El ser humano es un ser tecno-viviente.

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Somos seres tecno-simbólicos y ello significa que nuestra mente, a diferencia de la mente animal o de otros seres menos evolucionados es capaz de proyectarse en lo extramental creando un mapeo artificial exteriorizado con el cual interactúa de manera reflexiva. De otro modo: excretamos sucesos mentales de manera técnica, generamos una ecúmene, una tecnosfera, en la que nuestras mentes repercuten retroactivamente de tal manera que la red mental humana se ve complementada por una red técnica maquinal-instrumental. Esto quiere decir que nuestros procesos mentales no son meramente internos sino proyectivos-interactivos, no pudiendo subsistir nuestras reflexiones sin esa proyectividad intersubjetiva y objetual que constituye un bucle intra-extrospectivo. Para ejemplificar: una bicicleta no es un mero objeto extramental sino una excrecencia proyectiva de nuestra mente incrustada en procesos extramentales. Nosotros proyectamos bicicletas para luego interactuar con ellas, con lo cual retroactuamos sobre nuestra propia mente reflejándonos extramentalmente…las bicicletas no son meras producciones mentales que una vez construidas se independizan de la interioridad mental…las bicicletas son prolongaciones de nuestro proceso mental y extensiones de la corporeidad reactiva de tal proceso. No son solo nuestra obra sino parte de nuestra constitución una vez constituidas y asimiladas como instrumentos…Volviendo a hablar en términos más generales: no podemos vivir sin nuestros artificios porque ellos son parte de nuestra existencia mental y corpórea…somos seres biológicos a la base pero artificiales en su núcleo de integridad, somos tecno-vida y no simplemente vida. ¿A que viene todo esto? A que si quisiéramos llegar a entender nuestra propia mente se abre ante nosotros por nuestra propia naturaleza simbólica la posibilidad de lograr este entendimiento proyectando nuestro proceso mental tan vastamente como sea posible en extroversiones técnicas, para ser más especifico, en entidades técnicas informáticas a imagen y semejanza de nuestra mente, en inteligencia artificial. Si…lo que afirmo es que para lograr un entendimiento creciente de nuestra propia mente es necesario avanzar en la forja de la inteligencia artificial. El rédito de este esfuerzo es inimaginable pero hay algo que sí podemos suponer: que sabremos mucho más de nosotros mismos cuando nuestras creaciones sean un espejo lo suficientemente sofisticado de nuestra propia conciencia. Logrado esto cabe la posibilidad de que a partir del entendimiento de nuestra estructura mental podamos entender a su vez el universo más allá de una supuesta objetividad externa y estática que aparentemente nuestra mente solo mapea y usa como material de sus producciones. Hay que aclarar, por supuesto, que esta perspectiva implica una modificación muy importante del enfoque filosófico y científico y una toma de conciencia rotunda de nuestra naturaleza tecnoviviente.

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