La papilla educativa uruguaya

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Como docente de Matemática y Filosofía de educación secundaria en Uruguay he sido testigo en cuanto a la formulación de los programas de ambas materias de una tendencia constante, desde hace años, a reducir los contenidos disminuyendo los niveles de abstracción a los que se aspira por parte de los alumnos, recortando cuestiones teóricas o de alto contenido lógico…en el caso específico de la Filosofía llevando casi al ostracismo el estudio de la lógica formal, tan importante para el entendimiento de todas las ciencias que requieren de formalismos matemáticos y para la comprensión de la matemática misma. Pero no solo en estas materias sino en la generalidad de las que se imparten en la educación secundaria uruguaya, por lo que he escuchado de muchos docentes, los contenidos se han ajustado a la baja, en una propensión que existe desde hace años. Practicamente todos los docentes con los que hablo están de acuerdo en que los contenidos que se proponían en los programas y el modo en que se profundizaba en ellos eran mayores años atrás. Esto quiere decir que hay una tendencia general en la educación secundaria a reducir los niveles de dificultad propuestos, los niveles de exigencia establecidos y la dimensión general de los contenidos manejados.

¿Cuál puede ser el origen de esta tendencia? Según mi ver esta es la primera gran tendencia antipedagógica que se presenta en un sistema educativo cuando en su seno se empiezan a hacer notorias la deserción, la repitencia, el fracaso escolar en todas sus formas, tendencia consistente en rebajar la exigencia y rebajar los contenidos con la esperanza de que esta rebaja permita ajustar las aspiraciones y esfuerzos de los alumnos a expectativas de aprobación menores lo cual les facilitaría cursar con éxito sus estudios, estudios que siendo más pobres aún serían estudios. Esto es asimilable a la situación ejemplarizante presentada por Vaz Ferreira en sus “Estudios Pedagógicos” con respecto a la alimentación de una persona y en relación a la reducción de los contenidos programáticos:

“Supongamos que a mí se me ocurre ahorrar fuerzas al estómago de una persona; y, para conseguirlo, resuelvo alimentarlo únicamente con sustancias muy sencillas, ya preparadas, semidigeridas; con peptonas, con huevos pasados por agua, con leche; y en pequeña cantidad. ¿Qué sucede? La experiencia enseña que en esos casos se produce un debilitamiento, y que, al fin, el sujeto acaba por tener más dificultad para digerir esa comida que la que tenía anteriormente para digerir la de cantidad y calidad normales que se le daba.” Carlos Vaz Ferreira.

Podemos pensar esta tendencia antipedagógica en la educación secundaria uruguaya como una tendencia a suministrar “papilla educativa”. Como sugiere Vaz Ferreira lo que ocurre al practicar esta táctica para lograr que mayor cantidad de alumnos aprueben los cursos es que a medida que se les suministran cada vez contenidos más simplificados, va disminuyendo en ellos su capacidad para “digerirlos” para asimilarlos, ya que se desgastan, entre otras cosas, por la falta de práctica y esfuerzo aplicados, sus capacidades de atención, concentración y esfuerzo. Es decir a menor exigencia en los contenidos y prácticas educativas, menor esfuerzo requerido al alumno, menor ejercitación de sus capacidades intelectuales y menor rendimiento general de su aprendizaje. Pero la debacle no se detiene allí porque esto genera a continuación un peligroso círculo vicioso que puede llevar a la educación por un camino sin retorno. En efecto, una vez que el alumno disminuye relativamente a lo anterior sus capacidades de aprendizaje simplemente por ponerlas en práctica de una manera débil al tener que digerir solo papilla educativa, esto obliga a la institución a profundizar aún más la táctica de rebajamiento de la exigencia pues se encuentra con alumnos aún menos dispuestos que antes para el aprendizaje, lo cual conduce a menores rendimientos, que conducen a su vez a un nuevo bajón de las exigencias, y así sucesivamente. Se crea pues una retroalimentación entre la desidia creciente de los alumnos y un sistema educativo que cada vez les exige menos, lo cual solo puede terminar o bien en una supresión de esta táctica perniciosa, o en un escandaloso fracaso de todo el sistema, que las estadísticas reveladas ultimamente a la opinión pública han convertido en un hecho.

La estrategia de suministro de “papilla educativa” implementada jerárquicamente ha ido además acompañada de señales constantes que he notado de muchas maneras para que el profesor tienda a aprobar a los alumnos antes que a no aprobarlos. Un ejemplo nítido de ello es el sistema de exoneraciones que ha sido establecido desde hace años en lugar del viejo sistema que imponía en muchos casos exámenes obligatorios con tribunales de por medio. Para imponerlo se habían establecido pruebas parciales que luego han sido devaluadas ex profeso en su exigencia y son llamadas ahora “pruebas especiales” y que la reglamentación no permite distinguir de una evaluación de rutina salvo por su nombre. En estas condiciones el docente puede verse tentado a aprobar a los alumnos antes que a no aprobarlos no solo porque las señales apuntan hacia allí sino porque de este modo puede ahorrarse mucho esfuerzo en los tribunales examinadores con mucho menos afluencia de alumnos hacia ellos. He visto incluso casos de docentes que no han presentado en las reuniones finales ni un solo alumno a examen, lo cual me parece que es síntoma de lo que estoy diciendo antes que de un rotundo éxito docente en medio de la pobreza educativa general.

Otro elemento que entra en juego a la hora de imponer la estrategia de la “papilla educativa” es lo que he dado en llamar “teoría del pobrecito” que es la tendencia a acentuar la educación por el lado de la superación de carencias que se consideran una constante en los alumnos, en lugar de una orientación pedagógica pensada desde el desarrollo optimista de las capacidades y el esfuerzo autónomo. Orientado hacia la resolución de carencias, el sistema es pensado como un arreglo intelectual terapéutico que viene a subsanar una situación en el enfoque del asistencialismo. Esto coadyuva precisamente a la idea de que se le debe facilitar al alumno la aprobación y ofrecerle la papilla educativa.

En conclusión, existe en el sistema educativo uruguayo una tendencia antipedagógica que ha sido impulsada desde lo jerárquico pero que también ha sido adoptada más o menos voluntariamente por docentes y también por alumnos (que han entendido las señales que se les envía y han comenzado a pedir condescendencia y menor exigencia de manera constante a los docentes, como yo mismo he vivido en mis clases), una tendencia a convertir la educación en el suministro de papilla educativa, del cual pienso que debemos salir urgentemente para el bien de la educación uruguaya.

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1 comentario (+¿añadir los tuyos?)

  1. Silvina
    Nov 27, 2013 @ 16:20:30

    Totalmente de acuerdo contigo. Soy docente casi egresada de Comunicación Visual (Dibujo antes) y dejé de trabajar hace unos meses en secundaria por esta razón. La educación del individuo íntegro está desvalorizada, fragmentamos a nuestros alumnos y los etiquetamos con evaluaciones, no damos lugar a la educación holística con el sistema actual. Es hora de generar el cambio. Saludos desde Montevideo.

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