El accidente creativo

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Esta nota es el producto más o menos creativo de una observación accidental. Estando en un parque me entretuve mirando a unos niños jugando en un aparato giratorio que se impulsaba manualmente, uno de esos tiovivos en miniatura que los propios niños pueden mover mediante una manivela central. Mientras los contemplaba y cuando ya estaba por irme a uno de ellos se le cayó el gorro de manera accidental fuera del aparato y se le ocurrió levantarlo del suelo sin salir de él y sin detenerlo. Aquello le pareció divertido no solo a él sino a los otros niños, de modo que todos espontáneamente empezaron a lanzar sus gorros fuera del tiovivo y a tratar de atraparlos de vuelta con el aparato girando. No había peligro en lo que hacían así que solo me distraje un poco más con el espectáculo y finalmente me fui.
Sin embargo, la observación me dio que pensar. En efecto, los niños procedieron creativamente y lo hicieron a partir de un evento accidental inesperado que sirvió como inspirador para la invención de su juego casual. Enseguida comprendí con más claridad que aquel podía ser uno de los mecanismos propios de la actividad mental creativa: la observación de un evento fortuito y novedoso dando lugar a una explosión creativa que se alimenta de esa novedad hasta que la agota en sus posibilidades. Ese evento viene a ser una especie de detonador mental casual, en este caso involuntario pero dando lugar a la voluntad de crear a partir de él, una especie de creatividad accidental.
En el ámbito de la historia podemos recordar que esta asociación entre accidente y explosión creativa no ha sido ignorada por los relatos biográficos: el eureka de Arquímedes, la manzana de Newton, el sueño de Kelulé, etc. , sean o no eventos legendarios nos hacen ver la misma pauta psicológica, la de un evento accidental como inspirador del proceso creativo de la mente humana. Esto está relacionado a su vez con la tendencia de muchos artistas a romper reglas actitudinales, actuar irracionalmente o autoinducirse estados mentales más o menos alterados: con ello probablemente provocan eventos mentales fortuitos o situaciones inesperadas en su vida que les sirven de detonador para su creatividad.
Si se quisiera de algún modo sistematizar la producción creativa tal vez debería tenerse en cuenta está observación accidental que estoy haciendo usando como estrategia para la creatividad el factor de los eventos accidentales, que pueden aumentar en frecuencia cuando se dejan de lado los procedimientos y rutinas habituales. Dicho de otro modo, se debería pensar en la creatividad como una consecuencia más o menos esperable del sentido de aventura y exploración de situaciones y hechos no previstos ni previsibles. La actitud propia del aventurero está ligada, por este mecanismo, a la producción de la mente creadora, de modo que no alcanza ni el conocimiento profundo de los mecanismos conocidos de la realidad ni la excelencia intelectual para la producción de lo novedoso. Quizás éste sea el distintivo fundamental que separa al genio del resto del mundo intelectual: su capacidad para inspirarse en lo accidental y su sentido de la aventura, que lo acerca más a la mente de un niño que a la de un adulto erudito.

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