Orden, desorden y complejidad

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Dije una vez que la complejidad de un ente podía ser tomada como la cantidad de información necesaria para describirlo…sin ahondar en esta definición por el motivo de que es muy, muy lábil. Alguien me dijo luego, trayendo quizás reminiscencias de la definición de la entropía de la información…que el orden está en relación inversa a la cantidad de información que necesitamos para la descripción…PUESTO QUE EL ORDEN PERMITE LA COMPRESIÓN DE DATOS. Pero entonces ocurre que el aumento de la complejidad, puesto que mide la cantidad de información que necesitamos para describir el ente…equivale a un creciente desorden y una cada vez menor posibilidad de comprimir los datos para la descripción. Según esto…A MAYOR COMPLEJIDAD MAYOR DESORDEN…Pero esto a todas luces no parece tener sentido porque uno asocia el orden con la complejidad y supone que hay más orden cuanto mayor sea la complejidad. ¿Dónde está el problema?

Pues el problema es que el concepto de orden no es equivalente al concepto de complejidad ni es equivalente a la idea de entropía negativa ni es equivalente al grado en que la descripción de un ente es susceptible de ser informacionalmente comprimida…la idea de orden adquiere según estemos en el campo de la teoría de la información o de la mecánica estadística o de la biología, etc, etc. distintas connotaciones…¿porqué? Porque el orden considerado en cada caso no es EL ORDEN UNIVERSAL sino subórdenes que son aspectos particulares de ese orden universal y que no son mutuamente reductibles unos respecto de los otros sino que se niegan mutuamente en el sentido en que ellos mismos son pensados.

A ver…supongamos que el procedimiento oculto adoptado para ordenar una biblioteca es establecer la posición del libro según la primera palabra que aparece en la undécima página en función del alfabeto. Ahora supongamos que alguien que no conoce esta verdad…la verdad del procedimiento adoptado…comienza a tratar de entender el orden de la biblioteca. ¿Qué ocurre? Que mientras el observador no logra desentrañar la ley oculta que gobierna la posición de los libros en la biblioteca, una posición bien determinada…basada en un orden lineal riguroso…el observador llega a la conclusión de que los libros están desordenados, muy desordenados, puestos practicamente al azar. Y si aplicamos la definición de desorden informacional ocurre que esta definición queda en entredicho…pues quien conozca la ley que rige la posición de los libros podrá comprimir la descripción de la biblioteca sustituyendo el titulo del libro buscado por la primera palabra en la undécima página…y dirá que la biblioteca esta altamente ordenada…mientras que quien no conoce la ley que rige la biblioteca dirá firmemente que el desorden es máximo y no le será posible comprimir la búsqueda del libro soñado.

Según el ejemplo que acabo de presentar el orden siempre existe pero eso no impedirá que un observador que no conozca su ley oculta suponga que en realidad no hay orden alguno…que hay un gran desorden…Pero ocurre que esto lo llega a pensar así no porque en efecto haya un desorden objetivo sino porque, por ejemplo, nadie espera que una biblioteca esté ordenada según la primera palabra en la undécima pagina sino en orden alfabético según los títulos o los autores, etc. La idea de orden informacional es justamente la idea de un orden esperado por un observador que presupone la ley de ordenación que rige la información que espera recibir…es una idea subjetiva de orden correspondiente a la suposición de un sujeto cognoscente que decodifica a partir de una regla de comunicación previamente conocida…y por lo tanto a partir de un orden preestablecido…pues esto es justamente un código como el alfabeto. Si escuchamos balbucear incoherentemente a alguien que delira podemos suponer que no dice absolutamente nada puesto que el orden de su expresión no se corresponde con la sintaxis del idioma…o podemos escucharlo atentamente tratando de desentrañar el orden oculto en su delirio…que sin duda existe.

Ahora volvamos al dilema que quedó planteado…podemos decir que la creciente complejidad de un ente implica una creciente necesidad de acumular información para describirlo o podemos decir que la complejidad de un ente implica una decreciente necesidad de acumular información al mejorar la posibilidad, por la presencia de reglas de ordenación…de codificar y comprimir los datos descriptivos.

Una resolución posible de este dilema es la siguiente…

¿Equivale la compresión de los datos a la reducción de la cantidad de información que se maneja? No estoy de acuerdo. La compresión de datos es una estructuración de la información que no reduce la cantidad de información sino que la hace más efectivamente disponible…como ocurre al dar un orden codificado a una biblioteca. El código de compresión…digámoslo así, se impone jerárquicamente sobre el cumulo informacional como una llave de acceso rápido…pero sin que la información necesaria para la descripción del ente sea menor. En efecto…si quisieramos describir plenamente una biblioteca lo que deberiamos hacer es determinar la posición de cada libro y el contenido de cada pagina en cada libro, etc…y aún cuando esto se facilite por la codificación alfabética, etc. no quiere decir de ningún modo que el dato de la posición y contenido de cada libro haya desaparecido. Esto nos lleva a la siguiente conclusión…que puedo seguir diciendo como hace tiempo que la complejidad es la medida de la cantidad de información necesaria para describir un ente…agregando ahora que…esto es independiente de la jerarquización y accesibilidad de esa información mediante posibles compresiones de datos. ¿Me deja esto ciego a lo novedoso que aquí surge? NO. Lo cierto es que los seres vivos, el ejemplo que enseguida viene a mi mente, son altamente complejos, pero tambien, a lo que parece altamente estructurados en ordenes jerárquicos que podemos utilizar como codigos de acceso rápido para su descripción…son complejos…pero NO SOLO ESO SINO con una complejidad sumamente jerarquizada y autocodificada…esto vendrá a querer decir que son ORGANIZADOS.

Cambiando de tema, y para concluir, quiero aclarar el aserto consistente en afirmar que hay un orden universal que genera y es generado dialécticamente por los subórdenes entitativos…un orden que es cognoscible en la medida en que es aplicable la categoría “orden” siempre frente a cualquier experiencia posible…y que el desorden es solo la constatación de un orden que no es el esperado…y por lo tanto no es real sino solo una situación subjetiva. EL ORDEN ES OBJETIVO, EL DESORDEN ES SUBJETIVO…

Sea el siguiente ejemplo…Desde el punto de vista de la entropía física…la superficie de la Tierra se encuentra muchisimo más “ordenada” que la superficie de Marte…pero desde el punto de vista de la predictibilidad de lo que ocurre en ella…la superficie de Marte se encuentra mucho más “ordenada” que la superficie terrestre. ¿Cuál, es, entonces, la superficie más “ordenada”? La pregunta es irrelevante…porque hemos considerado ordenes de distinta índole…aspectos parciales del orden universal…y hemos pretendido juzgar desordenado aquello que no se ajustaba a nuestra parcial visión.El orden siempre existe…y su gradación solo es posible en los terminos de un aspecto parcial que nos permite, RELATIVAMENTE, hablar de la negación de ese orden parcial como un mayor o menor desorden. De otro modo: puesto que para alcanzar la nocion del orden universal deberiamos suspender todo punto de vista parcial y toda espera de un orden determinado…por más que podemos sospechar que ese orden universal existe en la medida de que no existen RUPTURAS, ese orden no podremos nunca comprenderlo DESDE NUESTRO PUNTO DE VISTA, de un modo completo…puesto que nuestro punto de vista humano y personal…es PARCIAL.

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Heráclito o Parménides

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Para Heráclito el tiempo en tanto que devenir es la única realidad, la realidad total y una. Ninguna existencia particular es para él consistente sino como producto efímero del transcurso del tiempo. Todo fluye para Heráclito, es decir, todo es temporal y al tiempo todo se reduce en última instancia. Es cierto, sin embargo, que el transcurso del tiempo no es sin orden. El orden temporal, el Logos, rige las existencias y pudiera decirse que esto es lo que en definitiva trasciende el incesante cambio…pero el orden temporal, el Logos, existe temporalmente, como tiempo y no como algo fuera del tiempo…como el ir y venir de la existencia en la complementariedad de las destrucciones y las creaciones, como la medida, la ley del cambio que el cambio mismo impone.

Para Parménides el tiempo en tanto que devenir es ilusorio pues según la experiencia del tiempo las cosas son y no son y por lo tanto son por entero ilógicas, absurdas, no pudiendo hallarse pensamiento alguno firmemente asentado en tanta arena movediza. Y mientras el tiempo es una mera apariencia y con ello todas las cosas temporales…la verdadera existencia permanece fuera del tiempo…Lo Ente es intemporal y en él toda la existencia se encuentra compactamente establecida. Quienes se dejan llevar por las ilusiones de la experiencia temporal solo pueden perderse en el sin sentido de una interminable desorientación. Solo quienes retraen su atención de la fluidez engañosa de las falsedades del tiempo pueden encontrar algo firme, absoluto, imperecedero…y esto solo es posible aspirando al conocimiento del eterno Ser, de Lo Ente, más allá del tiempo y del espacio.

Para Heráclito solo se puede alcanzar la verdad en cuanto se deja de juzgar unilateralmente buscando separar y aislar los opuestos entre si, negando la complementariedad de los opuestos. Con este básico punto de partida el investigador debe buscar la verdad no en la palabra de supuestos sabios o de filósofos sino en la naturaleza temporal misma…el investigador debe buscar la medida y la ley de los cambios que acontecen…las leyes eternas de la naturaleza, la lógica, la razon del Universo eternamente cambiante. No alcanza con tener los ojos abiertos…hay que tratar de comprender al Cosmos utilizando a nuestro favor la inteligencia con que la razón universal misma nos ha dotado. Para ello no puede ser nunca suficiente el esfuerzo pues el Logos no es evidente sino que se oculta en buen grado a nuestro entendimiento…dejándose solo entender a través de señales, es decir, de datos sueltos que debemos interrelacionar.

Para Parménides el primer paso que debe dar el investigador en su búsqueda de la verdad es regirse firmemente por el principio de identidad… “El Ser es y no puede no ser”. Siguiendo este principio separador…este principio que muestra con claridad a los opuestos como opuestos y a la inexistencia como un absurdo, se puede entender prontamente que todo lo temporal es ilusorio y que no hay complementariedades entre lo perfecto y lo imperfecto o entre lo justo y lo injusto. Hay un único y firme camino hacia la Verdad y este camino no pasa por la observacion de la naturaleza o cualquier efímero intento de hayar leyes inmutables en su reino de ilusión…la experiencia de los sentidos es engañosa y solo nos conduce a mayor falsedad cuanto más confiamos en ella, cuanto más creemos en ella. Apartando la atención de la persistente ilusión de los sentidos podemos ir con seguridad indestructible hacia la verdad pensando lógicamente, ateniéndonos firmemente a la distinción entre lo que existe y lo que no existe, entre verdad y falsedad, entre justicia e injusticia. El pensamiento es lo que nos revela Lo Ente…Lo Ente es justamente lo pensable, lo absolutamente racional hacia donde nuestra inteligencia debe embarcarse.

La imposible ruptura del Logos

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Ya comprendió el viejo Heráclito que el devenir exhibe un orden inherente que no depende de como lo concibamos aunque lo concibamos de distintas maneras…e incluso que este orden ciertamente inteligible…es lo que ordena nuestra mente…es lo que hace precisamente que la inteligencia exista y entienda. Claro que cuando recurrimos al concepto de “orden” un concepto primitivo, indefinible y de aplicación universal, una categoría, por lo tanto…pareceria que no nos estamos refiriendo específicamente a nada puesto que…¿que vendria a ser el desorden? En todo lo que existe, por cuanto se parte del supuesto de que el devenir, es decir, la existencia, es ordenada…hay orden por lo tanto…y nunca desorden. Pues bien…el desorden, como la nada…es solo una pseudocategoria de lo imposible…y hablar de desorden puro o absoluto es, pues, un contrasentido, una paradoja…lo unico que resta es tratar de hablar desordenadamente…pero esto también es imposible. La seguidilla aslfkjsqpoirflkjaroiqurp<fjkelñqr tiene un orden…la última q antes que la ultima r, la primera q antes que la primera p. Y es un orden, además, inscrito definitivamente en la linealidad de este discurso que también tiene un orden en el que el orden de esa seguidilla esta incluido y contextualizado. Pero si no hay desorden alguno y no vale la pena hablar de ello…¿qué es, entonces, el orden? Esta pregunta no tiene ningun sentido pues si hemos dicho que el "orden" en cuanto pensado, en cuanto nocionalizado categorialmente, es un concepto categorial…cabe suponer, por el contrario…que la pregunta misma que pregunta por el orden…ya implica un orden que la envuelve y la determina…el orden que exige la pregunta…primero la pregunta, luego la respuesta…y por lo tanto la pregunta que pregunta por el orden se deshace en la preconcepcion del orden mismo del preguntar. Asi pues, no preguntemos que es el orden, no intentemos definirlo…pensémoslo al único nivel que podemos pensarlo…el nivel de la noción irreductible a definición. ¿Hay orden? Si. Hay orden universal y minucioso. Y si del orden universal depende el orden mental…si de lo lógico cósmico depende lo lógico intelectual…¿como damos cuenta de ello? Pues…consideremos esto…Que un dia nos levantemos somnolientos de nuestra cama y encontremos el rostro de otra persona cuando nos miremos en el espejo…esto sería la RUPTURA, es decir, una quizás microscópica fisura en el orden universal o un gran fisura en nuestra mente. ¿Donde diremos que está la fisura? No diremos jamás que la fisura está en el orden universal…este orden diremos, es inquebrantable, es inexorable, es definitivo y eterno…mientras que el orden mental…ese si puede fisurarse, porque es un orden secundario y dependiente que puede dar lugar a relativos desórdenes que implican, en realidad, nuevas ordenaciones mentales. Si encontramos otro rostro al mirarnos en el espejo…el rostro de otra persona…no habrá milagro sino una incipiente modificación de nuestro orden mental…y si decimos que el orden esperado es el orden…ese otro orden sera un orden alternativo y alterado…pero siempre confiando en que la locura es solo mental y que el universo jamás se volverá loco. ¿Podría siquiera un electrón no comportarse como un electrón? Pues no, jamás. Y esto es lo que espera el filósofo, y esto es lo que espera el científico…que no solo haya un logos mudable y psíquico…sino que haya un Logos.

Imperios Paralelos

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El pasaje de la República al Imperio Romano no ocurrió por la mera incidencia de ciertas personalidades sino porque las actividades bélicas se volvieron tan extensas y onerosas y la ambición tan grande que hubo de crearse un ejército profesional al cual habrían de pagarle las arcas del estado y el cual fue quedando en manos de altivos jefes militares. En efecto, debido a esta cirscunstancia, el Senado romano, para retener algo de su antiguo poder ciudadano hubo de implementar un sistema de reparto entre estos ambiciosos personajes pero ello no obstó a que pronto todo el poder recayera sobre uno al cual el Senado mismo por temerosa concesión, poco a poco había otorgado cada vez más atribuciones. Él era Julio César, que pronunciando la legendaria frase “Alea jacta est” cruzó el Rubicón, retó la poca autoridad que le restaba aún al Senado y entró en Roma para al poco tiempo hacerse nombrar dictador perpetuo. En un último intento desesperado, llegados los idus de marzo, se complotaron muchos contra César y lo asesinaron a puñaladas pero eso ya no pudo impedir el excesivo poder militar que no dejaba de existir por ello y volvió a recaer en manos de un jefe único, el cual llegó a ser por fin el primer emperador: Octavio.

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Estados Unidos fue durante mucho tiempo ideal de república democrática para otras naciones y haciendo acopio de la sangre de millones de inmigrantes dio a luz un auge civilizatorio que se condensó plenamente tras la guerra de Secesión no sin la mácula constante del racismo más hostil y degradante que aún pervive y desvive a afroamericanos e hispanos en aquellas tierras. En andas de su crecimiento interior los Estados Unidos se proyectaron con bríos hacia el exterior, primero viendo a la América Latina como su patio trasero y extendiendo luego sus fauces mucho más allá, incluyendo varios territorios del decadente colonialismo español y luego, impulsados por el quiebre de las guerras mundiales y en consonancia con las viejas potencias europeas, lanzó sus garras sobre el resto del orbe de muchas e insidiosas maneras pero sobre todo por medio de intervenciones militares y con el pretexto fértil de combatir en todas partes al fantasma del comunismo. ¿Cuál fue la consecuencia de este “avance”? Que el Senado estadounidense poco a poco fue perdiendo poder decisor frente al poder concentrado en el complejo militar industrial cuyo auge corrió paralelo al ascenso global de la hegemonía norteamericana. Las arcas del estado se volcaron cada vez más desaforadamente hacia la gula infinita del pentagonismo y como ya no corren tiempos de emperadores el corporativismo de la industria del armamento, los think thank geopolíticos, los servicios de inteligencia, las instituciones militares, las empresas e instituciones científicas mercenarias, comenzaron a actuar y siguen actuando en aquella nación como un oculto poder indiscutible del cual el Presidente y el Senado son cada vez más títeres sin cabeza y autores payasescos de una pseudorrepública seudodemocrática.

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Como el poder militar exagerado no es más que una gangrena desde el punto de vista económico que solo sabe apelar a mayores contribuciones y más descaradas desde las arcas del Estado, los emperadores romanos hubieron de preocuparse una y otra vez por satisfacer ansias recaudatorias reajustando los viejos sistemas impositivos y tratando de reavivar la vieja economía, mientras entretenian las miserias del pueblo con pan y circo. Pero, puesto que no se puede recaudar de gente pacífica que quiere holgazanear y vivir comodamente para sustentar continuas y exhaustivas guerras de contención fronteriza y de conservación de los territorios conquistados sin que a la larga se agoten los recursos, incluyendo los recursos humanos, y de este modo resulten vaciadas una y otra vez las arcas estatales, los emperadores terminaron enfrentando cada vez mayores exigencias con menos posibilidades llegando a ser títeres de los intereses militares e incluso militares coronados. Esto engendró la anarquía militar que dio lugar al poder desmedido del férreo Diocleciano, elevado al trono militarmente, ante el cual habia que arrodillarse y cuya autoridad quedó por encima de toda ley y asegurada con crecientes ejércitos…con lo cual el viejo sueño de Roma, finalmente, naufragó frente a la corrosión militar, iniciándose una larga y definitiva decadencia y desfiguración cultural medieval cuya prolongación se debió, basicamente, a la introducción de la táctica mental del catolicismo por parte de Constantino y a crueldades tales como meter plomo fundido en la garganta de los condenados.

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Con la llegada de George Bush padre a la presidencia de Estados Unidos y la planificación de la mediática guerra del golfo Pérsico se inicia en Estados Unidos una época de auge notorio del pentagonismo que tiene su clara exaltación en las invasiones de Irak y Afganistán. El resultado ha sido que las presiones del complejo militar-armamentístico sobre las estructuras gubernamentales se han vuelto irresistibles para títeres políticos como Bush hijo o el bailarín Obama y el presupuesto militar estadounidense no solo constituye la mitad del gasto militar mundial, muy por encima del gasto de cualquier otra nación del orbe, sino que consume como un cáncer horrendo la mayor parte de la economía de los estadounidenses. Ello significa que la gran preocupación futura en la que estarán sumidos de aquí en adelante, durante muchos años, las mentes gobernantes de los Estados Unidos, serán similar a la de los viejos emperadores romanos: ¿Cómo continuar indefinidamente con la guerra imperial? ¿Cómo solventarla con las arcas del estado? Y el resultado a largo plazo será posiblemente el mismo: la llegada de la anarquía militar al poder político, la desintegración de la máscara republicana en manos de un descarado autoritarismo militar-plutocrático, el hundimiento de la nación norteamericana en una edad de decadencia y degradación en todos los ámbitos de su existencia. Pero este imperio, como aquel otro, no se hundirá sin antes haber hecho lo posible para durar, para permanecer, para persistir aunque millones deban pagar con su vida, sus cuerpos, su sangre y sus mentes el vil precio de esa oscura duración. Si el futuro de la humanidad solo dependiera de la nación estadounidense entraríamos pronto en una nueva edad media, pero aunque son posibles los paralelismos no son de ningún modo posibles las repeticiones.

La anomalía humana

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Fernando Gutiérrez Almeira escribió:

Podemos imaginar el planeta sin la humanidad chupando su savia…e imaginamos entonces algo que crece, florece, reverdece en ciclos y evoluciones que van de un equilibrio a otro, de una sistematización a otra…sin que deje de existir una continuidad entre las distintas formas vivientes y las distintas etapas de la evolución…sin que los ciclos del agua, del oxigeno, del nitrógeno, del carbono, etc. se descoyunten o contradigan entre sí. Incluso las extinciones masivas de especies parecen, bajo este punto de vista, coyunturales y esperables instancias de renovación del acerbo genético de la biosfera.

Pero el ser humano surgió…y surgió como una aparente ANOMALÍA, es decir, como un fenómeno que rompe los equilibrios, los parámetros establecidos…que rompe con la sistematicidad y los ciclos, que pone en duda la continuidad evolutiva. El ser humano es, aparentemente, una ruptura en el flujo natural, un dique extraño, un accidente inesperado. Tenemos dos opciones ante esta circunstancia que nos constituye: tratar de comprender el universo más allá de teorizaciones que dejan fuera lo humano y ubicar al ser humano en él no ya como una anomalía sino como un suceso comprensible en la continuidad de su evolución…o tratar de comprendernos como tal anomalía…como una anomalía inesperada en un universo de comportamiento regular y predecible.

¿Somos, en verdad, una ANOMALÍA tal? Si lo somos entonces cabe pensar que nos hundiremos en la ruptura misma a través de la cual hemos emergido y el universo subsanará la desquiciada herida. Pero si no lo somos, si en efecto nuestra existencia se explica por la continuidad de la evolución y de los ciclos…entonces es necesario reinventar nuestra comprensión de la evolución y encontrar esos oscuros ciclos donde nuestra existencia se encuentra comprendida…

Jesús M. Landart respondió:

Interesante reflexión… cuyo final pudiera ser diferente del apuntado. Pudiera ser que el ser humano es una anomalía, y a pesar de eso ser un proceso sin marcha atrás.

Seguramente la aparición de la vida (que no es sino la aparición extraordinaria, seguramente anómala y casi milagrosa de objetos replicantes que tienden a mantener el orden en aparente violación de la segunda ley de la termodinámica) supuso también una enorme anomalía en el universo; y sin embargo es un proceso contagioso y permanente, con tendencia a abrirse camino en todo lugar en el que no sea estrictamente imposible. La historia de la vida en la tierra tiene ya una cronología de un orden comparable a la del planeta.
¿Y si la aparición de consciencia fuera una anomalía de este orden?

Yo tengo cierta tendencia a creer (aunque mis dudas son mayores que mis certezas en este aspecto) que el giro copernicano ha cumplido ya su necesaria misión, y debemos volver a poner las cosas en su justo sitio. A lo mejor, después de todo, ni somos un planeta tan corriente en un extremo anodino de la galaxia más mediocre, ni somos una especie más entre una docena de millones de especies.

Eso de que poseamos un lenguaje que no nos sirve directamente para la supervivencia de nuestros genes en la siguiente generación, sino que seamos nosotros los servidores del lenguaje (somos unos apasionados del lenguaje, como se demuestra en este foro, que nada tiene que ver con nuestra supervivencia ni la de nuestros descendientes), me parece tan extraordinario que, efectivamente no me parece descabellado plantear que somos una anomalía.

En todo caso, no veo la ilación entre en hecho de ser una anomalía, y la necesidad de que nos hundamos “en la ruptura misma a través de la cual hemos emergido y el universo subsanará la desquiciada herida”. En todo caso somos una anomalía dentro de otra: consciencia dentro de biología. Si la primera es tan infecciosa que no parece posible acabar con ella, a lo mejor la segunda…

Y Fernando Gutiérrez Almeira replicó:

Podemos entender al planeta Tierra y la vida que hay en él como un sistema que más allá de ciertas accidentalidades ha mantenido su equilibrio y sus ciclos durante miles de millones de años. Y si consideramos que una fuerte ruptura de ese equilibrio y esos ciclos puede ser llamada una ANOMALÍA y puesto que el ser humano ha roto ese equilibrio longevo y ha alterado esos ciclos…contaminando, usurpando ingentes cantidades de energía del medioambiente, despilfarrando, amenazando con la pesadilla atómica la vida entera, generando el calentamiento global, etc.,… podemos concluir como en un breve silogismo que el ser humano es una ANOMALÍA tal respecto del sistema terrestre.

Si dijéramos, en cambio, que la vida es una anomalía respecto del sistema del universo…aún habría que ver en qué sentido el universo es sistemático, si existen en efecto ciclos universales…y aún más en qué sentido la vida es una anomalía. Porque, como tú mismo lo sugieres, la vida no viola más que aparentemente las leyes físicas…e incluso, si nos adherimos a la teoría de los sistemas…la vida es un fenómeno enteramente acorde con las leyes físicas. Por otro lado soy más proclive, dada la abundante presencia de materia orgánica que ha sido descubierta en el gas interestelar, a pensar que la vida es un fenómeno frecuente en el universo que a pensarla como una rareza exótica o un fenómeno anómalo.

Si la vida fuera algo común en el universo, algo por entero frecuente, aún así cabe pensar que la conciencia reflexiva como la que caracteriza al ser humano no lo es de ningún modo…pues el ser humano no parece actuar como un ser viviente típico sino más bien en un buen grado de manera antinatural…con tendencia a chocar existencialmente con la vida misma, con tendencia a destruirla o ponerla en peligro, con tendencia a ir más allá de lo viviente para soñar existencias de ultratumba y paraísos artificiales. Eso podría querer decir que, en efecto, no siendo ni la vida ni la conciencia en general, una anomalía en el universo…el ser humano si lo es…y lo es hasta el punto de que existiendo amenaza las fuentes vitales de las cuales proviene.

¿Por qué podríamos pensar que de ser el ser humano una anomalía el podría extinguirse prontamente? Porque la tendencia general de la vida y del universo al equilibrio, al cierre de las rupturas, a la evolución calma y segura hacia terrenos de existencia firme puede llegar a imponerse tarde o temprano sobre el desvarío teratológico de lo humano…y quizás con la contribución misma de los excesos y dislates de la humanidad…concluir en la remisión de esta rara enfermedad para volver sobre los cauces antiguos de la evolución planetaria.

¿Afirmo tajante que el ser humano es una anomalía? Pues no, simplemente digo que PARECE serlo…y desde este parecer me planteo que si aceptamos que lo es…entonces la visión pesimista resultante nos conduce a esperar un futuro no abierto sino en la forma de un oscuro callejón sin salida…un cul de sac evolutivo y luego la extinción. Pero si el ser humano no es una anomalía…entonces será necesario cambiar nuestra concepción del universo y pensar que la evolución universal y las leyes físicas no solo no son incompatibles con la existencia humana o formas de conciencia reflexiva similares a la nuestra…sino que además contribuyen y apuntan a ellas.

Por eso he pensado que…

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