El punto sin retorno de la historia humana

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Sin duda es muy interesante la idea de un punto sin retorno. Un ejemplo fácil de tal concepto es el radio de alcance a partir del cual el combustible de un vehículo aéreo se ha consumido de tal manera que ya no puede volver al punto de partida con el combustible en reserva. Aplicado al ámbito histórico podría ejemplificarse tal vez con los acontecimientos previos a cualquier conflagración bélica, los cuales pueden acumular choques de intereses y contrariedades diplomáticas hasta cierto momento en el cual finalmente detona el conflicto y ya no hay posibilidad para la enmienda, la retractación o la negociación. En este caso quiero aplicar la idea de punto sin retorno a la totalidad de la historia humana. ¿Se puede sostener la existencia de un punto tal de nuestra historia a partir del cual la humanidad ya no pueda retroceder a condiciones históricas anteriores y necesariamente se vea enfrentada a la necesidad imperiosa de cambiar o sucumbir? Eso es, en realidad, lo que muchos suponemos y sentimos hoy acerca del futuro cercano al observar los acontecimientos que se han ido acumulando y los fenómenos globales que nos están afectando. Pero entiendo que no simplemente debemos pensar que se trata de una sensación o una suposición sobre un futuro poco visible. Por el contrario, afirmo que efectivamente la humanidad está llegando, y lo hará en el futuro próximo, a un punto sin retorno de su historia.

No estoy diciendo, sin embargo, que ese punto de no retorno histórico, que no considero sea el fin de nuestra historia como algún autor sugirió, sea una fecha o un año puntual…Quizás pueda delimitarse, a lo más al siglo presente y a quizás la primera mitad del siguiente, y eso significa que no se tratará de un acontecimiento que pueda ser observado o experimentado en un lapso corto de tiempo sino que se tratará más bien de un acontecimiento que abarcará varias generaciones incluidas las más próximas a nuestro tiempo. Pero que no se confunda mi afirmación con una especie de profecía porque como dije en el párrafo anterior, es algo que todos de alguna manera ya sentimos y suponemos acerca del porvenir más inmediato.

¿En qué consistirá este punto sin retorno? En primer lugar se deberá a dos vertientes de acontecimientos que están confluyendo claramente, por un lado el cambio climático y la toma de conciencia cada vez más clara por parte de los gobiernos de todas las naciones de que sin una negociación global clara sobre el tema este cambio climático simplemente terminará con el progreso al menos parcial que ha experimentado la humanidad en estos siglos de ciencia y tecnología llevándonos a condiciones de vida catastróficas, y por el otro lado la cada vez más fuerte tendencia al recambio de las bases energéticas de la vida humana, dejando atrás los combustibles fósiles que tienen existencia limitada y contribuyen al cambio climático y poniendo esas bases en las energías limpias y renovables. En la confluencia de estas dos tendencias las potencias económicas mundiales deberán hacer concesiones medioambientales y transferencias tecnológicas relacionadas con el abastecimiento energético cada vez más profundas al resto de las naciones y la independencia energética será alcanzada bajo las nuevas bases por muchas naciones que hoy se ven sometidas económicamente por carecer de ella. Esto equivale a decir que las tentaciones hegemónicas e imperialistas se verán terminantemente socavadas justamente en lo energético y económico, es decir, en sus mismas raíces. Las nuevas bases energéticas, además, como la energía eólica o la solar, se caracterizan por su deslocalización y universalidad con lo cual no solo fragmentarán la concentración económica global sino que fragmentarán incluso la concentración económica regional y local. Así pues, desde el punto de vista climático-energético, o la humanidad gira hacia una economía sustentada en nuevos pilares o sucumbe a la continuidad de un sistema económico basado en los combustibles fósiles que se ha vuelto catastróficamente inviable, Y esto, sin duda, somete a la humanidad a un dilema del que no habrá jamás de retornar. Se dirá, pese a esto, que el sistema político que defiende las hegemonías y aboga por las potencias económicas y sus corporaciones logrará enlentecer el cambio de las bases energéticas e incluso impedirlo de alguna manera, pero al decir esto no se estará comprendiendo que si la humanidad se ve de hecho expuesta a acontecimientos climáticos cada vez más catastróficos, las voces se alzarán por todas partes con cada vez más claridad y furia contra ese sistema político que o bien aceptará la fuerza de los hechos o se autodestruirá negándolos, abriendo quizás un período de autoritarismo sin precedentes como su último estertor pero sin que esto impida su disolución.

Otro acontecimiento que también tendrá lugar en este siglo o en los comienzos del siguiente es la llegada a su clímax de la populación humana del planeta. Ya hoy los miles de millones de seres humanos que poblamos la Tierra constituimos un peso, una carga sin precedentes, sobre su clima, sus ecosistemas, sus espacios, sus paisajes, todos sus equilibrios puestos a prueba. En el futuro próximo quizás sigamos reproduciéndonos sin medida ni control pero no tardará más de unas décadas para que finalmente todos tengamos plena conciencia de que el avance demográfico tendrá que detenerse o finalmente nuestra carga sobre el planeta será tal que este no podrá ya sostenernos adecuadamente y entraremos en un período de agudas problemáticas demográficas. Estas problemáticas ya existen en realidad en muchas regiones pero seguramente su estallido alcanzará a todos a través de migraciones descontroladas que quizás por un tiempo podrán ser atajadas por las barreras más o menos artificiosas que incorporen los gobiernos de los países privilegiados, pero que difícilmente no terminen minando las fronteras políticas y sociales para poner sobre el tapete de todas las naciones la necesidad de resolver el problema. Y cuando finalmente el problema tenga que ser atendido se tendrán que crear políticas demográficas realmente sustentables que o bien cambiarán la conducta humana con respecto a la vida reproductiva, la crianza de los niños, la educación de los padres, el respeto de los géneros y de los pueblos, o bien nos hundirán en conflictos profundamente dañinos de los cuales nadie estará a salvo. Y en esto tenemos de nuevo una decisión a tomar de la que no se podrá ya retornar, pues o bien se permite que el crecimiento demográfico continúe ilimitadamente llevándonos al caos o bien se toma control de la situación y se establecen políticas educativas, reproductivas, etc. que no solo pongan coto a dicho crecimiento sino que también para lograrlo den una nueva calidad de vida a todas las personas en el planeta que a partir de allí, sin distinción de género ni etnia, pasarán a formar parte de una comunidad global con reglas globales de convivencia.

Las más grandes fuerzas contrarias a la posibilidad de que se de tamaño giro en la historia humana y que incluso para su subsistencia contribuirán en primer lugar a la perspectiva de la catástrofe son el militarismo y el fanatismo religioso. La mentalidad militar y el militarismo son un veneno que sigue encenagando el deseo de paz de los pueblos, que sigue convirtiendo la sangre de millones de personas en lucro y armas. Atrás de cualquiera de las guerras en curso, sobre todo las que afectan a la nación árabe desde África hasta Asia están los intereses de las corporaciones del armamento y las ambiciones desenfrenadas y destructivas de la maquinaria militar cuya existencia solo se justifica por la continuidad del derramamiento de sangre y la destrucción de vidas humanas. Hoy más que nunca la humanidad está interrelacionada y comunicada y es capaz de llevar adelante el proyecto de una paz definitiva pero hoy también el militarismo se aferra con sus garras a la existencia y no quiere sucumbir a los nuevos tiempos sin dar sus últimos zarpazos sobre la vida humana. El militarismo es este veneno inmundo que sigue medrando contra el progreso humano y el fanatismo religioso no le va en saga, representado en esta hora por el islamismo radical, que como tantos islamitas afirman no puede de ningún modo representar a la idiosincrasia de la gran nación árabe sino solo a su deformación y su caída en el crimen de la destrucción humana. Tenemos que lamentarnos por el sufrimiento de la nación árabe que en esta hora es presa de estos dos leviatanes encarnizados que se ensañan con su cultura, con su historia y con su futuro. Pero el hecho de que el militarismo y el fanatismo religioso hayan detonado esta veta de dolor no debería quitarnos la perspectiva clara de que finalmente tanto el uno como el otro encontrarán sus discursos agotados y con ello sus pretextos para arriar a los pueblos hacia nuevas guerras. Podemos estar seguros de que tanto la nación árabe como los pueblos de Asia y de África aprenderán finalmente la lección y no se dejarán usar ya nunca más como carne de cañón. Cuando ese momento de la historia llegue el discurso de la paz habrá hecho callar al discurso de la guerra y el fanatismo y la intolerancia habrán dado paso a la tolerancia y el respeto entre los pueblos. En esto quizás pongo más esperanza que certezas pero es lo mínimo que puedo esperarse de la inteligencia de los pueblos asiáticos y africanos y eso, afirmo, es lo que finalmente ocurrirá incluso en este mismo siglo.

A todo ello se sumará la ingente variedad de los adelantos científicos y tecnológicos, que han ampliado y seguirán ampliando para todas las personas la posibilidad del tiempo de ocio, el disfrute de la existencia y la revalorización de la vida. Es cierto que hoy esos adelantos científicos y tecnológicos están siendo utilizados en buena parte para la destrucción a través del armamentismo o para la dominación a través de la propaganda y el uso corporativo de los bienes terrestres, o para que nos distraigamos de los verdaderos problemas, pero también es cierto que su potencial de bienestar no se ve desgastado por ello y una humanidad más unida y más conciente bajo nuevas reglas de convivencia podrá explotar ese potencial de bienestar para generar una nueva era que quizás sea prodigiosa en dar calidad de vida y alegría a cada nuevo recién nacido que venga a este nuestro querido planeta Tierra por cuyos equilibrios y paisajes tendremos que aprender a velar. Así pues, o nos arrastra el curso de la historia hacia la oscuridad y el empantanamiento o bien nos erguimos sobre la actual situación histórica para construir una nueva historia cuyo rumbo y destino quedará abierto y lleno de optimismo. Esas son las opciones y enfrentados a ella el acto de elegir tendrá que cumplirse y no habrá manera de retroceder o volver atrás una vez que la elección haya sido hecha. Será, y no habrá manera de que no lo sea, nuestro punto sin retorno.

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