias y en otras, progresivas, como coherentes. El estado es el tablero y las reglas para este juego, el juego de lo social con lo asocial y antisocial que el individuo humano contiene y expande el dia menos pensado. Y si en las comunidades primitivas no fue necesario el estado es porque aún los individuos no habían roto notoriamente sus lazos mentales colectivos, no habian emergido de la ritualización mágica y mítica de sus conciencias.

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4 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. fernando-g
    Ago 17, 2012 @ 05:02:32

    El estado se convirtió para los anarquistas en la metonimia de todo lo que rechazaban. Sin embargo ellos auguraban la libre asociación de los individuos…y esta libre asociación no puede darse sin reglas públicas, es decir, sin leyes, y estas leyes, desde el momento en que existen no pueden ser aplicadas sin su institucionalización…y esta institucionalización de la convivencia…es el estado. Puedo estar totalmente de acuerdo con los anarquistas en que las leyes, las reglas de convivencia deben ser objeto continuo de consenso desde la libertad de cada persona…pero no podré estar de acuerdo en pensar que esto es posible sin autoridad que lo garantice.

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  2. fernando-g
    Ago 17, 2012 @ 05:02:52

    Yo propongo que, con actitud postanarquista y retomando el sendero de la reflexión libertaria nos demos cuenta de que la autoridad no es su abuso…y de que no pudiendo librarse de ella la comunidad siempre puede apuntar a su descentralización y disolución por el acrecimiento de las responsabilidades personales en base a una educación cívica universal. Es decir, propulso la continuidad consistente entre republicanismo y libertarismo.

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  3. fernando-g
    Ago 17, 2012 @ 05:03:53

    La aparición del excedente económico que permite la formación de los estados…que la hace necesaria, en realidad, es producto del desarrollo agrícola, es decir, de la domesticación de las plantas…y es concomitante con el crecimiento poblacional que se proyectó exponencialmente independientemente de cualquier decisión humana. Los estados son fatalmente necesarios sobre todo por esto: porque la populación humana excede literalmente cualquier intento de reducir la convivencia humana a unidades tribales. Con la populación creciente también es creciente el anonimato y con el anonimato crece la capacidad del individuo para liberar fuera de las coordenadas colectivas sus impulsos antisociales y asociales…El estado ciertamente es represivo por naturaleza pero no debemos confundir la represión necesaria a los fines de la convivencia en condiciones de populación excedente…que es simplemente la sujeción a un estado de reglamentación que puede basarse en la asociación, el consenso, la federación, la delegación, la observancia criteriosa de la norma…con la abuso represivo del autoritarismo.

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  4. fernando-g
    Ago 17, 2012 @ 05:05:25

    Quiero apuntar la atención a un punto crucial…la populación no solo se ha proyectado exponencialmente sino que se ha planetizado ya acercándose a su punto de inflexión crítico (si es que esperamos una curva de desarrollo sigmoidea)…y en estas condiciones el anonimato también se ha planetizado y la necesidad de llevar el canon estatal a lo supraestatal es lo que puede abrir la puerta a una manera nueva de pensar las relaciones humanas…ahora en las coordenadas de lo terrestre global. No es la desarticulación del estado sino su superación y asimilación en lo supraestatal…lo que yo veo como una forma dialéctica de desenvolvimiento…la vía para una articulacion de los intereses e impulsos humanos más allá del marco dislocado de coexistencia competitiva entre las naciones en que los estados tienden a deformarse en el sentido de la “defensa de la soberanía” pervirtiendose militarmente. El internacionalismo de los anarquistas sigue siendo una buena basa para la superación de las estructuras de exacción entre las naciones…y quizás si se logra un equilibrio planetario macroestructural entre las soberanias de los pueblos este equilibrio migre hacia la existencia de los individuos

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