¡No al capitalismo!¡Viva el libre mercado!

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“Lo que se llama capitalismo es básicamente un sistema de mercantilismo corporativo, con inmensas y en gran parte inauditas tiranías privadas ejerciendo un vasto control sobre la economía, los sistemas políticos, y la vida social y cultural, operando en cerrada cooperación con estados poderosos que intervienen masivamente en la economía domestica y en la sociedad internacional.” Noam Chomsky,extracto de una entrevista hecha para Red and Black Revolution, número 2. Mayo de 1995 por Kevin Doyle.

En el típico discurso de defensa del capitalismo como ideología se ponen en práctica ilusiones que no solo falsean la defensa sino que también falsean las respuestas de los interlocutores. Esas ilusiones son tales que podemos decir, casi con certeza, que el capitalismo es lo contrario de lo que se anuncia de él. Y lo pésimo de esas ilusiones es que quienes rechazan los procesos y resultados capitalistas se creen en la obligación de rechazar aquello que se hace pasar fantasmáticamente como discurso pro capitalista cuando en realidad es justamente la negación del mismo.

El primer gran error que se comete al hablar del capitalismo es casi inevitablemente afirmar que se trata de una ideología. En discusiones con una diversidad de interlocutores yo siempre trataba de hacer ver esto: el capitalismo es una fase en el desarrollo de la historia económica humana y no debe confundirse con los discursos ideológicos que han surgido para su defensa o para la defensa de los intereses que se benefician de ese desarrollo. Cuando se piensa en el capitalismo como una ideología no se ve que se trata en realidad de un hecho histórico, de una realidad concreta, y se comete el más grande de los autoengaños pretendiendo poner en entredicho de manera teórica un hecho. Como tal hecho el capitalismo debe ser primero constatado y estudiado y luego, a lo más, contrastado con lo que se teoriza sobre él.

Una vez que hemos asumido que el capitalismo es un hecho histórico veamos que es lo que se dice falsamente de él. Lo que se suele decir antes que nada de manera crítica de él es que el capitalismo es el triunfo del individualismo, del egocentrismo más profundo, de la imposición del interés privado sobre el interés público. Pero esta crítica no es más que una reinterpretación pesimista y negativa de la interpretación de quienes lo defienden sosteniendo que el capitalismo es el triunfo de la libertad individual y de la iniciativa propia. En realidad no hay tal triunfo del individualismo en el capitalismo ni para bien ni para mal, ni a favor de las libertades individuales ni favoreciendo el interés privado. Las grandes acumulaciones de capital que han dado lugar al capitalismo, la imposición del esquema del capital como fundamento de la economía no fue posible ni es posible sin la intervención de fuertes estados nacionales e incluso de grandes aparatajes globales de control económico. Los estados nacionales han servido desde el principio como mecanismos para saquear a grandes poblaciones incluyendo a la propias naciones a las que supuestamente representan, y el producto de esos saqueos ha sido transferido a los grandes capitalistas. Además ellos son los que garantizan el orden legal que permite que un bien común como lo son las invenciones tecnológicas y científicas, permanezcan en pocas manos, en escasísimas manos, lejos de cualquier competencia, libertad de uso o libre curso de la información; y para colmo el capital altamente concentrado que de este modo los estados nacionales contribuyen a fomentar es lo que permite a su vez el capitalismo financiero que se impone a toda la economía real de nuevo con la connivencia de los estados. No, de ningún modo triunfa en el capitalismo el individualismo o el interés privado…lo que triunfa es el interés publico cooptado a favor de una minoría altamente plutocrática que usa los mecanismos del estado y la legalidad existente como una herramienta de saqueo local y global, sin desperdiciar para ello ni siquiera el despliegue destructor de las fuerzas militares. Es por eso que la clase política está fundamentalmente dedicada a enmascarar esta complementariedad entre el estado y las minorías privilegiadas que hacen uso del mismo para su beneficio interminable, presentándose a si mismas, irónica y cruelmente, como representantes de las mayorías a cuyo saqueo contribuyen o como líderes para su engrandecimiento internacional cuando lo que procuran es usarlas como carne de cañón en guerras que tendrán como únicas beneficiarias a aquellas minorías para la cual los estados no pueden ser más que titeres de sus intereses. Por supuesto que esas mayorías no se han quedado calladas ni quietas y han comprendido que quizás el estado podria ser también un vehículo para sus propios intereses y han competido con las minorias privilegiadas y plutocráticas para que sus intereses también se vieran reflejados en las decisiones estatales, y en ese sentido todo el proceso de las revoluciones marxistas no ha sido más que una remodelación del capitalismo desde la pura connivencia del estado con la plutocracia a una supuesta connivencia del estado con las mayorías, la cual ha concluido al fin y al cabo en el surgimiento de nuevas minorías plutocráticas beneficiadas por esa supuesta nueva modalidad del estado. El único quiebre interesante que ha tenido el capitalismo en su forma más pura es el hecho de que los estados hayan tomado parte en los servicios públicos de salud y educación, que se hayan convertido pese a todo, en vehiculos de redistribución impositiva de la riqueza, lo cual es de todos modos solo un alivio que enmascara la situación fundamental. En fin, que la iniciativa individual en el capitalismo está aplastada desde el principio por iniciativas que corresponden a una combinación del poder público con el interés de minorías que lo controlan por una gran variedad de mecanismos que nada tienen que ver con la libertad individual y que necesariamente solo existen en la medida en que la libertad individual está coartada.

Otra cosa que se suele decir del capitalismo es que el se basa en la competencia, vista como algo pésimo y rechazable por los detractores del capitalismo y vista como fuente de creación y crecimiento económico por quienes lo defienden. En realidad los grandes capitales que son la base del mundo capitalista no han surgido jamás de la libre competencia ni tienen nada que ver con ella. Ellos han surgido fundamentalmente del saqueo disimulado o brutal, de la exacción descarada que no ha dejado de incluir grandes matanzas de seres humanos o la practica de una neoesclavitud alimentada ideológicamente con ilusiones racistas o las cadenas de la pobreza extrema. Para el logro de estas rapiñas de carácter local pero sobre todo global las minorias plutocráticas han usado las fuerzas militares, los mecanismos financieros y cualquier otra herramienta que los estados nacionales pudieran ofrecerles. Si a esto se le pudiera decir competencia en todo caso sería la más desleal de las competencias al punto de que los soldados que han muerto por millones en las batallas por la riqueza ajena son la clara muestra de ello. Y donde ha existido competencia no ha sido más que entre los propios estados nacionales que continuamente llevan la masacre o el expolio a todas las latitudes para que las zonas alcanzadas por sus ejércitos y corporaciones sirvan a los intereses de las plutocracias de las cuales son el instrumento. Es decir, que la única competencia real ha sido entre unas y otras plutocracias, entre unas y otras de las minorías que en sucesión continua, van tomando las riendas de los estados. ¿Qué clase de competencia, leal o desleal, podría existir entre aquellos que ven atadas sus iniciativas por toda clase de trabas estatales mientras que ese mismo estado beneficia con toda clase de alivios y privilegios a un sector de la población que tiene cooptada para sus intereses a la clase política?

La conclusión casi paradójica de esta disquisición que me he propuesto compartir es que aquellos que atacan el individualismo y la competencia son, para su propia sorpresa, los que defienden de algún modo las hegemonías plutocráticas para las cuales la libre competencia y la iniciativa individual son un anatema al que combaten desde siempre mediante la omnipotencia estatal. A su vez el movimiento marxista se muestra aquí como un movimiento que en lugar de tratar de debilitar los mecanismos estatales los reforzó de una manera extrema y terminó propiciando inevitablemente el capitalismo contra el cual pretendía enfrentarse. Y en fin, aquellos que defienden el libre mercado están expresándose, sin tener la intención de hacerlo, contra el mismísimo capitalismo que dicen defender. Quienes defienden el libre mercado no pueden más que estar en contra de los abusos del poder estatal, del uso del poder estatal para privilegiar a algunos en contra de la libre competencia, necesariamente son opositores a los monopolios financieros, de capital y científico-tecnológicos que son la base del capitalismo, que son la base de este fenómeno histórico que todos padecemos pero del cual todos formamos parte. En fin, que la mejor forma de ofender y atacar al capitalismo es defender el libre mercado, la libre competencia, el poder de la iniciativa individual, exigir un estado que no beneficie a las plutocracias, rechazar todos los monopolios, proponer la libertad en el consumo y en la producción sin restricciones ni de patentes ni de propiedad intelectual que no son en su forma actual más que disfraces del monopolio.

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3 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. FG
    Dic 31, 2015 @ 03:47:03

    Estoy tratando de despejar una confusión pero sé muy bien que el resultado es que quienes se han comprometido con las resultancias de esa confusión digan justamente que yo confundo o que yo mezclo o que yo estoy pronunciando alguna clase de galimatías incomprensible. Pero ni siquiera se puede decir que esta confusión es anterior al capitalismo sino que nace justamente con él promovida por los intelectuales que enmascararon sabiamente su naturaleza. Así por ejemplo, la Companía de las Indias Orientales, el más afamado agente de expoliación inglesa, GOBERNÓ la India durante casi un siglo y fue para los grandes pensadores ideológicos del liberalismo y del libre mercadismo el sumum al que debia aspirarse mientras que en realidad representó en los hechos la más monstruosa fusión del poder estatal y de la plutocracia monopolista…

    Cito de la obra de un historiador:
    “La India permaneció bajo el gobierno de la East India Company hasta 1857, o sea un siglo. Evidentemente esto fue el sueño dorado del liberalismo: todo un subcontinente bajo el gobierno de una empresa privada que, como tal, buscaba fundamentalmente la mayor rentabilidad posible a su capital. Para completar, algunos grandes teóricos del liberalismo económico, tales como los Mill padre e hijo y el nunca bien ponderado Jeremy Bentham, estuvieron al servicio de la Compañía y fueron artífices de su política de gobierno.”

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  2. FG
    Dic 31, 2015 @ 04:35:10

    Lo que rescato es que el discurso en defensa del libre mercado, es decir, del libre flujo de las mercancias, sin restricción alguna, y tambien de las personas, sin frontera alguna…eso es defendible y además una reivindicación válida frente a la situacion actual. Defendamos el sueño del libre mercado, me digo, porque eso justamente es rechazar la actual situación….solo hay que fijarse como el capitalismo ha derivado en monopolios planetarios que absorben casi todas las finanzas, materias primas, bienes y servicios existentes para darse cuenta de que la defensa del libre intercambio es una idea subversiva.

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  3. FG
    Dic 31, 2015 @ 04:50:47

    Con respecto al dinero…bueno…el dinero es hoy un mecanismo de monopolización estatal de la economía…es decir, otra forma de la concentración monopólica del poder económico. Jamás se puede hablar de libre mercado cuando unos pocos tienen derecho a emitir el dinero y los demás solo a cursarlo. Es decir que si quiero llevar la idea de libre mercado hasta el final tengo que pensar que el dinero es incompatible con ella.

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