El gran error de la ciencia moderna

Hombremaquina

“En 1986 Sir James Lighthill, quien fuera posteriormente presidente de la Unión Internacional de matemática pura y aplicada se disculpó en nombre de sus colegas debido a que “en el transcurso de tres siglos el público culto fue conducido a equivocación por la apología del determinismo, basado en el sistema de Newton, cuando puede considerarse demostrado, por lo menos desde 1960, que este determinismo es una posición errónea”. ”

Esta doble cita corresponde a un texto del científico Ilya Prigogine y con ella queda claro el tema de este texto: la ciencia moderna cometió un gravísimo error que perduró durante siglos y ha llegado la hora en estas décadas para el reconocimiento del mismo y un giro fundamental en el contenido y sentido general de la investigación científica.

Por supuesto, puede esgrimirse que en materia científica han existido muchas rectificaciones, muchas admisiones de error y que esta no ha sido más que otra instancia de evolución de la ciencia. Sin embargo, el determinismo no ha sido un error puntual dentro de alguna teoría científica o en relación a alguna cuestión particular, ha sido un error total, global, fundamental que ha marcado la dirección de la investigación científica de un modo profundo, tal y como los dogmas lo hacen en el ámbito de las religiones, encegueciendo la capacidad de razonamiento.
¿Qué es, o bien, que ha sido el determinismo? El determinismo consiste en la afirmación de que todo el universo se reduce a un mecanismo muy complejo, pero mecanismo al fin, donde cada partícula tiene un comportamiento totalmente determinado, o bien, en la afirmación de que todo suceso en el universo es la consecuencia necesaria de la conjugación de todas las causas materiales que lo preceden y lo producen, estando todos los efectos contenidos en sus causas y correspondiendo los mismos efectos a las mismas causas. Todo en el universo ocurre, según la visión determinista, siguiendo una única trayectoria de acontecimientos encadenados unos con otros de modo inexorable.
Pierre Simon Laplace, a fin de explicar gráficamente lo que significa el determinismo, imaginó un demonio que poseyera el conocimiento completo de todas las leyes de la naturaleza y la posición exacta y ecuación de la trayectoria de cada partícula del universo en un instante dado. Tal demonio podría calcular, a partir del conocimiento de este presente instantáneo todo el futuro y todo el pasado del universo, es decir, podría calcular todos los acontecimientos en toda la eternidad del universo. Este rudo esquema muestra a las claras lo que significó durante siglos el dogma determinista para los científicos: la esperanza de un conocimiento perfecto del universo, o de que ese conocimiento al menos podría tenerse como referencia, la esperanza de que el estudio matemático del universo abriera las puertas a la predicción total y a un control cada vez más poderoso de los acontecimientos. De acuerdo a esta visión el tiempo es lineal, es decir, se reduce a una única línea de acontecimientos, inexorable en su desenvolvimiento.

Si nos detuviéramos aquí, en la mera consideración del planteo determinista, no llegaríamos sin embargo a comprender la gravedad del error que él representa. Veamos, para empezar lo que se concluye de considerar al tiempo como una trayectoria única de acontecimientos, como una línea de necesario encadenamiento de causas y efectos, como una sucesión de posiciones calculables unas a partir de las otras, matemáticamente comprensible. Lo que se concluye, claramente, es que el tiempo no es un ámbito de posibilidades, y el futuro único no ofrece alternativas. El único futuro posible se impone como una dictadura de los hechos, dictadura de los hechos que ignora por completo nuestras esperanzas de incidir sobre el curso de los acontecimientos. Si hay un solo futuro, así como hay un solo pasado, todo lo que ocurrió tuvo que haber ocurrido y todo lo que ocurrirá ya está determinado como destino en este presente en que vivimos. Al no existir futuros alternativos, al no existir posibilidades reales, lo que cae en primer lugar es la idea de que el azar es algo más que la ignorancia de los hechos pero sobre todo la idea de que efectivamente podemos elegir distintos rumbos para nuestras acciones o nuestras vidas. El determinismo implica, inevitablemente, la inexistencia de la libertad y de la voluntad, las cuales pasan a ser meras representaciones mentales ilusorias debidas al desconocimiento de las causas que determinan nuestras acciones.

Una vez que nos damos cuenta de que el determinismo implica la disolución en la insignificancia de conceptos como los de libertad y voluntad podemos seguir adelante para comprender lo que de esto se deriva: si la libertad es solo una ilusión en un universo mecánico y linealmente determinado, entonces la moral, la ética, las ideas de justicia y convivencia legal, las aspiraciones que implican cualquier intento de modificar la ley de los hechos, e incluso el propio ideal de control que se transparenta a través del determinismo, caen, se derrumban. La solución a esta situación intelectual creada por el determinismo la esbozó claramente Kant en su obra: admitir que la ciencia ha de moverse en un ámbito aparte al de las cuestiones políticas, morales, a las cuestiones que nacen de la admisión de que existe algo como la libertad o la voluntad. Es decir, la solución ha sido el anuncio a grandes voces por parte de los científicos de su neutralidad política y moral. Pero este anuncio lo han hecho repetidas veces inspirados en el dogma determinista que niega la libertad y la voluntad y por lo tanto que niega la mismísima posibilidad de la moral o de la política. Los científicos se han puesto a sí mismos, a través de este error, en la posición de colaborar con las ideas totalitarias contrarias a la defensa de la democracia, de las libertades individuales, del derecho a elegir por parte de las personas y sociedades su futuro entre muchos futuros posibles. Que la ciencia moderna haya llegado en el siglo XX a tener un papel de complicidad con desarrollos antidemocráticos como el régimen nazi exhibe la profundidad del error doctrinario que se asienta en el determinismo.

Por supuesto, tal y como lo proclama Sir James Lighthill en la frase antes citada, el determinismo ha sido un error y una pesadilla de la razón de la cual finalmente podemos salir. El determinismo ha sucumbido y con el todas las conclusiones que se han derivado de él. Podemos decir hoy que el tiempo no es lineal, que el futuro ofrece alternativas tanto a las personas como a la humanidad toda, que la libertad y la voluntad no han sido negadas ni su existencia es incompatible con el saber científico, que la moral, la ética, la actividad política tienen sentido, que la vida se desenvuelve creativamente en un universo cuyo futuro aún no ha sido escrito. Podemos decir también que hoy la ciencia queda abierta al compromiso con la construcción del futuro humano y que el sueño de su neutralidad ha acabado, así como el sueño de un control completo de los acontecimientos o una capacidad predictiva total. Lo impredecible, lo posible desconocido y en construcción, la contingencia en los hechos, no han sido negadas y pueden volver a inspirar tanto la investigación científica como la reflexión y la esperanza humana.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: