Imagen Viviente

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El iris de la vida rueda sobre si mismo arrastrando deshilachamientos vegetales, respiraciones fronterizas, desgarros al borde del hambre y la agonía, cenizas y huesos. Rueda magnético y la mirada que desde lo hondo de sus entrañas se lanza en catarata sobre la conciencia absorbe mucho más de lo que comunica, devora mucho más de lo que expresa. Tiembla la luz en los párpados de la vida, en sus élitros y viscosidades…la conciencia la alimenta enajenada por su mirada de ciénaga y ella triunfa, triunfa, triunfa, ramificándose hacia el cielo matinal con sus columpios de savia. Entra por las ventanas del cuerpo, por los orificios del alma y habita con excrecencias y rumores su reino de cartílagos y órganos, su paraíso de tejido y citoplasma. El cerebro que de ella brota como un hongo malsano quiere definirla y redefinirla pero balanceándose sobre el vaivén de las vértebras y encajonado por el cráneo solo puede reclamar para si el golpeteo de los glóbulos rojos en cada migaja de pensamiento.

La lengua de la vida chasquea, su mandíbula tritura incontables de sus propias creaciones como suele hacer los dioses que no aman lo suficiente a quienes los adoran, que tienen la indiferencia de la araña frente a la víctima que sorben viva sobre la tela fresca y temblorosa de la tarde. Sus pechos están cargados de leche para los nacimientos que el sol fecunda, su hendiduras se dejan fecundar interminablemente, continuamente expulsa nuevos brotes y formas inesperadas como si después de explorar en los intersticios de su vientre planetario siempre encontrara nuevas posibilidades y crueldades, nuevas víctimas.

La vida, insaciable paridora de más vida que se lanza sobre los cadáveres con hambre oscura para recuperarlos en su seno, la vida, entonces…esa malévola bienhechora que acariciamos con sus propias manos sabiendo que nos va a abandonar en cualquier parte.

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Máxima patria

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“Señores: Alta es la idea de la patria; pero en los pueblos de la América Latina, en esta viva armonía de naciones vinculadas por todos los lazos de la tradición, de la raza, de las instituciones, del idioma, como nunca las presentó juntas y abarcando tan vasto espacio la historia del mundo, bien podemos decir que hay algo aún más alto que la idea de la patria, y es la idea de la América: la idea de la América, concebida como una grande e imperecedera unidad, como una excelsa y máxima patria, con sus héroes, sus educadores, sus tribunos; desde el golfo de México hasta los hielos sempiternos del Sur”

Esta es una frase de Rodó que aparece en “El mirador de Próspero” en el segundo artículo dedicado a Juan Carlos Gómez. La lectura de ambos artículos, debo decir, me deja como saldo el hecho de que el estilo florido con que escribe Rodó le impide dirigirse a los sucesos como un simple historiador. ..él ha preferido girar en torno a la imagen de Juan Carlos Gómez como quien talla una escultura para la eternidad. Pero este fragmento lúcido al final del segundo artículo es como un relampagueo de su propia personalidad filosófica, esa que no dejó brotar lo suficiente al sobrecargar sus hombros con la tarea recopiladora y reivindicativa en la que también se enfrascó Arturo Ardao tiempo después.

¿Qué nos dice en esta frase Rodó? Nos propone no la realidad de América sino la idealidad de América, es decir, la existencia de América en cuanto idea de sí misma en la mente de los que por esa misma idea han de llamarse americanos.. .Se trata, claro, de América Latina, y ya aquí podemos hilar un poco al decir que Rodó dice simplemente América por la necesidad de prescindir en la latitud de la idea de los límites que le impone la división entre lo latino y lo anglosajón, división que no es solo idiomática sino también espiritual. América como unidad no contrapuesta con aquella realidad norteña que ya vió él asomarse como una sombra que iría a oscurecer el destino latinoamericano no meramente en un sentido político como los que reniegan exclamando “yankees go home” sino en un sentido cultural, en el sentido de una colonización y subordinación mental de lo latinoamericano a la americanidad anglosajona. Rodó ponía el escudo de la idea frente a la adversidad venidera…América…y no la America del Sur, del abajo, del subdesarrollo y la falta de integración.

Según el modo en que entendamos la América que nos proyecta Rodó en esta frase es el modo en que seremos americanos. Si la entendemos como mero proyecto político, como mero proyecto de integración económica, o como sucédaneo de un agujero en la identidad… entonces seremos americanos a medias. Pero si la entendemos como esa ideal armonía de naciones desde la profundidad de su raíz común en el dolor de una historia de colonizaciones superpuestas y republicanismo maltrecho que lucha por emerger con luz propia, si la entendemos como una MÁXIMA PATRIA, entonces seremos americanos en la unidad de esa idea y no ya desperdigadas identidades que reniegan de su propio renovador mestizaje, su cosmopolitismo de la sangre. América, la América de Rodó es una alta idea que puede brillar en el cosmos de las ideas con una luz que todavía no hemos imaginado.

Supersimbólicamente

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Un amigo, llamado Juan Blanco, dijo una vez:

“Desde hace cinco mil años asistimos a una formidable explosión de la cultura humana, posibilitada por la introducción de soportes artificiales y extracerebrales de la información cultural. La invención de la escritura permitió registrar los datos, recuerdos y fantasías fuera de nuestra cabeza, sobre un ladrillo de arcilla o una lámina de papiro prensado. Empezó a haber contenidos culturales fuera del cerebro. La invención de la imprenta no hizo más que acelerar el proceso. La Enciclopedia Espasa nunca ha estado en el cerebro de un ser humano; solo ha existido en los noventa gruesos volúmenes de papel que la componían. Nuevos soportes, como los discos gramofónicos de vinilo, las placas fotográficas y las cintas magnéticas ampliaron este campo. En las últimas décadas, la combinación de las computadoras con la red de Internet y sus múltiples servidores, acompañada de toda la parafernalia de la informática actual, ha creado un espacio enorme donde no solo se almacenan contenidos culturales, sino donde también se procesan y cambian. Es lo que se llama la web-2, que tiene ciertas semejanzas estructurales con un “supercerebro”, cuyas “neuronas” seríamos nosotros. Esto es una metáfora, claro está, pero no deja de representar un triunfo impresionante de las potencialidades del cerebro real, el que está dentro del cráneo.”

Y yo le contesté:

El proceso de la conciencia reflexiva es una exteriorización autodeterminante. Si atendemos al circuito total de ida y vuelta lo que comprendemos de esta manera es su carácter simbolico, es decir, proyectivo retroactivo y no simplemente proyectivo o simplemente retroactivo. Pero podemos separar ambos movimientos aunque no se den por separado, de un modo conceptual. En efecto, la reflexion consta de un movimiento proyectivo exteriorizante de la conciencia que culmina en su plamación fuera de la conciencia como acto técnico- artistico-comunicacional (lo artístico matiza lo técnico- comunicacional y lo técnico y lo comunicacional no se dan nunca por completo eximidos uno del otro) y de un movimiento concomitante, el movimiento retroactivo, que culmina en el re-conocimiento yoico, es decir, en la autocaptacion del yo en lo que proyecta, en lo que exterioriza…autocaptacion que se vuelve narcisista cuando el yo pretende recapturar por completo su imagen, es decir, su proyección, pero que en general no lo es sino que da lugar a un nuevo movimiento proyectivo que constituye una superación del anterior. Aquí podemos ver la espiral del automovimiento de la autoconciencia como interacción neta entre el yo y su mundo, entre el yo y su imago-mundi. Lo que ocurre en esa interacción constituye el avance de la conciencia sobre el mundo mediada por el mundo sobre el cual se proyecta…de donde nace la modificación de la conciencia reflexiva conjuntamente con la modificación técnica-artistica-comunicacional del mundo que habita, es decir, que puebla orgánica y proyectivamente (culturalmente). No hay un yo interior sumido en una reflexividad absoluta sino un yo-mundo que incluye, puesto que la reflexión comunicacional incluye la reflexion sobre las otras conciencias humanas, el yo-tú. El yo-mundo, en esto seguimos una linea de pensamiento de Buber, comprende el yo-tú y el yo-ello, según la reflexión ocurra respecto de otras conciencias humanas o sustitutivas (las conciencias de nuestras mascotas) o respecto de objetos imaginados (no imaginarios sino imaginados) como una silla o una bicicleta. Los objetos producidos por nuestra conciencia, esas extroversiones concretas entre las que cada vez mas vivimos sumergidos constituyen nuestra esfera simbólica, en la que estamos sumidos como fetos de un útero que nosotros mismos diseñamos…explicable en seres abortivos que vienen al mundo carentes de casi todo. Mas alla de la esfera simbólica, la ecúmene, pueden permanecer zonas vírgenes deshabitadas e incultas pero con el paso del tiempo y el ensanchamiento progresivo de nuestro movimiento reflexivo hemos extendido nuestra presencia,nuestras exteriorizaciones a todo el orbe planetario, de modo que finalmente podemos decir que hemos globalizado la dinamica yoica del espíritu, que hemos espiritualizado la Tierra, que la Tierra ha alcanzado el umbral del Espíritu con mayúscula, es decir, del espíritu globalizado que comienza a desarrollar sus proyecciones en la forma de la saturación en lugar de la expansión…saturación de información, de miradas, de retroacciones, de proyectos, de arte, de técnica, de comunicación…Se puede decir entonces que ha nacido del espiritu algo mayor y comprensivo que cierra el ciclo de la yoidad expansiva…ha nacido el Espíritu de la Tierra que no es otra cosa que el ecúmene planetizado y reconcentrado en una espiral reflexiva que acrece sus brazos desde los bordes hacia el interior pensante, que concentra donde antes había dispersión. La reflexion humana pasa pues de una epoca extensiva a una epoca intensiva. Alcanzar los polos, ascender al Everest, descender a las fosas abisales no han sido simples gestos aventureros sino el apice actitudinal de un movimiento reflexivo expansivo que buscaba su altura…El yo se tensaba hacia los límites y ahora es cuando debe pensar en el LÍMITE para reconducirse….sin meta ni pertenencia la libertad es presa de lo arbitrario. El Espíritu de la Tierra puede ser, a partir de aquí, una yoidad de segundo orden o algo más que una yoidad…algo más que reflexividad condensada, algo más que una red de cerebros enclaustrados en un orbe…del mismo modo que los cerebros exudan simbólicamente fuera de los cráneos el exocerebro planetario puede exudar fuera del planeta…supersimbólicamente.

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